JORGE FRANCISCO ISIDORO LUIS BORGES (1899 – 1986)

PRESENTACIÓN

Hace tiempo que he querido ofrecer a los lectores del Blog un texto sobre la “teología” de Borges, tema que ha recibido poca o ninguna atención de quienes estudian su literatura. Al fin decidí presentar antes un texto sobre el escritor mismo; espero que esto sirva de introducción al tema religioso que será abordado posteriormente.

 

JORGE FRANCISCO ISIDORO LUIS

BORGES (1899 – 1986)

Han pasado más de treinta años desde su muerte y aún no se ha dicho todo sobre Borges. Justamente esa es una de las características del libro clásico, según Ítalo Calvino: “un clásico es un libro que nunca acaba de decir lo que tiene que decir” (In: Por qué leer los Clásicos – intr.). Acaba de ser publicado aquí en Brasil, Jorge Schwarz (org.), Companhia das Letras, S. Paulo, un nuevo libro sobre el escritor argentino: BORGES BABILÔNICO – uma enciclopédia”. Se puede decir que el fenómeno Borges es único en la actualidad; ciertamente único en América Latina.

Siendo así, ¿qué les podré ofrecer a los lectores del Blog sobre el escritor y su obra que no hayan ya leído, que no haya sido publicado? Hay algo, sí. El campo en que espero decir algo nuevo, o al menos de forma novedosa es el de las ideas religiosas o teológicas que aparecen con cierta frecuencia en los escritos borgianos. A veces son el tema del escrito, a veces aparecen en forma parentética, como algo de poca o ninguna importancia. Uno de los “borgiólogos” más destacados, Emir Rodríguez Monegal, menciona los problemas teológicos que su biografiado aborda en diversos textos, pero se limita a decir que “la metafísica de Borges descansa en la negativa a todo socorro sobrenatural” (Borges por él mismo, p. 49). En otro pasaje Rodríguez M. aplica a su biografiado una definición de “teólogo” que el mismo Borges elabora: “todo hombre culto es un teólogo, y para serlo no es indispensable la fe” (Ibid., p. 50). Luego, Borges no habría pasado de un teólogo lato sensu. Era de esperarse que la enciclopedia “Borges Babilônico” dedicara entre sus más de mil entradas, por lo menos una al pensamiento teológico o religioso del escritor. Los que nos interesamos por el tema, nos hemos quedado esperando.

El tema “Borges y la religión, Borges y la teología”, o “Borges teólogo laico” será abordado en un segundo escrito. Ahora me propongo hablar de Borges como persona, de su singularidad como escritor ¿latinoamericano? ¿cosmopolita?… Un detalle que interesará a sus lectores y admiradores: ¿por qué no se le otorgó el Premio Nobel de literatura? En caso de que hayan influido factores extra-literarios, ¿es eso legítimo? Quizá el recorrido biográfico que se realice conduzca a alguna crítica del escritor. En principio eso indica que se le considera como ser humano – errare humanum est – con otras palabras: canonizar, sí – nadie negaría a Borges el título de autor canónico; pero divinizar, no.

Borges, ¿escritor latinoamericano?

El escritor se siente, se dice argentino, pero no “latinoamericano”. Para empezar, rechaza la misma palabra: “Latinoamérica es una superstición, y la literatura latinoamericana otra superstición. ¿Cómo va a existir literatura latinoamericana si Latinoamérica no existe?” (Storni, C. 1986: 131). ¿Qué diría el argentino de las naciones europeas, africanas o asiáticas, y de los respectivos continentes? ¿Los declararía también inexistentes? Los escritores de esta, que continuaremos llamando “América Latina” y que los españoles gustan más de llamar “Hispanoamérica”, contemporáneos de Borges se caracterizaron por introducir en sus obras elementos propios de “Esta América” que aún tenía mucho que revelar. Surgió así “el realismo mágico latinoamericano. Los principales representantes de esta tendencia son Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias. Refiriéndose concretamente a Haití, Carpentier decía encontrar a cada paso “lo real maravilloso”, que no era privilegio solo de Haití, sino de toda América Latina. Según J. Franco (1997: 301) lo real maravilloso es más bien una convicción de un número de escritores de que la realidad latinoamericana es muy distinta de la europea. Al urbanismo y a los movimientos obreros de allá corresponde el ruralismo y el caciquismo de los latifundistas de aquí.

Ante la explotación de los campesinos y abusos de las compañías extranjeras con la complicidad de los gobiernos nacionales, el escritor, o se refugiaba en su torre de marfil, o se adhería a las clases explotadas. O el arte por el arte o la literatura comprometida. La historia de la literatura latinoamericana incluye escritores tanto de una como de la otra tendencia. A los que se sentían inspirados para hacer de la pluma un instrumento de ataque en pro de las víctimas de las dictaduras o pseudo-democracias del Continente durante la segunda mitad del s. XX, Monterroso les advertía que debían estar preparados para una de estas tres posibilidades: “el destierro, el encierro o el entierro” (1972: 149). El escritor guatemalteco se considera afortunado por haber sufrido la primera y no una de las otras dos posibilidades. Myrna Mack, guatemalteca como él, no tuvo la misma suerte. Cuando un antropólogo estadunidense se quejaba de que en su tierra las universidades presionaban a los profesores, aplicando el si no publicas, pereces (public or perish), alguien del público le informó: “aquí ocurre lo contrario: pereces si publicas”. Myrna Mack investigó las masacres hechas por los militares en la sierra, entrevistó los sobrevivientes y publicó los resultados. Consecuencia: la mataron a puñaladas por orden del gobierno (Galeano 2012: 138).

En cambio, los que se mantienen “neutrales” u obsequiosos con las autoridades, serán compensados generosamente. Tampoco faltaron los que, después de militar en el bando de los contestadores, pasaron al de la Junta o Dictador en turno, haciéndose acreedores a los “galardones” correspondientes.

¿Cuál es la opinión de Borges con respecto a los problemas socio-económicos de su tiempo? ¿Cuál es su actitud? Como era de esperarse, sufrió severas críticas de algunos escritores jóvenes de su tiempo, escritores a quienes Rodríguez M. llama “parricidas” (Narradores de esta América, vol. I, p. 189). Rodríguez M. se concentra en los escritos de Borges, por consiguiente, tiene sólo elogios para el escritor. Dedica a los mismos un espacio considerable de su obra “Narradores de esta América”. Analiza por separado la poesía, el ensayo y la narración, terminando con “El hombre” y “Una literatura”. Naturalmente, no se puede esperar de este “inventor de Borges”, como lo llama el Prof. Walter C. Costa, una crítica de la vida extra-literaria del escritor. Critica, eso sí, a los latinoamericanos y europeos que no comprendieron a Borges. Aquí Rodríguez M. se explaya sobre la producción literaria de su biografiado. Él, junto con Alfonso Reyes, Andrés Bello, Gabriela Mistral, etc., “toma en sus manos el idioma castellano y lo convierte en un instrumento de aterradora eficacia” (o. c., pág. 190).

El panegirista de Borges prosigue, enumerando a los principales autores jóvenes de Latinoamérica y sus obras. Entre ellos están García Márquez y su “Cien años de soledad”, Carlos Fuentes y “La región más transparente”, etc. Y concluye: “Si hubiera que encontrar un común denominador lingüístico a todas estas novelas de tan distinto origen geográfico y estilístico, ese común denominador sería Borges” R. Monegal, o. c., p. 191). ¿Exageración? ¿Invención de un devoto panegirista que pasa de la exaltación a la quasi-divinización? De ningún modo. El mismo García Márquez, paradójicamente, lo confirma: “aprendí a escribir en las obras de Borges, que no me gustan nada” (Palomo 2007: 19). Algo semejante, en forma más directa, afirma Monterroso: “me gustaría pensar que todo lo que he escrito es en homenaje a Borges” (Id, Ibid.).

Premio Nobel, galardón rehusado

Teóricamente ética y estética son disciplinas independientes y como tales pueden abordarse en su estudio. Pero en la práctica son, deben formar un binomio inseparable. Durante mucho tiempo yo me abstuve de leer a Borges debido a su actitud e ideas extremamente conservadoras, avaladas por declaraciones en pro de las dictaduras, principalmente argentina y chilena.

Hay que reconocer, sin embargo, que Borges no fue uno de los que van “a donde el sol más calienta”, a quienes se suele aplicar el término “chaqueteros”. Entre éstos se puede incluir al ahora español, antes peruano Vargas Llosa. Me limito a mencionar un hecho concreto. En su pasado de contestador este escritor participaba en un encuentro promovido por la revista Vuelta, en que participaban escritores latinoamericanos, con Octavio Paz como anfitrión. Es el año 1990, con Carlos Salinas de Gortari como presidente. Cuando le tocó a Vargas Llosa hablar y el contexto lo propició, llamó al sistema político mexicano “la dictadura perfecta”; y explicó detalladamente. Resultado: fue declarado persona non grata e invitado a retirarse del evento y de México. Pues bien, el Vargas Llosa de ahora visita México, gobernado propiamente sin interrupción por la misma “dictadura perfecta” y visita al presidente Peña Nieto. Como el gobierno de México continúa como antes, o aun peor, quien cambió fue el escritor. Eso sí que es tener memoria corta.

A Borges se le pueden achacar otros defectos, pero no el de “chaquetero”. Fue conservador; se puede incluso decir que era de extrema derecha. En primer lugar, detestaba a Perón. Sin embargo, sobre la dictadura declaraba: “Una dictadura no me parece censurable. A simple vista parece que coartar la libertad está mal, pero la libertad se presta a abusos” (Stortini 1986: 63). En consecuencia, veía la democracia como “abuso de la estadística”. Explica: “a menudo otorga el poder a quien no lo merece”. Y concluye irónicamente: “las elecciones deben ser postergadas 300 o 400 años” (Ibid., p. 57).

Sus ideas políticas y sus declaraciones sin pelos en la lengua le granjearon muchas antipatías, en Argentina y en el extranjero. En la universidad de Columbia los estudiantes llegaron a ofenderlo; y él parece haber perdido los estribos (Pascual A. M. 2000: 51). En su visita a Chile en 1976 hizo que muchos de sus admiradores “pasaran del encanto al desencanto cuando lo vieron estrechar la mano de Pinochet” (Teitelboim: 2003: 216). Los homenajes al escritor tuvieron lugar del 15 al 22 de septiembre, justamente cuando se planeaba y se ejecutaba el asesinato de Orlando Letelier y su secretaria, por los agentes de Pinochet, el 21 de septiembre.

El doble asesinato, cometido en la capital de EE. UU., conmovió a Chile y provocó fuerte reacción en el extranjero, pero Borges parece no haberse enterado. De vuelta en Argentina un periodista lo cuestiona sobre su apoyo a Pinochet, siendo el escritor poco versado en política. Responde que lo apoya “porque parece que si ahora Chile está salvándose y salvándonos, le debo gratitud” (Id., Ibid. p. 221). Refiriéndose luego a Argentina, declaró:

“El presidente de la república, general Videla, nos invitó a almorzar a un grupo de escritores, y yo le dije: “He venido a agradecerle personalmente, general, lo que usted ha hecho por la patria, salvándola del oprobio, del caos, de la abyección en que estábamos, de la idiotez…” (Id., Ibid.).

Según dice este mismo periodista, esa declaración fue la última gota… Borges, que figuraba en primer lugar en la lista de los “papabili”, es decir, candidatos para recibir el Premio Nobel de literatura, fue calladamente borrado. Cita luego literalmente a un miembro del jurado del Comité, Arthur Lundkvist: “soy y seré tenaz opositor a la concesión del Premio Nobel de Literatura a Borges por su apoyo a la dictadura de Pinochet, que ha sido usado por la propaganda de la tiranía para intentar una operación cosmética” (Ibid., p. 233).

Privarse de la lectura de Borges a causa de sus ideas políticas sería un desatino. Y ¿leerlo sin tener en cuenta su actitud conservadora?… Llama la atención el hecho de que la mayoría de sus biógrafos se limita al aspecto literario. Algunos llegan al extremo de la apología, tocando la idolatría. Han de pensar que, puestos en una balanza los méritos y deméritos del escritor, el peso de los segundos es nada ante el volumen de los primeros.

Volviendo al binomio ética-estética, el cultivo equilibrado de ambas es la respuesta. En efecto, “una moral sin estética es fea y una estética sin moral resulta perversa” (Teitelboim, o. c., p. 182). El Borges que seduce al lector con textos que lo llevan a tocar, ora un, ora otro abismo, “también lo entristecen al apoyar generales para los cuales la estadística de mil o diez mil desaparecidos no resulta espeluznante” (Id., p. 182).

Termino ahora trayendo a Borges al mundo de los humanos, rescatándolo de las cumbres semi-divinas en que lo colocan sus admiradores y de los abismos en que lo ponen sus detractores. Eso se encuentra en la serie de adjetivos que le aplica otro argentino contemporáneo suyo, el escritor Ernesto Sábato:

 

“A Usted, Borges, ante todo lo veo como un gran poeta. Arbitrario, genial, tierno, relojero, débil, grande, triunfante, arriesgado, temeroso, fracasado, magnífico, infeliz, limitado, infantil, inmortal” (Id., pág. 216).

 

Bibliografía

BORGES, J. L. Obras Completas. 4 vols. EMECE, Barcelonz 1989.

FRANCO, J. Historia de la literatura hispano-americana. Ariel, Barcelona 1987.

GALEANO, E. Los hijos de los días. Siglo XXI, Buenos Aires 2012.

PALOMO, J. LITERATOS. Fondo de Cultura Económico, México 2007.

PASCUAL, A. M. Jorge Luis BORGES. OCEANO, Barcelona 2000.

RODRÍGUEZ MONEGAL, E. Narradores de esta América, 2 vols. Alfadil Ediciones, Venezuela 11992.

______, Borges por él mismo. Monte Avila Editores, Venezuela, s/f.

SCHWARZ, J. (Org.). BORGES BABILÔNICO – uma enciclopédia. Companhia das Letras, São Paulo, 2017.

STORTINI, C. R. El dicionário de Borges. Editorial Sudamericana, s/f.

TEITELBOIM, V. Los dos Borges – Vida, sueños, enigmas. Ediciones Merán España – México, 2003.

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MÁS UM CUENTO DE JUAN RULFO

PRESENTACIÓN

En julio el Blog presenta otro cuento de Rulfo: “La noche en que lo dejararon solo”. El relato tiene como trasfondo la revolución cristera. Éste es el más corto y es menos “anticristero” que los otros escritos donde se trata el tema. Hay versiones, tanto de la novela como de los cuentos, en diferentes lenguas. Los lusófonos pueden leer la última traducción, hecha por Eric Nepomuceno en 2005: “A noite em que deixaram ele sozinho”. 

 

MÁS UM CUENTO DE JUAN RULFO

De seguro no faltarán homenajes al escritor jalisciense conmemorando el centenario de su nacimiento. Nos unimos a ese coro con la presentación en el Blog de otro de sus cuentos. Se trata de La noche en que lo dejaron solo.

Rulfo novelista, Rulfo cuentista

Aparentemente el cuento supone menos esfuerzo, menos habilidad literaria que la novela. El novelista suele gozar de mayor prestigio que el cuentista. Se supone que todo novelista es también cuentista, pero no a la inversa. Curiosamente, los entendidos en la materia dicen lo contrario. Faulkner, por ejemplo, confiesa que después de fracasar como poeta y como cuentista, se dedicó a escribir novelas (Palomo, 2007, 78). Borges no oculta su preferencia por el cuento y su menor aprecio –no necesariamente menosprecio – de la novela. Así lo muestra, como lector y como escritor. Afirma textualmente: Desvarío laborioso  y empobrecedor el de componer bastos libros, el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos (Obras, 1989, I, pág. 429).

Otra diferencia es la relativa a su historia. En antigüedad, el cuento es anterior a la novela. La historia del primero se remonta a tiempos pre-bíblicos, mientras que la de la segunda data de pocos siglos. Además de las diferencias apuntadas, el cuento y la novela se distinguen en el alcance, la elección de los personajes  y el manejo del tiempo. La novela describe toda la vida, o un periodo significativo  de la vida de los personajes, sus éxitos, fracasos y hasta su muerte. Todo eso supone una movimentación en el tiempo, cuyo manejo, bien o mal llevado, puede determinar el éxito o el fracaso de la obra. En el cuento, los personajes no necesitan moverse ni en el espacio ni en el tiempo; ni siquiera necesitan envejecer. En lo tocante a su lectura, leer ininterrumpidamente una novela es prácticamente imposible. El cuento, en cambio, a semejanza de la poesía, debe leerse de una vez, de una sentada, so pena de perder todo o parte de su impacto.

Siendo, pues, el cuento y la novela diferentes, es comprensible que haya cuentistas y haya novelistas. No faltan quienes han cultivado ambos géneros, aunque no siempre con idéntico resultado. En América Latina tenemos cuentistas notables, como Mario Benedetti y Horacio Quiroga, que como novelistas no tuvieron el mismo éxito. ¿Qué decir de Juan Rulfo? Podemos afirmar, sin caer en la “rulfolatría” que nuestro escritor fue exitoso tanto en un género como en el otro. Esta afirmación no es a priori, sino después de haber leído y analizado ambas narrativas.

Con base en lo dicho, se puede decir que cada uno de los 17 relatos que integran El llano en llamas es una unidad per se, con sus propios enigmas y sorpresas. Se perciben, no obstante, rasgos comunes: fragmentación, alteración de la secuencia temporal, falta de protagonismo, ausencia de desenlace,  eliminación o “muerte del autor”, en fin, abandono del esquema propio del cuento tradicional. El escrito de Rulfo se reduce a lo mínimo; queda a cargo del lector inferior lo que insinúan los “puntos suspensivos”, interpretar los frecuentes silencios y efectuar la lectura entre-líneas. El crítico brasileño Davi Arrigucci Jr. (1987: 168) observa: “nele (Rulfo) o recato da fala costuma dar voz ao silencio tornando comum o discurso sem resposta”.

La noche en que lo dejaron solo.

Éste es el cuento más corto de todos y uno de los pocos que tiene un  desenlace venturoso, al menos en parte. El fondo histórico es la Cristiada. Leer o releer aquí mismo el texto anterior que trató justamente ese tema, ayudará a la comprensión del que se presenta ahora. Teniendo en cuenta el contexto histórico, puede plantearse la cuestión suscitada por los estudiosos de la literatura: ¿hasta dónde es permitido mezclar hechos históricos con los puramente ficcionales en el texto literario? El extremo opuesto sería ocuparse de temas puramente fantásticos, sin ninguna relación con el mundo. Rulfo enfrentó un problema semejante cuando lectores ingenuos, nacionales y hasta extranjeros, iban a la región en que se ambientan los cuentos y la novela. Algunos llegaban a preguntar hasta por los personajes o sus parientes. Los mismos habitantes de la región acababan diciendo que su vecino o pariente Juan era un mentiroso: hablaba de cosas y nombraba personas que no habían existido. Rulfo no los contradecía. Pasó incluso a formular un principio: “la literatura es una mentira. Pero mentira que dice la verdad”.

El escritor italiano Umberco Eco trata el tema en su libro-ensayo “Seis passeios pelos bosques da ficção” (versión portuguesa). Cuenta que ha habido personas que han ido a Inglaterra y buscan la casa de Sherlok Holmes en Baker Street. Algo semejante dice que ha ocurrido con lectores de sus novelas. Una de sus conclusiones (Eco, 1997: 91) es la de que los mundos ficcionales son “pequeños mundos que delimitan la mayor parte de nuestro mundo real y que permiten que nos concentremos en un mundo finito, cerrado y muy parecido al nuestro, pero ontológicamente más pobre”. Pues bien, en “La noche en que lo dejaron solo” Rulfo nos introduce en el microcosmo de la Revolución Cristera, en un pequeña porción del mismo. El núcleo de la narración es simple: tres cristeros, cargados de armas caminan apresuradamente; tienen que llegar a un determinado cruce antes que el ejército. Es una cuestión de vida o muerte. La atención se dirige a uno de los tres: muy joven, quizá adolecente. Es Feliciano Ruelas. Él no puede seguir a los adultos; se va quedando rezagado. Al fin, cansado de caminar día y noche, decide descansar. No se sabe cuánto tiempo, el caso es que acabó separándose de los compañeros.

Irónicamente, los adultos que hicieron todo lo que se esperaba, acabaron cayendo en manos de los soldados. El jovencillo que se dejó vencer por el sueño y después emprendió el camino, se salvó. Para eso, tuvo que dejar los fusiles y “deshacerse de las carrilleras” – detalles muy significativos. Las pocas frases que intercambian los soldados se refieren al cristero que falta; sabían que eran tres. “El que falta es un muchachito; muchachito y todo fue el que le tendió una emboscada a mi teniente Parra y le acabó su gente”. Como el tercero tarda en aparecer, uno de los soldados sugiere: “acabalamos con el primero que pase y así se cumplirán las órdenes”. Alusión a las ejecuciones arbitrarias. La muerte de los dos, ahorcados, muestra claramente que no se hacían prisioneros. En este rubro los cristeros no eran mucho mejores.

Vale la pena recordar la poca simpatía de Rulfo hacia la revolución cristera. Las alusiones que a ella se hacen en Pedro Páramo son negativas. La crítica más fuerte y no muy sutil contra la religión, incluyendo la misma cristiada, es la que se encuentra en el cuento Anacleto Morones. Sin embargo, en sus escritos literarios el escritor no es tan explícito como en las entrevistas y algunos de sus escritos ensayísticos. Como posible explicación de la ojeriza del escritor hacia el levantamiento cristero es que un tío suyo era militar, con el rango de capitán y Rulfo le debía algunos favores. ¿Que esto va en menoscabo del escritor? No necesariamente. Eso nada más prueba que él era un ser humano; eso no disminuye su estatura como escritor. Digámoslo más una vez: “rulfología”, sí.  “rulfolatría”, no. Con otras palabras: canonizar, sí; divinizar, no.

 

Conclusión.

Este cuento de Rulfo trae a las mientes un cuento oriental, “El gesto de la muerte”, que Borges y Bioy Casares reproducen en una compilación de “Cuentos breves y extraordinarios”. El gesto de la muerte consiste en avisar a uno de los servidores del príncipe que su fin se acerca. El aludido pide y obtiene ayuda del amo para escapar a toda velocidad. ¿A dónde? Justamente a donde la muerte quería encontrarlo. En el cuento “Talpa”, Tanilo Santos murió “porque ya le tocaba”, dicho frecuente en México cuando se trata el tema. Lo mismo puede decirse de los dos cristeros muertos a pesar de haber hecho lo posible por escapar. En cambio, a Feliciano Ruelas, “todavía no le tocaba”.

“En el orden de la literatura no hay acto que no sea la coronación de una serie infinita de causas y manantial de una infinita serie de efectos” (Borges 1985, 18). En filosofía se estudian los efectos y sus causas – ley de la causalidad. La literatura se ocupa más bien con la “ley” de la casualidad. ¿Por qué esto y no aquello? ¿Por qué aquí y no allá, hoy y no mañana? Por qué, por qué…? Porque sí…

 

Obras citadas

Arrigucci Jr. D. Enigma e Comentário. Companhia das Letras, São Paulo, 1987.

Borges, Obras Completas, vol. I. EMECÉ, Barcelona, 1996.

______, Otras Inquisiciones. Alianza Editorial, Madrid, 1985.

Borges y Bioy Casares, Cuentos Breves y Extraordinarios. Losada, México 1997.

Eco, Umberto. Seis passeios pelos bosques da ficção. Companhia das Letras, São Paulo, 1997.

PALOMO, LITERARIOS. Fondo de Cultura Económica, México 2007.

Rulfo, Juan. El llano em llamas. Fondo de Cultura Económica, México, 1996.

JUAN RULFO: PIEDRA Y SILENCIO

PRESENTACIÓN

Este mes se ofrece a los lectores la traducción al español de un ensayo sobre Juan Rulfo del Dr. Davi Arrigucci Jr, profesor emérito de la USP. El mismo texto es la mejor recomendación del autor. Además de buen conocedor de la literatura latinoamericana, el Prof. Arrigucci es también traductor. Ha emprendido la traducción de Borges, algunas de cuyas obras ya están en las librerías brasileñas. El Dr. Arrigucci Jr conoció personalmente a Rulfo, a quien recuerda con admiración y afecto.

 

JUAN RULFO: PIEDRA Y SILENCIO

Davi Arrigucci Jr.

Se puede hacer grande literatura con mucho o con poco. A diferencia de Guimarães Rosa, Rulfo, por ejemplo, escogió la pobreza y la brevedad. E hizo un arte lacónica. Su modo de ser puede recordar, entre nuestros escritores que él parece que admiraba bastante, a los artistas del agreste: la prosa descarnada de Graciliano, el verso de corte afilado de João Cabral. Con tal que se junten en la comparación, el efecto paradójico de una poesía de atmósfera, como la que se insinúa a veces en la ficción de Cornelio Penna. En realidad Rulfo siempre combinó la austeridad de la escritura con la densidad de la atmósfera poética, buscando en la condensación el fin opuesto: la expansión del sentido, como quien se calla enigmáticamente.

Como tendencia general, su actitud, apoyada en la experiencia de la aridez, puede recordar aún la antigua matriz barroca del conceptismo hispano: el arte de la agudeza, lograda por la elipsis, por el laconismo, por la drástica poda de la expresión y la extrema concentración mental. Otros rasgos que suelen acompañar la postura conceptista – el impulso hacia la abstracción, la preocupación ética, la melancolía y el desencanto del mundo – están también presentes en esa prosa tensa y concisa de alto poder alusivo y sesgo alegorizante. Es posible que Rulfo endosara, como ideal de su estilo reticente, esta máxima de Baltasar Gracián: “escribo breve por tu mucho entender”.

En él, el recado del habla suele dar voz al silencio, volviendo común el discurso sin respuesta. Por eso actúa como piedra en el lago: expansión imaginativa en olas mudas, sucesivas y concéntricas, alrededor de un mínimo núcleo propulsor. O a la inversa, una vasta materia ficcional, grande mar de la memoria (individual, histórica, arcaica), concentrándose en torno del reducido centro, seco y concreto, del habla. Su lenguaje entonces se resguarda según una ética del despojo y se hace dura, de piedra, a semejanza del paisaje físico y humano que parece imitar de alguna manera. Al mismo tiempo, en su recorte ascético, en su controlada violencia, se puede reconocer la amplitud y la complejidad de un mundo: presencia viva y dramática de los conflictos psicológicos y sociales, centrados sobre todo en las relaciones entre padre e hijo, bajo el peso opresivo o fantasmal del pasado; historia concreta del México con un fondo trágico y enigmático de poesía de los orígenes inmemoriales.

HABLA INTERIOR

En ese mundo, en verdad son los personajes – los campesinos de Jalisco – los que tienen voz. Son ellos quienes narran su propia historia, vista siempre desde dentro. Y narran de forma peculiar, a través de una especie de habla interior que, aunque se presenta como diálogo, tiende a formar propiamente un monólogo. Voz sofocada de seres encerrados en sí mismos, “víctimas” de la Historia, en un tiempo subjetivo, estancado, al margen de toda dinámica exterior, a no ser la terrible violencia de fuera, la inminencia de la catástrofe. El discurso ficcional muestra así un persistente tono meditativo, rumiado en el recuerdo, marcado por la angustia, indeterminado por la abolición de las fronteras entre pasado y presente. El tiempo también se petrifica en el espacio muerto de Luvina, tierra de uvas agrias, o en Comala, poblada de fantasmas. Son espacios fuera del tiempo histórico, pero marcos en ruinas de la Historia. En ellos la realidad sensible parece “irrealizarse”; atravesada por una perspectiva interna, tiene sus contornos aparentes desbaratados, arruinados. Los objetos, arropados por la visión subjetiva, adquieren un aire irreal en la atmósfera ambigua y fantasmagórica. Pero en su medio, siempre hostil, los hombres padecen seriamente en conflictos reales.

Cuando surgió para la literatura en la década de 1950, Rulfo se mostró de cuerpo entero. Había publicado algunos cuentos en la revista Pan, de Guadalajara, que había creado con sus compañeros de generación, entre quienes figuraba otro importante narrador mexicano, Juan José Arreola, famoso por sus narraciones fantásticas, llenas de ironía y espíritu satírico. Pero Rulfo escogería un camino muy diferente al de Arreola, cuya tendencia cosmopolita es nítida. Con los dos únicos libros que publicaría en vida, exactamente en esa época, el creador de Comala se revelaría atado a su tierra de Jalisco, al espacio regional, al que sin embargo daría una dimensión universal del grande arte por la profundización de sugerencias locales. Los cuentos reunidos en El llano en llamas (1953) y la novela Pedro Páramo (1955) inauguraban un mundo ficcional nuevo y altamente complejo en la literatura hispanoamericana.

Pero Rulfo traía también hondas raíces de la tradición literaria mexicana; lo que, si no alcanza a explicarlo, ayuda a comprenderlo. En cierto modo él es aún heredero de la temática y de los problemas de los narradores de la Revolución, del principio del siglo. No obstante, siempre evitó el amplio panel épico, la amplitud de los pintores muralistas, a los que corresponde en la literatura, el realismo analítico de Mariano Azuela o de Martín Luis Guzmán. En realidad abordó de manera íntima y técnicamente innovadora los enormes y viejos problemas de los hombres de su tierra, que habían visto cambiarse las caras del poder sin que se alteraran sustancialmente sus medios de vida y su miseria, volviéndose víctimas del más profundo desaliento en un mundo sin esperanza de vida: “Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta”, según afirma una personaje del cuento “!Diles que no me maten!”. Son hombres como ese los que nos hablan en las historias de ese gran escritor. Sus narraciones amplifican esa voz de los campesinos que rumian con fatalismo la dureza de su destino: en el conjunto, una voz íntima y al mismo tiempo impersonal, de un coro popular y sin nombre en la tierra devastada que es el México de Rulfo.

SILENCIO ENIGMÁTICO

Para penetrar como penetró en profundidad y de forma nueva en la misma materia del realismo tradicional mexicano, al grado de transfigurarla en poderosas imágenes de una realidad más esencial, más allá de toda apariencia, el escritor tuvo que trabajar y aprender también duramente. El silencio que lo caracterizó nos dice algo al respecto.

Antes de los dos libros decisivos, es poco lo que se sabe de él. Después, se calló. En el siglo de Wittgenstein aprendimos a comprender que “lo que no se puede decir, debe callarse”. Aparentemente Rulfo se defendía con un arte de esquivas; en verdad pudo haber topado con lo que no podía decirse. Hasta en los momentos en que se explicó, es aún el silencio lo que realmente significa. Él parece haberse detenido a escudriñar la raíz del silencio de donde brota el habla fantasmal de sus campesinos. Esa intimidad del alma prisionera dentro de sí misma, paralizada por la falta de perspectiva histórica es la que él parece sondear con la forma de monólogo interior que trabajó a fondo, hasta las regiones del enigma donde las pulsiones del deseo se enlazan al tiempo y a la palabra, contra las barreras del mundo.

En su aprendizaje técnico, la experiencia de escritores posteriores a la Revolución Mexicana pero aún anteriores a su generación, habrá sido fundamental. Sin hablar de los llamados contemporáneos (Torres Bodet, Ortiz Montellano), está el grupo de escritores al que pertenecen Agustín Yáñez y Efrén Hernández. Con éste Rulfo habría aprendido, como él mismo dice, el uso de la tijera podadora que lo dejó como árbol en otoño. Pero la figura básica para su formación habrá sido probablemente José Revueltas, que renovó la narrativa mexicana introduciendo el realismo crítico y usando el monólogo interior, aprendido en la lectura de William Faulkner, que sería igualmente decisivo para Rulfo, como lo demostró claramente James Irby algunos años antes.

Armado con la nueva técnica, que él a su vez reelabora en un sentido personal y con grande originalidad, Rulfo trasforma radicalmente la herencia realista recibida de la tradición, en el sentido de una especie de realismo de esencia, que se distancia, por la visión interna y subjetiva, de los datos objetivos de la realidad empírica, para sondear un realismo más hondo, bajo la faz de un mundo fantasmagórico y desolado, donde yerran hombres arrancados de sí mismos y de los demás. Arrastrado hacia la perspectiva íntima y solitaria de seres errantes, el mundo también se desencaja de sí mismo y adquiere ese aire espectral y arruinado donde toda aparente atisbo referencial es menos signo que alusión. Una difícil mezcla de realismo y alegoría parece constituir el fundamento de la forma narrativa de Rulfo. En su mundo en ruinas se cuenta una historia que implica sin duda acontecimientos históricos reales del pasado mexicano, pero al mismo tiempo es una historia congelada, paralizada fuera del tiempo como un paisaje natural soplado continuamente por la figura omnipresente de la muerte. Reino de la muerte en vida, ese mundo de hechos y seres ya idos, que se desmoronan contra la tierra como un montón de piedras, como Pedro Páramo, un ser de piedra hasta en el nombre, que al fin se deshace literalmente en el suelo.

Al desmantelar la estructura tradicional de la trama, con la disolución del tiempo empírico y la anulación del nexo causal entre los hechos narrados, la obra de Rulfo parece meterse a fondo en la búsqueda de la identidad, que parte de sugerencias locales y concretas del contexto regional e histórico mexicano, pero tiende a las formas más abstractas, elementales y arquetípicas de narrativa, aproximándose al mito. Es así como al centro de sus cuentos se encuentra el motivo recurrente, constituido por la relación entre padre e hijo, situación tensa, marcada por el odio, girando en torno al reconocimiento del ser, pero casi siempre desembocando en el parricidio, en una búsqueda frustrada y destructiva del origen.

Asociando la narrativa de Rulfo a los mitos griegos (Ulises, Edipo), como lo hicieron entre otros Julio Ortega y Carlos Fuentes, o al mito del Paraíso perdido, como lo hizo Octavio Paz, la crítica actual ha acentuado la importancia de la estructura arquetípica y del aspecto anti-realista del narrador mexicano. Así también Rodríguez Monegal, que insiste en la visión mítica del novelista: con su narrativa de técnica experimental y cuño simbólico-mítico, Rulfo habría dado el tiro de gracia al realismo. Y al interpretar la obsesión de la paternidad en el autor, retoma el camino de Paz, el del Laberinto de la soledad, considerándola típicamente mexicana y vinculándola a la historia de la violación de la madre indígena por el conquistador español, que siempre según Paz, estaría a la base de la fundación de México. Tal interpretación substituye el mito griego por otro más próximo, latinoamericano, empero, retira la obra del contexto histórico-social concreto al que pertenece, para inscribirla en un espacio que escapa al análisis nacional, transformándola en un pilar de la ideología de la formación nacional mexicana.

Es probable que nunca podamos llegar al fondo del significado de la fábula que se esboza ambiguamente en los textos de Rulfo en cuanto a la búsqueda del padre. Ella siempre empieza de nuevo, en cada nueva lectura, como búsqueda de un sentido que escapó del mundo, explicando el desgarramiento perene de los seres que lo pueblan, sin encontrar la verdadera faz. Ciertamente en las numerosas imágenes arquetípicas que se repiten en esos textos resuenan otras fábulas, muy antiguas o de nuestro tiempo. Pero es en el contexto preciso donde se insertan, como partes de un todo orgánico donde adquieren significación; sin duda un contexto de algún modo representado en esas mismas imágenes fantasmagóricas y tristes, en que podemos vislumbrar, aunque oscuramente, fragmentos de la historia concreta de México y de su pueblo sufrido. El arte de Juan Rulfo alude a una sustancia humana anónima y universal, como la que se revela en los mitos, pero lo hace a través de fantasmas tan irreales como las piedras de Jalisco.

Traductor: R. C.

LA CRISTIADA EN LA OBRA DE JUAN RULFO

PRESENTACIÓN

Afirmar que Juan Rulfo cumple cien años en 2017 sería históricamente incorrecto, pero literariamente podemos decir que es correcto. Rulfo no murió en 1986; sus criaturas literarias le prolongan la vida indefinidamente. Detalles de esa supervivencia los veremos, al abordar la revolución cristera, en Pedro Páramo y en algunos cuentos de El llano en llamas.

LA CRISTIADA EN LA OBRA DE JUAN RULFO

Empecemos preguntándonos si la literatura puede abordar asuntos de carácter socio-político, psicológico, religioso histórico…, o si debe limitarse a la esfera de lo mítico, lo fantástico…, en suma, al arte por el arte. Entre los escritores suele haber cierta pugna: unos llaman “panfletarios” a los del bando opuesto, y éstos “enajenados” a los primeros. . Hay obras literarias de gran valor en que prevalece ora una ora otra tendencia. Para una información detallada sobre la polémica suscitada por el tema, remitimos al pequeño libro: Literatura en la revolución y revolución en la literatura (Referencias bibliográficas – al fin de este escrito).

Por ahora nos ocupamos de historia y literatura, tema tan antiguo como las dos disciplinas, puesto que ambas se sirven del lenguaje. W. Benamin en su ensayo “El narrador”, presenta ejemplos de texto histórico narrado literariamente y de narración literaria utilizando datos históricos. Me limito a resumir este último.

En la obra de Johan P. Hebel se encuentra una narración corta titulada “Reencuentro inesperado”. Un joven minero de las minas de Falum formaliza su compromiso con la novia y fijan la fecha para la boda. Pero, en la víspera del casamiento él muere soterrado en una galería. La “viuda” se mantiene fiel hasta la muerte y vive lo suficiente para reconocer un día, ya sumamente vieja, el cadáver del novio, encontrado en una galería perdida y conservado intacto gracias a las propiedades del vitriolo ferroso de la mina. Ella asiste al entierro (definitivo) del novio, y poco después muere ella también.

¿Cuánto tiempo transcurrió desde el comienzo hasta el fin de la historia? Hebel lo expresa enumerando trece acontecimientos de alcance nacional y mundial: Lisboa es destruida por un terremoto, Estados Unidos se independizan, etc., etc. Pero, cuando los mineros de Falum, en 1809…

El relato de Hebel muestra el hecho histórico engastado en la narración literaria. En la mayoría de los casos el acontecimiento es metamorfoseado, ficcionalizado. La literatura les da otro rumbo a los hechos reales, “les da un baño de ficción” (A. Reyes). Aplicando dicho razonamiento a la obra de Rulfo, constatamos que está engastada en el contexto histórico y socio-político del México de la primera mitad del s. XX. Por otra parte, admitido el valor literario de la obra cabe preguntar sobre el carácter histórico de los hechos imbricados en la narración. Nos referimos concretamente al conflicto cristero. Se buscará respuesta a esos planteamientos consultando brevemente la Historia, oyendo la opinión del autor y después observando la actuación de los personajes de El llano en llamas y de Pedro Páramo.

La Cristiada

Revolución cristera o Cristiada es como se ha designado el conflicto armado entre la Iglesia católica y el Gobierno mexicano, de 1926 a 1929. J. Meyer, historiador francés, especialista en la materia, prefiere el vocablo Cristiada. Según él, fue una “lucha desigual, lucha bíblica, David contra Gokia T.” (Meyer 1997:I, 9).

Las causas inmediatas del conflicto entre las máximas instituciones dela nación derivan de la Constitución de 1917. La Revolución Mexicana de 1910 no asumió un carácter declaradamente anticlerical, pero su tendencia socialista intentaba limitar de alguna manera la hegemonía de la Iglesia. Ésta, además, había sido aliada de la dictadura porfirista conra la cual se luchaba.

Previendo la reacción no sólo de la Iglesia sino también del pueblo católico, los presidentes Carranza y Obregón dejaron sin reglamentación los artículos polémicos de la nueva Constitución. Fue Calles quien quiso ponerle el cascabel al gato. Los intentos de negociación fracasaron; el Gobierno ignoró una petición con dos millones de firmas solicitando la derogación de la ley antirreligiosa. Entonces el Episcopado mexicano optó por la suspensión del culto a partir del primero de agosto de 1926 como protesta contra la “Ley Calles”. El Gobierno interpretó la medida como un reto, y la población católica, al verse privada del auxilio espiritual, dirigió su indignación con el “nuevo Nerón”. Fue así como surgió la “Guerra de los cristeros que movilizó cerca de 50 mil combatientes en 17 estados de la República” (Meyer, o. c., p. 129).

Conviene aclarar, no obstante, que exceptuando la protesta de cerrar los templos, la jerarquía católica no tuvo ningún otro gesto positivo hacia los cristeros o de confrontación frente al Gobierno. La mayoría de los sacerdotes y obispos se concentraron en las ciudades, en casa de católicos ricos e incluso fueron huéspedes de los perseguidores (Meyer, o. c., p. 37). El mismo investigador, tras enumerar los sacerdotes que se acogieron al abrigo de las ciudades (3, 500), el exiguo número de los sacerdotes combatientes (5), y los ejecutados por el simple hecho de administrar los sacramentos “sin la autorización oficial” (90), concluye: “El papel de los sacerdotes fue tan exiguo que es imposible hacerlos responsables de los levantamientos y los jefes de la guerra” (Id., ibid., pág. 49).

La Iglesia sólo aparecerá a la hora de recoger los frutos. Viéndose el Gobierno acosado por el Movimiento cristero, que cada vez se hacía más fuerte, optó por los buenos auspicios del embajador norteamericano Dwight Morrow y abrió negociaciones con los obispos. Ni éstos ni Calles tomaron en cuenta a los Cristeros. Éstos fueron obligados a entregar las armas, cosa que hicieron nos sin resistencia, pues no se fiaban del gobierno. Las represalias que siguieron contra ellos, una vez desarmados, les dieron la razón.

La voz de Juan Rulfo

En entrevistas y en escritos de carácter ensayístico Rulfo no oculta su antipatía hacia el levantamiento cristero. Curiosamente, gracias al mismo movimiento el futuro escritor se inicia como lector. “Cuando empezó la Cristiada, nosotros vivíamos frente al curato. Y el curato lo convirtieron en cuartel. Entonces el cura llevó a guardar la biblioteca a mi casa. Y me la leí toda” (J. Rulfo, Toda la obra, pág. 472). A continuación habla del cura Serrano de Zapotlán, a quien los militares ahorcaron “por mujeriego. Le gustaban mucho las mujeres y no se le iba una” (Ibid.).

Como puede verse, al abordar el tema cristero, Rulfo se vuelve prolijo: dejando su proverbial mutismo, ofrece hasta más información de la solicitada. Por otra parte, no parece atribuir ninguna importancia al hecho de que un cura le haya posibilitado el acceso a los libros. Al contrario, revela detalles poco halagadores del sacerdote en cuestión: era un censor eclesiástico y recogía todo tipo de libros con el pretexto de que estarían en el Index.

En otra ocasión presenta su síntesis del conflicto cristero:

“La revolución cristera fue una guerra intestina que se desarrolló en los pueblos de Jalisco y Colima (…) contra el gobierno federal. Es que hubo un decreto donde se aplicaba un artículo de la Constitución, en donde los curas no podían hacer política en las administraciones públicas, en donde las iglesias eran propiedad del Estado. (…) Claro, protestaron los habitantes. Empezaron a agitar y a causar conflictos. Son pueblos muy reaccionarios, pueblos con ideas muy conservadoras, fanáticos” (Juan Rulfo – Obra completa. Biblioteca Ayacucho, prólogo, p. XII).

Rulfo considera desproporcionada, si no injustificada la reacción del pueblo a la represión del gobierno. Abundando sobre el tema atribuye a las mujeres un papel preponderante en el surgimiento y propagación del conflicto. Eran ellas las que empujaban a los hombres a defender “la causa de Dios, y allá iban ellos a matarse” (Id., Ibid.). Algunos estudiosos de la obra de Rulfo adoptan el mismo punto de vista sobre la cristíada y hasta lo acentúan; atribuyen a los cristeros el asesinato del padre del escritor (Introducción al cuento de Talpa en la traducción al inglés). Quien conoce a fondo el problema expresa una idea más equilibrada: “Los soldados del gobierno y los rebeldes pusieron en práctica entonces los mecanismos más crueles para martirizar, para matar” (López Mena 1993: 42-43).

 

La voz de los personajes

En la novela se escucha la voz de una de las víctimas de don Pedro, vecina de la tumba de Juan Preciado y Dorotea: Páramo lo dejó tuerto, derrengado y maltrecho, pero vivo. Fue la intervención de los cristeros la que “lo acabó de matar”. Otra alusión a la Cristiada viene del Tilcuate que informa al patrón sobre las novedades de la Revolución en la que anduvo; “se ha hecho la paz, andamos sueltos” – informa el “revolucionario”. En Comala la novedad es: “se ha levantado en armas el P. Rentería”. El Tilcuate pregunta: “¿nos vamos con él o contra él?” Aconsejado por Páramo a irse a descansar, el “revolucionario” ve en el movimiento cristero una alternativa: “Me iré a reforzar al padrecito”. Razón: “me gusta como gritan. Además lleva uno ganada la salvación”. Hacia el fin de Pedro Páramo se encuentra otra alusión al desplante del P. Rentería. Abundio informa a la tendera, “madre Villa”, sobre el hecho. Ella se muestra preocupada. El arriero, en cambio, le dice: “Y a nosotros ¿qué nos importa? Ni nos va ni nos viene” (Toda la obra, pag. 299).

De manera oblicua, como entre paréntesis, sabemos que el P. Rentería se adhirió al movimiento cristero. ¿Qué fue lo que lo hizo dar el último paso? ¿Qué papel pensaba desempeñar y de hecho desempeñó una vez cristero? Ese es uno de los muchos vacíos que el lector debe colmar.

Pasando del “Páramo” al “Llano”, en el cuento “Anacleto Morones” hay un par de alusiones a la revolución cristera, empezando por el título del mismo cuento. Además, Lucas Lucatero, personaje clave del relato, declara haberse confesado, obligado a punta de fusil, por los cristeros (Id., Ibid. P. 166).

“La noche en que lo dejaron solo” llama la atención tanto por el tema, es cuento típicamente cristero, como por la manera de tratarlo. Curiosamente, no se encuentran en él las connotaciones “anticristeras” de los pasajes anteriores. El escenario y el cansancio del protagonista, su angustia ante la muerte inminente, son descritos con maestría. De forma oblicua y como quien no quiere la cosa, se trata un tema caro también a otros escritores: la ironía del destino donde no rige la ley de la causalidad sino la de la casualidad. Los adultos, “viejos y colmilludos”, que toman todas las precauciones, perecen; el jovencillo que las descuida, se salva. La condición fue: “tirar los refles y deshacerse de las carrilleras. Entonces se sitió más liviano”.

A diferencia de lo que se constata en otros relatos, aquí el autor se mantiene equidistante de cristeros y soldados. La simpatía del lector puede incluso pender hacia la parte más débil, los rebeldes. Sin embargo, esta excepción, aunque conspicua, no puede verse como una retractación “literaria” de cuanto Rulfo había dicho extraliterariamente respecto del conflicto cristero.

 

Conclusión

En sus declaraciones y entrevistas Juan Rulfo muestra en relación a la Cristiada un punto de vista más bien acorde con la historia oficial, mientras que su narrativa aparece una cierta ambigüedad; no se ve claramente de qué lado está. ¿Cómo explicar semejante incoherencia? Escuchemos al mismo Rulfo explicando qué entiende por literatura:

“Una mentira. Hay que ser mentiroso para hacer literatura”. (”El poeta es un fingidor”- Ferando Pessoa). En seguida el mismo Rulfo dirá que se trata de “una mentira que dice la verdad”. Alfonso Reyes acota: “Mentira práctica, verdad psicológica. O más brevemente: verdad sospechosa”.

El lector ingenuo quiere encontrar correspondencia entre lo narrado y la realidad. De ahí la desilusión al no encontrarla. Fue lo que ocurrió a unos visitantes que buscaban la Comala de Pedro Páramo, según cuenta irónicamente el mismo Rulfo. Al no encontrar ni ese ni otros pueblos, ni siquiera con el auxilio de los parientes del escritor, concluyeron que éste es un mentiroso. Y él no los desmiente.

Rulfo, como todos los escritores de su talla, es un “fingidor”:”no puedo escribir sobre las cosas que tengo antelos ojos. Tengo que imaginarlas”. Es decir, siente la necesidad de “volver a ver con los ojos del espíritu lo que antes vio con los ojos del cuerpo”.

El “Rulfo oral” ve la Cristiada de las ejecuciones sumarias, cuerpos colgados en los postes, en fin, cristianos que distan mucho de ofrecer la otra mejilla. Esa visión del Rulfo de carne y hueso coincide con la del tío militar, capitán David Peres Rulfo, que le ayudó a encontrar alojamiento y empleo en la capital.

Sin embargo, el Rulfo escritor no podía limitarse al simple registro de opiniones y puntos de vista pro o anticristeros, so pena de encallar en un maniqueísmo simplista. De haberlo hecho, su obra nos tendría la vitalidad que ostenta actualmente, aquí y en otras latitudes geográficas y lingüísticas.

 

foto juan julfo

fotografia Juan Julfo

Referencias bibliográficas

BENJAMIN, Walter: Ensaios sobre literatura e história da cultura. Editora brasiliense, 1996.

COLLAZOS, Oscar et al.: Literatura en la revolución y revolución en la literatura. Siglo XXI Editores, México, 1979.

MEYER, Jean: La Cristiada, México, Siglo XXI, 1981 (3 vols.).

LÓPEZ MENA, Sergio: Los caminos de la creación en Juan Rulfo. UNAM, México 1993.

RULFO, Juan: Toda la obra, edición crítica coordinada por Claude Fell, CNA México, Fondo de Cultura Económica, 1996.

PRSSOA, Fernando: Obra poética. Nova Aguilar, Rio de Janeiro 2001. Poema: Autopsicografia. Estrofa citada (en el original):

O poeta é um fingidor.

Finge tão completamente

Que chega a fingir que é dor

A dor que deveras sente.

 

Florianópolis, SC, Brasil. Mayo de 2017.

ELOGIO DE LA LECTURA

PRESENTACIÓN

“El verbo LEER no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo amar y el verbo soñar” (D. Pennac). A esta idea hace eco otra de Borges: “la idea de una lectura obligatoria es absurda: tanto valdría hablar de una felicidad obligatoria”. Sin más rodeos lo que se les les oferece aqui y ahora es un

ELOGIO DE LA LECTURA

Si saliéramos preguntando sin más ni más cuál es el día del libro, apenas si habría quien respondiera: el 22 de abril. Es por eso que he decidido dedicar estas páginas al libro y su lectura, si no en el mero día, al menos dentro del mes. Por supuesto, quien dice libro, dice lectura, escritura, lengua oral y escrita, etc.

Este texto será diferente de los anteriores; combinará el linguaje escrito con el de la imagen: la fotografia de un joven indú, musulmán, leyendo el Qur´an; aquí puede aplicarse el dicho: una imagen vale mil palabras. Habrá, no obstante, más palabras: una serie de frases y dichos de escritores famosos que se han ocupado del tema de hoy. Con todo eso se espera estimular la lectura, no obstante la avalancha de imágenes de toda classe que nos echa encima la vida moderna, tanto la cibernética como la de la cotidianidad.

Es pacífico afirmar la prioridade de la palabra oral sobre la escrita. Escritores como Alfonso Reyes, Gergoe Steiner y JL Borges llegaron a afirmar que el verdadeiro lenguaje es el oral. “Las palavras fueron en un principio sonido y luego llegaron a ser letras” (Borges). La aparición del habla coicide con la de la Humanidad. El homo sapiens lo es por ser al mismo tiempo homo loquens. Pasarán algunos siglos para que llegue al estadio de legens y scribens. Observando por un lado la temprana aparición de la oralidad así como su esponteneidad, y por outro la posterior aparición de la escritura, así como la indústria necessária para adquirirla, se ha conluido que la oralidade es un don de Dios, mientras que la escritura es fruto del esfuerzo humano. Aserción que encuentra respaldo en la Biblia.

Hablando ahora de la segunda modalidade de la lengua viene al caso relacionar el día del libro con el de la alfabetización: 8 de septiembre. Pues bien, en esa fecha, según relata E. Galeano, Paulo Freire iniciaba en Sergipe un curso de alfabetización para adultos. Al comenzar un nuevo día se dirigió a uno de los alunos: “?Cómo estás, João?”. El interpelado no logra articular las palavras. Al fin, tartamudeando, dice: No pude dormir. Toda la noche sin pegar ojo. Y luego explica el porqué: ayer yo escribí mi nombre por la primera vez. Quizá nosotros, adultos, no recordemos la emoción que nos embargó cuando logramos descifrar la escritura; ni la que siguió cuando fuimos capaces de estampar en el papel signos que otra persona podia convertir en sonidos, en palavras habladas. Pero los maestros que alfabelizan a los pequeños narran experiências no muy diferentes de la de P. Freire con su alumno.

Dando ahora um salto de siglos, quizá de milênios, enfocamos la lengua en el proceso de pasar de la forma oral a la escrita, volviéndose luego vehículo de conocimientos filosóficos, teológicos, técnicos, etc. Enfocamos para ello el fin de la Edad Media europea y el Renacimiento. Los estudiosos del tema (Ph. Ariès e R. Chartier, 1991) ponen de relieve las diferencias entre la Europa del Noroeste, con altos índices de alfabetización, y la Europa “periférica”, con índices más bién bajos (pág. 119). Dos hechos llaman la atención: en primer lugar, el saber leer no siempre va acompanhado del saber escribir. Además, la alfebetización de las mujeres presenta porcentajes inferiores a la de los hombres. Hacia fines del siglo XVIII, en Europa donde la lengua escrita es común, entre el 60% y 70% de los hombres saben firmar, mientras que las mujeres son alrededor de 40%. Sin embargo, no puede decirse que haya uniformidad: hacia fines del s. XVIII hay regiones en que 2 de cada 3 hombres saben firmar y otras em que sólo 2 o 1 de cada 10 saben escribir su nombre (pág. 120).

Un hecho histórico que contribuyó significativamente a la alfabetización fue la Reforma. En Suecia, s. XVIII, 80% de la población sabe ler, aunque no siempre escribir. En la Inglaterra luterana ya a fines del s. XVII, la Iglesia con el apoyo del gobierno emprendió una campaña en pro de la lectura, “para que todos pudieran ver con sus propios ojos lo que Dios manda por medio de su palavra (p. 120). Una preocupación semejante tuvo la Iglesia de Suecia entre 1690 y 1720. El énfasis en la lectura y la poca atención dedicada a la escritura tuvo como resultado cierta dicotomia racial: un saber leer generalizado y un saber escribir exclusivo de una elite.

Outro hecho de suma importância fue el “descubrimiento” de la lectura personal en silencio: la lectura en un espacio subtraído a la comunidad y que permite la reflexión solitária” (p. 126). Esa privatización de la práctica de la lectura es sin duda una de las principales evoluciones culturales de la modernidade (Id., Ibid.). Las ventajas de la lectura silenciosa eran conocidas por los copistas e investigadores ya desde la temprana Edad Media. En el s. XII era ya una práctica común, al menos entre los lectores familiarizados con la escritura; no así para quienes el libro era um objeto raro, de difícil manejo. En efecto, uma escenificación teatral de la época (1804) presenta a un hacendado (estanciero – Argentina) rodeado de personas y leyendo una carta pesonal en voz alta. Cuando alguien le llama la atención, él explica: “cuando no leo en voz alta, no comprendo lo que leo” (Ariès – Chartier, o. c. p. 126). Curiosamente, ese episodio recuerda a otro personaje de la ficción mexicana del s. XX. Se trata de Abundio, de la novela Pedro Páramo (Juan Rulfo 1918-1986). Quedó sordo a causa de un cohete que le explotó en la mano. Imposibilitado de oir, decidió enmudecer porque “no le encontraba sabor a las palavras”.

Nosotros, lectores “pós-modernos”, hemos descubierto el sabor de la palabra, oral , escrita y hasta “virtual”. Es de esperarse que la imagen que se muestra y a continuación y las máximas que seguirán nos estimulen a la lectura. Y que ésta, a su vez, nos conduzca a un saber con sabor, versión láica del sacro recta sapere.

OBRAS CONSULTADAS

ARIÈS, Philippe e DUBY, Georges. História da vida privada 3 – do Renascimento ao Século das Luzes. Companhia das Letras, São Paulo, 1991.

PALOMO. LITERATOS – Bestiario con apuntes del natural recamado em perlas escogidas del acervo literário universal. FCE, México 2007

 

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O FELIX CULPA!

APRESENTAÇÃO

Em breve celebraremos a Páscoa, a festa mais importante do ano litúrgico. O texto a seguir, além de apresentar o que já sabemos sobre Jesus Cristo, tenta oferecer algo novo, principalmente a respeito de Maria, a mãe do Salvador.

O FELIX CULPA!

En las llagas del Resucitado Dios

quiso conservar para siempre

el tatuaje de su desposorio

con la Humanidad.

  1. Casaldáliga.

A Igreja, no auge de seu entusiasmo pela Ressurreição de Jesus Cristo que celebra na vigília da Páscoa, lança mão do paradoxo, procedimento raro na contida linguagem litúrgica. Com efeito, exorciza, aliás, canoniza a culpa dos nossos Protoparentes que nos granjeou tal e tamanho Redentor (quae talem at tantum meruisti nos habere Redemptorem). Após a sua morte, na semana santa, celebramos a sua Ressurreição no Domingo de Páscoa. ALELUIA!

A crença católica, repetida na missa dominical em todos os cantos do mundo e nas diversas línguas, professa, em primeiro lugar a fé “em Deus Pai Todo-poderoso, Criador do Céu e da terra”; e logo mais, a crença em “Jesus Cristo, Filho único de Deus”, etc. Já o catecismo é mais explícito: “Crer que Jesus Cristo é Filho de Deus é necessário para ser cristão” CIC (Catecismo da Igreja Católica), n. 454. Dentre os diversos “mistérios de Cristo” o CIC assinala a morte (n. 629). Assim pode logo mais dar a ênfase necessária à Ressurreição de Cristo, “acontecimento ao mesmo tempo historicamente atestado (…) e misteriosamente transcendente enquanto entrada da humanidade de Cristo na glória de Deus”(CIC, 656).

O pensamento teológico, embora mais flexível e abrangente que o dogmático, deve manter-se dentro de certos parâmetros, sob pena de ser desautorizado como tal. Já o texto literário pode usufruir a liberdade própria da literatura. Nele encontramos escritores que cuidam para não extravasar a ortodoxia eclesiástica. Deste gênero são, por exemplo, “Operação Cavalo de Troya”, (J. J. Benitez), “El Evangelio de Lucas Gavilán” (V. Leñero), etc. “É claro que os romances convencionais pretendem ser algo mais que história: não é fácil ser imparcial quando se escreve sobre Jesus Cristo” (H. Küng, 1974, 139). Há, no entanto outro tipo de escritores que não fazem questão de apresentar uma imagem autêntica de Cristo. Dentre eles pode-se citar: “Jesus in Osaka” (G. Herrburger) e “The Great Countenance” (F. Andermann).

No universo da língua lusitana temos José Saramago e seu renomado “Evangelho segundo Jesus Cristo”. Com este romance o autor tem ganhado rasgados elogios da Crítica, mas também severas críticas da ortodoxia católica. Difícil é avaliar quais pesam mais. No meu entender o escritor português faz questão de apresentar um Jesus Cristo simplesmente humano do nascimento à morte. Pode se afirmar que o JC do seu Evangelho é tão humano, tão humano que pouco lhe falta para ser divino.

Não podemos continuar sem pelo menos mencionar o Jesus Cristo dos poetas. Começamos com o brasileiro, o paranaense Paulo Leminski e seu pequeno livro Jesus a.C.. No inicio, em vez de prólogo está uma “Carta de Intenções”, uma das quais é “revelar o poeta que Jesus, profeta era, através de uma leitura lírica de tantas passagens que uma tradição duas vezes milenar transformou em platitudes e lugares- comuns” (p. 7). Menciono rapidamente outro poeta e teólogo, o Bispo P. Casaldáliga. Nele poesia e teologia se encontram, formando uma verdadeira teopoética. Além da epígrafe à qual remeto, incluo aqui um verso de seu poema sobre a morte do Che Guevara, um dos seus “Poemas malditos” (ver bibliografia) onde alude à morte de Jesus Cristo:

Morir es siempre vencer,

desde que un dia Alguien

murió por todos, como todos,

matado, como muchos.

Agora apresento brevemente o Jesus Cristo que emerge de um ensaio cujo foco é Maria; o título na tradução espanhola é: MARIA una virgen de carne y hueso, autoria de Lesley Hazleton. O subtítulo introduz o leitor no tema: Una investigación que descubre a la mujer que se esconde detrás del mito. MR Dimensiones, Madrid 2005. Ainda que o foco da pesquisa seja a Mãe, o Filho ganha especial destaque. Sendo judia a autora, poderia se desconfiar que seu livro fosse apenas um escrito panfletista visando desprestigiar a ala dissidente do judaísmo, isto é, o cristianismo. Mas não é essa a impressão do leitor cristão.

Na pesquisa de Hazleton, em vez de nos deparar com uma jovem mulher em oração na sua alcova, perturbada com a visita do Arcanjo Gabriel enviado por Deus, etc. (Evangelho de Lucas), encontramos uma menina quase adolescente que ajuda a avó no trabalho de parteira e outras atividades voltadas à cura das diversas doenças da época; chega a ser uma espécie de “benzedeira”. Entre os “pacientes” de avó e neta não se excluem os guerrilheiros que combatem os malfadados romanos. A “farmácia” onde obtêm os medicamentos são os campos e as colinas próximas de Nazaré onde Maryam pastoreia os rebanhos junto com outras jovens vizinhas. Impossível as jovens pastoras passarem despercebidas aos soldados romanos que ocupam a região. As violações e os saques faziam parte do modus operandi deles, bem como o combate corpo a corpo. Se esse era a sina das moças judias daquela região, o que faria supor que Maryam fosse poupada?

Hazleton rotoma a versão que vem de longa data segundo a qual Maryam teria sido violada (p. 164 e nota correspondente onde cita as fontes). O agressor, um soldado de uma legião enviada à Siria seria um sujeito experiente no metier; sabe surpreender a vítima, onde bater e com que intensidade. A moça, estonteada, mal opõe alguma resistência, aliás, inútil. A narração de Hazleton curiosamente traz à tona a de Saramago quando narra o ato de José e Maria do qual nascera JC (Evangelho segundo Jesus Cristo, pág. 26-27). No entanto, se a suposição de que JC tenha sido gerado como todos os humanos é ousada, o que pensar da hipótese de que o nascimento dele tenha sido o resultado de um estupro, além do mais, praticado por um ser desprezível? Que diferente do cenário descrito pelo evangelista Lucas (1, 6 e ss.) e que culmina com o Ecce ancilla Domini! Diferente mesmo? Perguntam as feministas católicas como Mary Daly (obra citada em Cap. 7 n. 4). Elas veem na imagem convencional de María o modelo de uma vítima da violação. María não tem vontade própria nem exerce nenhum papel ativo. “O que acontece será feito a ela, não por ela” (p. 164). Se Hazleton, judia, fica estarrecida só de imaginar Maryam violada, faltam palavras para expressar o que dirão os católicos conservadores, a própria Igreja Católica que proclama a virgindade de María antes, durante e depois do parto…

A seguir a autora de MARÍA, … nos convida a refletir sobre o estigma da violação; “algo dentro de nós ainda acha que a violação desgraça, humilha, desonra e degrada a mulher” (p. 166). Seja lá qual for o nosso ponto de vista a respeito da violação, uma coisa é certa, Maryam recusou sentir-se victimada, envergonhada. Se assim fosse, poderia ter interrompido a gravidez; sabia como fazer, os meios estavam ao seu alcance. Porém, decidiu ir para frente, ter o filho, “filho de Maria”. Não só isso; o batizará com o nome de Yeshua – Yahveh salva. Transformou assim o ato de suprema humilhação em princípio de salvação. “De uma desgraça criou-se a graça” (p. 167). Isso sim que é dar a volta por cima.

A situação socioeconômica em que Maryam teve que educar Yeshua era assaz difícil. É de se supor que ele herdasse as habilidades dela e aprendesse a sobreviver no ambiente de dominação estrangeira em que viviam. José, o pai, “brilha por sua ausência”.

Passemos agora sem mais delongas a Jerusalém nos dias próximos da Páscoa. A pregação de Jesus em prol da igualdade, da justiça, da não violência ao mesmo tempo em que preocupava as autoridades religiosas, incomodava também os romanos. P. Leminski, comentando o episódio da mulher adúltera (Jn 8, 1-11) e como JC o encarou, observa: “Um homem assim não ia ter vida longa, nem morrer na cama” (p. 34). Este e outros episódios semelhantes eram suficientes para os Sacerdotes pedirem a punição do Nazareno incômodo e para que os romanos atendessem ao pedido. Para estes seria apenas mais uma crucifixão, e o fato de acontecer na Páscoa, uma coincidência.

Acostumados a ver o Crucifixo nas igrejas e até nas repartições públicas, não reparamos no sofrimento que implica essa execução. A agonia do supliciado pode durar algumas horas, se foi flagelado antes, caso contrário pode durar dias. A dor física ia acompanhada da degradação moral. Nu na cruz, o corpo relaxava e soltava os esfíncteres impregnando o local de um fedor insuportável. Além disso, os curiosos caçoavam dos crucificados e os hostilizavam também fisicamente. Os corpos eram deixados na cruz mesmo depois da morte, a menos que algum parente obtivesse a liberação através de suborno, prática em vigor tanto outrora como agora. Jeshua escapou de algumas dessas vexações graças à intervenção de José de Arimateia e à solicitude das mulheres que o acompanharam até então, lideradas por Maryam. Procedeu-se, pois, ao sepultamento com relativa celeridade.

As manifestações extraordinárias que segundo os evangelistas acompanharam a morte de JC bem como as sete palavras são apenas suposições piedosas dos mesmos. Lembre-se que esses textos foram escritos décadas depois dos acontecimentos. Ademais, “o interesse deles não era fazer história, mas teologia, e o intuito era fazer o que faz a teologia: criar vida da morte” (p. 189). Em João e Mateus se diz expressamente: “para que se cumprisse a Escritura”.

Após o consumatum est, após ter arrumado o corpo, limpo e coberto como era o costume, o acomodaram no local cedido por José de Arimateia. Yehshua descansa em paz, mas Miryam não. Agora ela pode dar vazão a toda sua raiva contra tudo e contra todos, Yahweh incluido. O seu é um lamento tão “ensurdecedor que mesmo se nos tamponarmos os ouvidos nos atinge no mais profundo como um prego de ferro que traspassa o coração” (p. 197).

Vem logo mais a pergunta: “o que fará ela com a própria dor?” (Ibid.). Em vez de se fechar no casulo da autocompaixão, “decide falar, decide agir, a exemplo das madres da Plaza de Mayo argentinas”. Elas mantiveram viva a memoria de seus filhos. Denunciando os crimes da ditadura contribuíram para a sua derrubada. “Maryam não conseguiu evitar a execução do seu filho; mas uma vez que aconteceu, pelo menos fará com que ela não seja em vão” (p. 205).

A RESSURREIÇÃO. Neste quesito calha o que se diz das verdades religiosas em geral: quem quer acreditar, não precisa de explicação; quem não quer, não há explicação que o convença. O próprio Catecismo Católico menciona a insuficiência do testemunho histórico com respeito à Ressurreição de J. C. O “Novo Catecismo para Adultos” é mais explícito: “o próprio fato da Ressurreição escapa a qualquer observação empírica. E escapa, por tanto, também à historiografia científica” (p. 211). O teólogo Hans Küng na obra antes mencionada encontra falhas do ponto de vista histórico nas narrativas da Ressurreição (O. c., p. 361). L. Hazleton vai além; as vê como “um histórico mal-entendido o como uma fraude”. É o que acontece, prossegue ela, quando os Evangelhos são vistos “como história e não como teologia; as metáforas perdem a sua grandeza e o supremo mistério fica reduzido a uma medíocre história de detectives (p. 215). “Foi o amor que ressuscitou Jesus” reitera a escritora (p.216). Aliás, foram os amores: o amor maternal de Maryam, o amor sensual de María Magdalena e o amor das outras mulheres” (Ibid.). Foi essa força que tornou dor em alegria, o desespero em esperança e o final infeliz em um princípio feliz.

REFERÊNCIAS BIBLIOGRÁFICAS

A FÉ PARA ADULTOS. O Novo Catecismo. Edições Loyola, São Paulo 1988.

CABESTRETO, Teófilo. Los poemas malditos del obispo Casaldáliga. Desclée de Brouwer 1977, Bilbao 12.

CATECISMO DA IGREJA CATÓLICA. Edições Vozes, Loyola…, 1993.

KÜNG, Hans. On Being a Christian. Doubleday and Company, New York, 1974.

LEMINSKI, Paulo. Jesus a. C. Editora Brasiliense, São Paulo, 2003.

HAZLETON, L. MARÍA, una virgen de carne y hueso. Traducción del inglês: Mary. A Flesh-and-blood Bigraphy of the Virgin Mother. mr Dimensiones, Madrid, 2005.

SARAMAGO, J. O Evangelho Segundo Jesus Cristo. Editora Record, Rio de Janeiro – São Paulo, 1991.

MÉXICO – BRASIL, IDA Y VUELTA

PRESENTACIÓN

Pido disculpas por lo vacío que ha estado el Blog en lo que va del presente año. Compenso en parte con este texto. En él doy forma a las preguntas más comunes sobre Brasil en México y sobre México en Brasil. Quiere ser al mismo tiempo una modesta  contribución a la aproximación de esas dos naciones, tan detestadas y tan amadas.

 

MÉXICO – BRASIL, IDA Y VUELTA

Oriundo de México y residiendo en Brasil más de tres décadas, me siento atraído por una y otra de estas naciones. Ello me lleva a visitar la nación de origen siempre que es posible, para encontrarme principalmente con los familiares y amigos. Realizado lo cual, vuelvo a la sede, Brasil. Por lo que respecta a las lenguas, puedo hacer mías las palabras  del poeta romano Enio (239 – 1169 a. C); como hablaba osco, latín y griego, decía tener tres corazones. Yo tengo dos: el español y el portugués; dos maneras de asomarme al mundo, dos maneras de expresarlo y de expresarme.

Cuando viajo a México tengo que ir preparado para responder a las múltiples preguntas de los mexicanos que siguen con interés los acontecimientos políticos del “Gigante latinoamericano”. Se espera o se teme, según los casos, que el ejemplo de Brasil sea seguido por los demás países hermanos. De vuelta en Brasil, tengo que responder a los amigos que quieren saber sobre la actualidad de aquella nación que hasta en el mapa se ve encorvada bajo el peso del gigante del norte, AMÉRICA – que se ha apoderado hasta del nombre del Continente.

¿Cuáles son las noticias de primera plana actualmente en Brasil y en México? La respuesta a esta doble pregunta ocupará las páginas siguientes. Empezando por Brasil, el proceso que culminó con la destitución de la Presidente Dilma Russeff ocupó los titulares de todos los diarios del mundo, que la anunciaron como golpe. Al preguntarme el cómo y el porqué de semejante acto, los mexicanos mostraban una decepción semejante a la de muchos brasileños. El pesimismo de ahora contrastaba con el optimismo de los años precedentes, durante los dos períodos de Lula; recordaban las reformas promovidas por él con vistas a mejorar las condiciones de las clases menos favorecidas. Es verdad que el primer presidente de izquierda dejó mucho qué desear. Algo similar se puede decir de la administración de la Presidente Dilma, el tiempo que gobernó. Aun así, implantaron programas y promovieron reformas como ninguno de sus predecesores después de la última dictadura (1964 – 1985).

Conviene recordar que cuando los militares dejaron el poder (1985) aprobaron, mejor dicho, impusieron una amnistía irrestricta que los eximía de toda responsabilidad por los crímenes cometidos durante los 21 años que estuvieron en el poder. Fueron generosos: la misma amnistía se aplicaba a todos aquellos que combatieron la dictadura. Es verdad que hubo algunos actos de violencia también de la parte rebelde, pero nunca comparables con los cometidos por los militares. Por lo tanto, mediante la generosa amnistía los asesinos perdonaban a sus víctimas, los torturadores a los torturados. Se esperaba que Lula hiciera algo al respecto, semejante al juicio que promovió el gobierno argentino contra los militares. Dilma, con base en la resolución de la ONU que declara el delito de tortura imprescriptible, recurrió al Supremo pidiendo la anulación de dicha amnistía. En vano. Como último recurso formó una “Comisión de Verdad”, como lo había hecho en Sudáfrica el Presidente Mandela. No habría procesos ni condenas; se trata simplemente de saber qué se perdona y a quién se le perdona. Algunos de los convocados se negaron a declarar; aun así, lo que vino a la luz fue suficiente para que algunos de los militares criminales que gozaban de altos cargos y correspondientes salarios, perdieran sus prebendas.

Como era de suponer, los militares que no miraban con buenos ojos a una ex guerrillera sentada en la silla presidencial, aumentaron su encono y aprovechaban cualquier ocasión para atacarla. La inquina de los uniformados fue uno, aunque no el único factor que contribuyó a la caída de Dilma. Los medios de comunicación, en particular la tv Globo, desencadenaron una guerra sin cuartel contra el PT y  toda agrupación de izquierda.

Actualmente el presidente es Michel Temer, vicepresidente de Dilma y que se unió a sus adversarios  para quedarse él en lugar de de la misma. Contra Temer penden serias denuncias de corrupción, cosa que no se ha podido decir ni de Dilma ni de Lula. Curiosamente, la presidente Dilma, contra quien no se ha podido probar ningún crimen, fue depuesta. En su lugar está alguien comprobadamente corrupto. Las manifestaciones contra ese gobierno y las medidas que está tomando, se multiplican. El último día 15.03 hubo una multitudinaria en las diferentes capitales de Brasil; en algunas ciudades fue violentamente reprimida por la policía. ¿Algo parecido a México? Aunque en Brasil aún no se dan casos de jóvenes que desaparecen misteriosamente simplemente porque protestan contra ciertas medidas del gobierno…

Hay otra coincidencia curiosa: el año próximo, 2018, habrá elección presidencial en Brasil. Si los enemigos del PT no logran desaforar a Lula y éste puede lanzarse como candidato, es fácil que gane la elección. Esperamos que no le pase lo que a López Obrador allá por 2006, en tiempos de Fox y Calderón, ¿se acuerdan?…

Una vez dicho lo que llevé de Brasil a México (“la ida”); ha llegado el momento de informar sobre lo que he traído en mi bagaje ahora, a mi regreso a Brasil (“la vuelta”). ¿Qué les diré a los amigos brasileños que me preguntan sobre México? ¿Cuáles son las expectativas de los mexicanos para 2018, también año de elección presidencial? Otra pregunta, actualmente insoslayable, es: ¿qué espera México del nuevo presidente de Estados Unidos?

Empecemos por la última pregunta: es poco lo que se espera y mucho lo que se teme del malhadado Donal Trump. Lo primero que salta a la vista es el contraste entre el encopetamiento del gringo y la pusilanimidad e indecisión del mexicano – en lo que sin duda pesa el estigma de su ilegitimidad. Los titulares de la revista Proceso de 29.03.2017 son: El fascistoide Trum vs el titubeante Peña”. Conviene traer a mientes que, cuando el estadunidense era sólo candidato y con pocas probabilidades de elegirse, Peña Nieto lo invitó a México y lo recibió como a Jefe de Estado. Según los analistas el hecho fue un espaldarazo para el entonces candidato republicano. Si Peña Nieto esperaba una retribución condigna del colega, más siendo de las derechas como él, puede esperar sentado…

Trump dice que cumplirá lo que prometió en su campaña: echar, vaciar en México a todos los mexicanos indocumentados, previamente etiquetados todos ellos como traficantes, estupradores y asesinos. Y para evitar que esa “basura” vuelva a ensuciar el suelo “americano”, mandará construir un muro infranqueable a lo largo de la frontera. Un detalle más: hará que México pague la construcción de esa “muralla americana”.

La deportación de indocumentados ya se está llevando a cabo, haciendo caso omiso de los derechos que tienen incluso los migrantes sin documentos, por ejemplo, no separar a los padres de los hijos menores de edad. La actitud del gobierno Peña Nieto  está entre el fatalismo y la resignación. El único que ha alzado la voz de protesta contra las leyes persecutorias del Presidente republicano, es el candidato de izquierda, López Obrador. Careciendo de base oficial, su voz no tiene mucho más alcance que la de un civil cualquiera.

En la región de Jalisco, Colima y Guanajuato, donde viven mis familiares, son raras las familias que no tengan uno o  más parientes en “el otro lado” y cuya deportación temen. Temor bien fundado, pues sin la ayuda que los esposos, hijos, u otros familiares les envían, no sabrán cómo sobrevivir. No faltan las tragedias. Una familia numerosa de un pueblo del sur de Jalisco tenía algunos de los hijos (e hijas) en EE. UU. Dos de los hijos, en fechas no muy distantes una de otra, volvieron a México difuntos. Hay algunos que languidecen en las cárceles de allá por haber querido introducir droga. Se sabe de no pocos muchachos que lo hacen porque,  en vista de desempleo generalizado, es la única oportunidad que tienen de ganar algún dinero.

También hay anécdotas que te llenan de indignación. Una familia joven trabajaba en una región agrícola de California. A cierta distancia de donde vivían, la pareja y un niño de edad escolar, pasaba un canal que tenían que cruzar cuando se desplazaban en dirección al pueblo más cercano. El puente estaba, debía estar siempre vigilado; la cautela se redoblaba cuando pasaban niños. Ocurrió que en cierta ocasión, justamente cuando el guardia se ausentó sin motivo alguno, se cayó un niño al agua y se ahogó. El vigilante, antes de que los familiares del difuntito, ignorantes de sus derechos, hicieran alguna cosa contra él, los denunció como ilegales. Eso bastó para que los echaran, quedando él impune. Si eso ocurría en tiempos “pre-trumpianos”, ¿qué se puede esperar de ahora en adelante?

Además de los hechos dramáticos como los anteriores, los hay difíciles de calificar. Una pareja de recién casados esperaba su primer bebé. Un par de meses antes de que naciera hicieron todo lo posible para atravesar la frontera norte. Naciendo allá, el hijo de ellos sería “americano”. En casos como éste tu indignación se vuelve contra los gobernantes que, a cinco siglos de la Independencia y a uno de la Revolución mexicana, han hecho de México un estercolero del cual se desea salir incluso antes de nacer.

Para concluir digamos algo del muro de Mr. Trump  y otras lindezas que vienen del Norte. Los medios de comunicación mexicanos han dado demasiada importancia al muro prometido por Trump a sus electores. Con ese obstáculo, aparentemente insuperable, los mexicanos pobres que se ven en la necesidad de salir de su nación para sobrevivir, se verán reducidos a la miseria. Pero los mexicanos ricos, entre los que se cuenta la clase política, los altos burócratas y los grandes empresarios, no tienen nada que temer. El muro anunciado no impedirá que los capitales que van de sur a norte, continúen. Ya se sabe que “el dinero es más libre que las personas”; que las personas pobres. Si la preocupación de los gobernantes fuera sincera, deberían en primer lugar evitar la corrupción que, bajo sus diversas manifestaciones, ha penetrado todo el tejido social mexicano.

En los últimos meses se ha hablado mucho de la corrupción también en Brasil. Ya he tenido que responder más de una vez a la pregunta: ¿cuál es más corrupto, Brasil o México? Con base en mi experiencia, viviendo en una nación y pasando períodos más o menos largos en la otra, pongo a México en primero lugar, es decir, más corrupto que Brasil. Mi opinión ha sido corroborada por una rápida consulta al Internet, que pone a México como el más corrupto de 34 países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), y ocupando el 95 lugar en un grupo de 168, donde la corrupción es menor conforme se acerca a 1. Se dice expresamente que en el rubro corrupción, México supera a Mali, Surinam, Perú, China y Brasil (Aristegui Noticias, consulta el 19/03/17).

Terminemos mencionando al menos la relación existente entre corrupción y migración. Es una relación causa – efecto. El dinero que debiera dedicarse a criar fuentes de trabajo, promover la cultura, mejorar la educación, etc., se queda en manos de unos pocos. El 1% más rico en 2014 concentraba el 21% de los ingresos totales del país (Proceso N. 2104, p. 44). Esa situación, en vez de mejorar en 2017, puede haber empeorado. Por el contrario, nos informamos no sin un dejo de envidia que en las naciones donde la corrupción es o se aproxima a 0, el nivel de vida de sus ciudadanos es satisfactorio, ellos no se ven en la necesidad de emigrar ni hay muros que les impidan desplazarse. “!Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!” (dicho atribuido a Porfirio Diaz).

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2016 – 2017 DIFERENCIA: UM SIMPLES ALGARISMO

2016 – 2017

DIFERENCIA: UM SIMPLES ALGARISMO

O bom do caminho é ter volta,

para a ida sem vinda basta o tempo.

(Mia Couto)

TEMPUS,

Tempo,

Tiempo,

Time.

Até aqui a língua latina, com pequenas variantes na escrita e na pronuncia, fornece a palavra. Mas não devemos esquecer que nas línguas saxônicas tem weather, Wetter para o tempo atmosférico, o inglês tem tense para o tempo verbal e assim por diante.

Se agora indagarmos o que é o tempo, S. Agostinho nos dirá: “se ninguém me perguntar, sei o que o tempo é, mas se alguém me perguntar, não sei”. Se isso acontece com um pensador como o bispo de Hipona, o que poderemos dizer nós outros? Peçamos, pois a ajuda dos que se tem aprofundado sobre o assunto. O poeta Drumond de Andrade pergunta-se poeticamente: O tempo passa? Não passa. No contexto do amor em que está inserido o  poema compreende-se a resposta.

 Os Filósofos, confrontados com a mesma questão, raciocinam da seguinte maneira: de um lado, a argumentação cética inclina-se para o não-ser, ao passo que o uso quotidiano da linguagem obriga-nos a dizer, de uma maneira que ainda não sabemos explicar, que o tempo é. O argumento cético é bem conhecido: o tempo não tem ser, já que o futuro ainda não é, o passado não é mais e o presente não permanece. No entanto, as coisas vindouras serão, as passadas foram e as presentes passam. É justamente o uso da linguagem que prevalece no dia-a-dia: o tempo é.

O tempo na Bíblia

O Livro sacro que contem a revelação do Deus transcendente abre e fecha com alusões temporais: “No início Deus criou o céu e a terra” (Gn 1, 1) e “Sim, venho muito em breve” (Apoc 22, 20). Portanto, o Deus que se revela na Bíblia não é uma essência abstrata como em Platão e Aristóteles, ele se manifesta nas suas intervenções na terra, fazendo com que a história se torne historia sacra. “Ab initio”… o ato creador marca o inicio absoluto de nossa história, mas Deus preexiste a esse tempo.

O tempo é como que o cenário preparado por Deus onde se desenvolverá uma história que nos diz respeito. Os sete dias da criação incluem uma justificativa pedagógica, a santificação do sábado; mostram ao mesmo tempo como o Criador vai preparando o mundo, inserindo as criaturas no tempo, até chegar a vez do homem. Assim fica claro que o tempo não é apenas uma sucessão de espaços vazios. A duração terrenal tal e como se apresenta, é primeiro duração cósmica, a qual, com a vinda do homem, torna-se duração histórica, marcada pelas gerações que se sucederão, encaminhando a Humanidade para um fim.

Tempo e eternidade

            Era uma vez… um monge que meditava sobre a eternidade de felicidade que Deus promete aos seus servos fieis. Para melhor refletir, saiu do mosteiro e adentrou a floresta que o rodeava. Após caminhar um pouco, parou; ficou absorto escutando o canto de um pássaro. Passado algum tempo, achou que era hora de voltar. Mas, Oh surpresa! Tudo estava mudado: algumas árvores morreram, outras envelheceram e toda a vegetação era nova. O caminho que conduzia ao mosteiro não era o mesmo, a fachada do edifício também não, etc. Bate a campainha para entrar, mas o irmão porteiro não deixa, ele não é daquele mosteiro. Então veio o Abade que, após consultar os arquivos, encontrou: trezentos anos antes o frade X tinha saído e jamais voltara. O declararam “fugitivo”. Foi o tempo que passou se deliciando no canto daquele passarinho. “Agora compreendo”, disse ele para sim.

O homem vive no tempo, Deus vive para sempre, in saecula saeculorum… Para fazer-nos compreender a natureza dessa duração da qual não temos experiência, a Bíblia opõe ao caráter transitório do tempo cósmico, a eternidade divina: “Mil anos para Deus são como o dia de ontem que já passou” (Ps 102, 12). Enquanto o Génesis mira Deus “ab initio”, os Provérbios o contemplam antes do tempo, “desde a eternidade” (Provs 8,22); o Os 90,2 diz: “de eternidade em eternidade tu es Deus”.

Pensadores como JL Borges e O. Paz mostraram de diversas maneiras seu interesse no tempo. Borges, em Otras inquisiciones (1952), trata diretamente do tema no breve ensaio “El tiempo y J.  W. Dunne”. Pensar no tempo torna inevitável pensar na contraparte do mesmo, a eternidade. Literalmente, e no original, diz: Los teólogos definen la eternidad como la simultânea y lúcida posesión de todos los instantes del tiempo y la declaran uno de los atributos divinos” (p. 26). Essa é a tradução do texto latino: “tota, simul el perfecta viatae posessio” (Boecio 480 – 24) . Em certa maneira a eternidade é também nossa, nesta vida: nos sonhos. Na vigília percorremos o tempo sucessivo, nos sonhos abrangemos uma zona que pode ser vastíssima. Logo mais, para basear seu racioncínio, cita Schopenhauer. Segundo ele “a vida e o sonho são folhas de um mesmo livro; ler ordenadamente é viver; folhar as mesmas, é sonhar”. Conclui citando Dunne: en la muerte aprenderemos el manejo feliz de la eternidad. Recobraremos todos los instantes de nuestra vida y los combinaremos como nos plazca. Dios, nuestros amigos y Shakespeare colaborarán con nosotros”.

Borges encerra chamando essa descrição de “tesis espléndida” (p. 27). Quem ousaria contradizê-lo?

  1. Paz, no ensaio “La llama doble” afirma: somos juguetes del tiempo y de sus accidentes, la enfermedad y la vejez, que deforman el cuerpo y extravían el alma (pág. 131). Contra o argumento cético que nega o tempo, Paz afirma: podemos negar al tiempo, pero no escapar de su abrazo (p. 142). No mesmo ensaio, falando do tempo e do amor, considera que o segundo é vitima do primeiro. Também fala do amor em relação à eternidade: “El amor, por ser tiempo y estar hecho de tiempo es, silumtáneamente, conciencia de la muerte y tentativa de hacer del instante uma eternidad” (p. 212). Tentativa, bem o mal sucedida? Ele mesmo explica:

El amor no nos preserva de los riesgos y desgracias de la existência. Ningún amor, sin expluir a los más apasibles y felices, escapa a los desastres y desventuras del tiempo (p. 210). Um ditado popular diz algo semelhante com outras palabras: “el amor hace pasar al tiempo y el tiempo hace pasar al amor”.

O tempo e a narrativa

            As criações ficcionais que incluem personagens, cenários e acontecimentos – todos ficcionais, se desenvolvem num tempo também ficcional, mas não cessariamente. Podem ser narrados fatos ficcionais que aconteceram num tempo real, histórico. É isso que se verifica na obra de J. Peter Hebel, Reencontro inesperado (Unverhofte Wiedersehen).

Um jovem mineiro nas minas de Falun marca o dia do casamento com a noiva. Mas na véspera da data esperada, ele morre sepultado num desmoronamento no fundo da mina. A noiva decide permanecer fiel àquele amor: fica solteira. Até que,  passados muitos anos, conseguiu reconhecer o corpo do “esposo”, conservado incorrupto graças ás propriedades do vitríolo ferroso da mina. Pouco depois morre ela também. Ora, quanto tempo se passou do começo ao fim da história? Hebel o expressa da seguinte maneira: no longo ínterim

Lisboa foi destruída por um terremoto,

Seguem mais doze eventos mundiais: Independência dos Estados Unidos, inicio da revolução francesa…

E os camponeses cultivavam a terra, os olheiros modelavam o barro… Mas quando os mineiros de Falun em 1809 cavavam na mina a procura de alguns filões de metal…

E freqüente também o escritor narrar suas ficções num cenário real. Tanto neste caso quanto no anterior, tempo e espaço ganham “um banho de ficção”, segundo Alfonso Reyes. Humberto Eco, falando das criações ficcionais, próprias e de outros, diz: “precisamos adotar o mundo real como pano de fundo” (Eco, 1997, 89). Pouco depois afirma que “os mundos ficcionais são parasitas do mundo real”; oferecem um mundo “muito semelhante ao nosso, embora ontologicamente mais pobre” (pág. 91).

Termina aqui a minha breve reflexão sobre o tempo. Muito ainda poderia ser dito ao respeito. Por exemplo, sobre a fraseologia tipo “time is money”, sobre a pressa do homem/mulher atual que “não tem tempo” nem para o essencial. Isso que Mario Sergio Cortella chama tacocracia (no seu livro “Não nascemos prontos”. A tirania dos horários, a rapidez que exigem as engenhocas modernas, supostamente destinadas a servir aos humanos e que acabam subjugando-os. ETC…

Encerro citando uma frase assaz comum no dia-a-dia: matar o tempo. Porém, em vez de matar o tempo, sugiro aproveitá-lo. E nada melhor que aproveitá-lo lendo poesia. Convido, pois, os leitores, a lerem a poesia de Drumond de Andrade mencionada no início deste texto.

O TEMPO PASSA? NÃO PASSA

O tempo passa? Não passa

no abismo do coração.

lá dentro perdura a graça

do amor, florindo em canção.

 

O tempo nos aproxima

cada vez mais, nos seduz

a um só verso e uma rima

de mãos e olhos, na luz.

 

Não há tempo consumido

nem tempo a economizar.

O tempo é todo vestido

de amor e tempo de amar.

 

O meu tempo e o teu, amada,

transcendem qualquer medida.

além do amor não há nada,

amar é o sumo da vida.

 

São mitos do calendário

tanto o ontem como o agora,

e o teu aniversário

é  um nascer a toda hora.

 

E nosso amor que brotou

do tempo, não tem idade,

pois só quem ama escutou

o apelo da eternidade.

Carlos Drumond de Andrade, Poesía Completa. Nova Aguilar, Rio de Janeiro 2004, pág. 1727.

 

Livros consultados:

  • Bíblia, tradução ecumênica
  • VTB – Vocabulário de Teologia Bíblica, Herder Barcelona, 1965
  • Eco, Humberto. Seis passeios pelos bosques da ficção, Companhia das Letras, São Paulo, 1997
  • Ricoeur, Paul. Tiempo y Narración, Siglo XXI, México, 1995

DICIEMBRE, MES GUADALUPANO

 

Presentación

Um tema obligado para diciembre es Navidad. Los mexicanos dirían: “… y Guadalupe”. De acuerdo. Por lo tanto en la primera quincena del mes les ofrezco un breve texto en prosa de Eduardo Galeano sobre Guadalupe y otro en verso, un soneto, del obispo Casaldáliga. En la segunda mitad del mes nos veremos nuevamente.

 

TONANTZIN SE LLAMA GUADALUPE

Mucho después de engendrar a Jesús, la Virgen María viajó a México. Llegó en el año 1531. Se presentó llamándose Virgen de Guadalupe, y por afortunada casualidad la visita ocurrió en ele exacto sitio donde tenía su templo Tonantzin, la diosa madre de los aztecas.

La Virgen de Guadalupe pasó a ser, desde entonces, la encarnación de la nación mexicana: Tonantzin vive en la Virgen, y México y Jesús tienen la misma madre. En México, como en toda América, los dioses prohibidos se han metido en las divinidades católicas, por los caminos del aire, y en sus cuerpos residen.

Tlaloc llueve en san Juan Bautista, y en san Isidro Labrador florece Xochipilli.

Tata Dios es es el Padre Sol.

Tezcatlipoca, Jesús crucificado,  señala desde la cruz los cuatro rumbos donde soplan los vientos del universo indígena.

– Eduardo Galeano

 

ROMANCE GUADALUPANO

Señora de Guadalupe,

patrona de estas Américas:

por todos los indiecitos

que viven muriendo, ruega.

¡Y ruega gritando, madre!

La sangre que se subleva

es la sangre de tu Hijo,

derramada en esta tierra

a cañazos de injusticia

en la cruz de la miseria.

 

¡Ya basta de procesiones

mientras se caen las piernas!

Mientras nos falten pinochas

¡te sobran todas las velas!

 

Ponte la mano en la cara,

carne de india morena:

¡la tienes llena de esputos,

de mocos y de vergüenza!

 

¡La justicia y el amor:

ni la paz ni la violencia!

 

Señora de Guadalupe:

por aquellas rosas nuevas,

por esas armas quemadas,

por los muertos a la espera,

por tantos vivos muriendo

¡salva a tu América!

– P. Casaldáliga.

 

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MEMENTO HOMO…

MEMENTO HOMO…

São as primeiras palavras do que diz o padre na quarta feira de cinzas, quando a liturgia católica nos convida a lembrar nossa condição de mortais. O mesmo convite, embora de outra maneira, nos é feito no início de novembro, no dia de finados. Esse é, pois, o nosso tema do mês.

Era uma vez… uma corte em que o Bobo da mesma se singularizou por uma espécie de fantasia que vestiu, embora não fosse carnaval. Chegou a chamar a atenção do Rei; na opinião dele, a peça condizia com a tolice do Bobo e até a acentuava. Deu-lhe, então, a ordem de levar sempre aquele traje, e só despir-se dele e entregá-lo quando achasse alguém ainda mais tolo.

Tudo voltou à rotina, até quando, estando o Rei gravemente enfermo, foi visitado pelo Bobo. Quando perguntou ao soberano o que se passava, ele explicou que estava por empreender uma viagem muito importante. À pergunta se sua Majestade tinha feito os preparativos necessários, o doente respondeu negativamente. Então o Bobo se despiu da fantasia e a entregou ao Rei.

Numa época mais recente, nos Estados Unidos, Ethel Rosenberg, na véspera da sua execução, supostamente por ter passado segredos militares aos russos no auge da guerra fria, observava que, chegado o momento de “deitarmos sob a terra”, sempre fica algo pendente: “o livro meio lido, o canto interrompido, a tarefa inacabada”…

Ainda que a “desmancha-prazeres” seja um tema incontornável, não tem que ser necessariamente lúgubre. Espero que não seja esse o efeito dos três textos curtos que seguem: a) uma espécie de crônica com viés autobiográfico, b) um breve relato do Oriente Médio, reproduzido por Borges, c) um haiku japonês publicado em Ocidente por O. Paz.

  1. A) Por um tris

Causalidad vs casualidad: a homofonia as aproxima, a semântica as contrapõe. As relações causa-efeito são a praia da filosofia: tudo o que acontece tem um porquê. Já a literatura lida com acontecimentos, reais ou ficcionais, sem se preocupar com a explicação lógica. “A rosa é sem porquê. /Floresce porque floresce” (A. Silesius). A religião, por sua vez, apela a Deus para explicar tudo o que acontece. “Non si muove foglia /che Iddio non voglia” (Sequer a folha de uma árvore se move sem a vontade de Deus); algo poderá acontecer, “se Deus quiser”; “o homem propõe e Deus dispõe”. A qual destes fatores apelaremos para explicar o que “quase – acontece”?…

Aconteceu (ou quase-aconteceu) na última década do século passado. Éramos meia dúzia de viajantes, dois adultos e quatro crianças, nos deslocando de um bairro a outro de Curitiba num vetusto corcel. Os pequenos se acomodaram no banco traseiro do veiculo. A rua que conduz ao centro da cidade atravessa uma avenida cuja prolongação é a BR para o norte do Paraná. Vale esclarecer que a rua e a avenida referidas se cruzam numa lomba bem onde termina a subida e começa a decida para o veiculo que entra na cidade. Consequentemente, o mesmo só é avistado no momento em que cruza. É o semáforo que determina a vez de cada um. A luz mudou para vermelho justo quando chegávamos ao cruzamento; seríamos, pois, os primeiros a passar quando o sinal abrisse.

O comum nesses casos é o motorista ficar de prontidão, até com a marcha engrenada para avançar sem demora quando o turno chegar. Mas no breve intervalo a filha, uma das crianças no banco traseiro, perguntou algo ao pai-motorista; esquecera que ele não gostava de ser incomodado quando estava guiando. E, caso interpelado, nunca prestava atenção; o volante era sua única preocupação. No entanto, desta vez atendeu ao chamado infantil e até se virou para responder, deixando momentaneamente o volante.

Enquanto isso a luz mudou e os motoristas de trás começavam a ficar nervosos. Quando ele engatou a marcha e o carro começava a avançar, atravessou na sua frente uma carreta a grande velocidade; o motorista, “aproveitando o embalo”, desrespeitara a luz vermelha. Caso o motorista do corcel tivesse arrancado no momento em que a luz ficou verde, teria sigo pego em cheio… Os adultos gelamos ante aquilo que “quase – aconteceu”. Pode alguém passar tão perto da morte e ficar ainda vivo?… Em suma, sentimo-nos como que simultaneamente condenados à morte e indultados.

Há tragédias causadas por uma simples contingência, e tragédias evitadas graças a um fato igualmente fortuito – a impertinência de uma criança e a distração de um adulto. De que, de quem depende o empurrãozinho em um sentido ou em outro? Quando o final é feliz, costuma-se dizer quase espontaneamente: graças a Deus! À Providência! Ou quiçá aos Anjos dos quatro pequenos que nos acompanhavam…

 

B)

El gesto de la muerte

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

¡Sálveme! Encontré a la muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera encontrarme en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos.

 

Por la tarde el príncipe encuentra a la muerte y le pregunta:

– Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

– No fue un gesto de amenaza – le responde – sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.

Jean Cocteau, Le grand ecart.

In: JL Borges y AB. Casares. Cuentos breves y extraordinarios. Losada, México 1997, pág. 106.

C)

¿A qué comparo

la vida en este mundo?

Barca de remos

Que en la mañana blanca

Se va sin dejar traza.

El monje Manzei (Manyoshu).

– Japão.