MÁS UM CUENTO DE JUAN RULFO

PRESENTACIÓN

En julio el Blog presenta otro cuento de Rulfo: “La noche en que lo dejararon solo”. El relato tiene como trasfondo la revolución cristera. Éste es el más corto y es menos “anticristero” que los otros escritos donde se trata el tema. Hay versiones, tanto de la novela como de los cuentos, en diferentes lenguas. Los lusófonos pueden leer la última traducción, hecha por Eric Nepomuceno en 2005: “A noite em que deixaram ele sozinho”. 

 

MÁS UM CUENTO DE JUAN RULFO

De seguro no faltarán homenajes al escritor jalisciense conmemorando el centenario de su nacimiento. Nos unimos a ese coro con la presentación en el Blog de otro de sus cuentos. Se trata de La noche en que lo dejaron solo.

Rulfo novelista, Rulfo cuentista

Aparentemente el cuento supone menos esfuerzo, menos habilidad literaria que la novela. El novelista suele gozar de mayor prestigio que el cuentista. Se supone que todo novelista es también cuentista, pero no a la inversa. Curiosamente, los entendidos en la materia dicen lo contrario. Faulkner, por ejemplo, confiesa que después de fracasar como poeta y como cuentista, se dedicó a escribir novelas (Palomo, 2007, 78). Borges no oculta su preferencia por el cuento y su menor aprecio –no necesariamente menosprecio – de la novela. Así lo muestra, como lector y como escritor. Afirma textualmente: Desvarío laborioso  y empobrecedor el de componer bastos libros, el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos (Obras, 1989, I, pág. 429).

Otra diferencia es la relativa a su historia. En antigüedad, el cuento es anterior a la novela. La historia del primero se remonta a tiempos pre-bíblicos, mientras que la de la segunda data de pocos siglos. Además de las diferencias apuntadas, el cuento y la novela se distinguen en el alcance, la elección de los personajes  y el manejo del tiempo. La novela describe toda la vida, o un periodo significativo  de la vida de los personajes, sus éxitos, fracasos y hasta su muerte. Todo eso supone una movimentación en el tiempo, cuyo manejo, bien o mal llevado, puede determinar el éxito o el fracaso de la obra. En el cuento, los personajes no necesitan moverse ni en el espacio ni en el tiempo; ni siquiera necesitan envejecer. En lo tocante a su lectura, leer ininterrumpidamente una novela es prácticamente imposible. El cuento, en cambio, a semejanza de la poesía, debe leerse de una vez, de una sentada, so pena de perder todo o parte de su impacto.

Siendo, pues, el cuento y la novela diferentes, es comprensible que haya cuentistas y haya novelistas. No faltan quienes han cultivado ambos géneros, aunque no siempre con idéntico resultado. En América Latina tenemos cuentistas notables, como Mario Benedetti y Horacio Quiroga, que como novelistas no tuvieron el mismo éxito. ¿Qué decir de Juan Rulfo? Podemos afirmar, sin caer en la “rulfolatría” que nuestro escritor fue exitoso tanto en un género como en el otro. Esta afirmación no es a priori, sino después de haber leído y analizado ambas narrativas.

Con base en lo dicho, se puede decir que cada uno de los 17 relatos que integran El llano en llamas es una unidad per se, con sus propios enigmas y sorpresas. Se perciben, no obstante, rasgos comunes: fragmentación, alteración de la secuencia temporal, falta de protagonismo, ausencia de desenlace,  eliminación o “muerte del autor”, en fin, abandono del esquema propio del cuento tradicional. El escrito de Rulfo se reduce a lo mínimo; queda a cargo del lector inferior lo que insinúan los “puntos suspensivos”, interpretar los frecuentes silencios y efectuar la lectura entre-líneas. El crítico brasileño Davi Arrigucci Jr. (1987: 168) observa: “nele (Rulfo) o recato da fala costuma dar voz ao silencio tornando comum o discurso sem resposta”.

La noche en que lo dejaron solo.

Éste es el cuento más corto de todos y uno de los pocos que tiene un  desenlace venturoso, al menos en parte. El fondo histórico es la Cristiada. Leer o releer aquí mismo el texto anterior que trató justamente ese tema, ayudará a la comprensión del que se presenta ahora. Teniendo en cuenta el contexto histórico, puede plantearse la cuestión suscitada por los estudiosos de la literatura: ¿hasta dónde es permitido mezclar hechos históricos con los puramente ficcionales en el texto literario? El extremo opuesto sería ocuparse de temas puramente fantásticos, sin ninguna relación con el mundo. Rulfo enfrentó un problema semejante cuando lectores ingenuos, nacionales y hasta extranjeros, iban a la región en que se ambientan los cuentos y la novela. Algunos llegaban a preguntar hasta por los personajes o sus parientes. Los mismos habitantes de la región acababan diciendo que su vecino o pariente Juan era un mentiroso: hablaba de cosas y nombraba personas que no habían existido. Rulfo no los contradecía. Pasó incluso a formular un principio: “la literatura es una mentira. Pero mentira que dice la verdad”.

El escritor italiano Umberco Eco trata el tema en su libro-ensayo “Seis passeios pelos bosques da ficção” (versión portuguesa). Cuenta que ha habido personas que han ido a Inglaterra y buscan la casa de Sherlok Holmes en Baker Street. Algo semejante dice que ha ocurrido con lectores de sus novelas. Una de sus conclusiones (Eco, 1997: 91) es la de que los mundos ficcionales son “pequeños mundos que delimitan la mayor parte de nuestro mundo real y que permiten que nos concentremos en un mundo finito, cerrado y muy parecido al nuestro, pero ontológicamente más pobre”. Pues bien, en “La noche en que lo dejaron solo” Rulfo nos introduce en el microcosmo de la Revolución Cristera, en un pequeña porción del mismo. El núcleo de la narración es simple: tres cristeros, cargados de armas caminan apresuradamente; tienen que llegar a un determinado cruce antes que el ejército. Es una cuestión de vida o muerte. La atención se dirige a uno de los tres: muy joven, quizá adolecente. Es Feliciano Ruelas. Él no puede seguir a los adultos; se va quedando rezagado. Al fin, cansado de caminar día y noche, decide descansar. No se sabe cuánto tiempo, el caso es que acabó separándose de los compañeros.

Irónicamente, los adultos que hicieron todo lo que se esperaba, acabaron cayendo en manos de los soldados. El jovencillo que se dejó vencer por el sueño y después emprendió el camino, se salvó. Para eso, tuvo que dejar los fusiles y “deshacerse de las carrilleras” – detalles muy significativos. Las pocas frases que intercambian los soldados se refieren al cristero que falta; sabían que eran tres. “El que falta es un muchachito; muchachito y todo fue el que le tendió una emboscada a mi teniente Parra y le acabó su gente”. Como el tercero tarda en aparecer, uno de los soldados sugiere: “acabalamos con el primero que pase y así se cumplirán las órdenes”. Alusión a las ejecuciones arbitrarias. La muerte de los dos, ahorcados, muestra claramente que no se hacían prisioneros. En este rubro los cristeros no eran mucho mejores.

Vale la pena recordar la poca simpatía de Rulfo hacia la revolución cristera. Las alusiones que a ella se hacen en Pedro Páramo son negativas. La crítica más fuerte y no muy sutil contra la religión, incluyendo la misma cristiada, es la que se encuentra en el cuento Anacleto Morones. Sin embargo, en sus escritos literarios el escritor no es tan explícito como en las entrevistas y algunos de sus escritos ensayísticos. Como posible explicación de la ojeriza del escritor hacia el levantamiento cristero es que un tío suyo era militar, con el rango de capitán y Rulfo le debía algunos favores. ¿Que esto va en menoscabo del escritor? No necesariamente. Eso nada más prueba que él era un ser humano; eso no disminuye su estatura como escritor. Digámoslo más una vez: “rulfología”, sí.  “rulfolatría”, no. Con otras palabras: canonizar, sí; divinizar, no.

 

Conclusión.

Este cuento de Rulfo trae a las mientes un cuento oriental, “El gesto de la muerte”, que Borges y Bioy Casares reproducen en una compilación de “Cuentos breves y extraordinarios”. El gesto de la muerte consiste en avisar a uno de los servidores del príncipe que su fin se acerca. El aludido pide y obtiene ayuda del amo para escapar a toda velocidad. ¿A dónde? Justamente a donde la muerte quería encontrarlo. En el cuento “Talpa”, Tanilo Santos murió “porque ya le tocaba”, dicho frecuente en México cuando se trata el tema. Lo mismo puede decirse de los dos cristeros muertos a pesar de haber hecho lo posible por escapar. En cambio, a Feliciano Ruelas, “todavía no le tocaba”.

“En el orden de la literatura no hay acto que no sea la coronación de una serie infinita de causas y manantial de una infinita serie de efectos” (Borges 1985, 18). En filosofía se estudian los efectos y sus causas – ley de la causalidad. La literatura se ocupa más bien con la “ley” de la casualidad. ¿Por qué esto y no aquello? ¿Por qué aquí y no allá, hoy y no mañana? Por qué, por qué…? Porque sí…

 

Obras citadas

Arrigucci Jr. D. Enigma e Comentário. Companhia das Letras, São Paulo, 1987.

Borges, Obras Completas, vol. I. EMECÉ, Barcelona, 1996.

______, Otras Inquisiciones. Alianza Editorial, Madrid, 1985.

Borges y Bioy Casares, Cuentos Breves y Extraordinarios. Losada, México 1997.

Eco, Umberto. Seis passeios pelos bosques da ficção. Companhia das Letras, São Paulo, 1997.

PALOMO, LITERARIOS. Fondo de Cultura Económica, México 2007.

Rulfo, Juan. El llano em llamas. Fondo de Cultura Económica, México, 1996.

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