JORGE FRANCISCO ISIDORO LUIS BORGES (1899 – 1986)

PRESENTACIÓN

Hace tiempo que he querido ofrecer a los lectores del Blog un texto sobre la “teología” de Borges, tema que ha recibido poca o ninguna atención de quienes estudian su literatura. Al fin decidí presentar antes un texto sobre el escritor mismo; espero que esto sirva de introducción al tema religioso que será abordado posteriormente.

 

JORGE FRANCISCO ISIDORO LUIS

BORGES (1899 – 1986)

Han pasado más de treinta años desde su muerte y aún no se ha dicho todo sobre Borges. Justamente esa es una de las características del libro clásico, según Ítalo Calvino: “un clásico es un libro que nunca acaba de decir lo que tiene que decir” (In: Por qué leer los Clásicos – intr.). Acaba de ser publicado aquí en Brasil, Jorge Schwarz (org.), Companhia das Letras, S. Paulo, un nuevo libro sobre el escritor argentino: BORGES BABILÔNICO – uma enciclopédia”. Se puede decir que el fenómeno Borges es único en la actualidad; ciertamente único en América Latina.

Siendo así, ¿qué les podré ofrecer a los lectores del Blog sobre el escritor y su obra que no hayan ya leído, que no haya sido publicado? Hay algo, sí. El campo en que espero decir algo nuevo, o al menos de forma novedosa es el de las ideas religiosas o teológicas que aparecen con cierta frecuencia en los escritos borgianos. A veces son el tema del escrito, a veces aparecen en forma parentética, como algo de poca o ninguna importancia. Uno de los “borgiólogos” más destacados, Emir Rodríguez Monegal, menciona los problemas teológicos que su biografiado aborda en diversos textos, pero se limita a decir que “la metafísica de Borges descansa en la negativa a todo socorro sobrenatural” (Borges por él mismo, p. 49). En otro pasaje Rodríguez M. aplica a su biografiado una definición de “teólogo” que el mismo Borges elabora: “todo hombre culto es un teólogo, y para serlo no es indispensable la fe” (Ibid., p. 50). Luego, Borges no habría pasado de un teólogo lato sensu. Era de esperarse que la enciclopedia “Borges Babilônico” dedicara entre sus más de mil entradas, por lo menos una al pensamiento teológico o religioso del escritor. Los que nos interesamos por el tema, nos hemos quedado esperando.

El tema “Borges y la religión, Borges y la teología”, o “Borges teólogo laico” será abordado en un segundo escrito. Ahora me propongo hablar de Borges como persona, de su singularidad como escritor ¿latinoamericano? ¿cosmopolita?… Un detalle que interesará a sus lectores y admiradores: ¿por qué no se le otorgó el Premio Nobel de literatura? En caso de que hayan influido factores extra-literarios, ¿es eso legítimo? Quizá el recorrido biográfico que se realice conduzca a alguna crítica del escritor. En principio eso indica que se le considera como ser humano – errare humanum est – con otras palabras: canonizar, sí – nadie negaría a Borges el título de autor canónico; pero divinizar, no.

Borges, ¿escritor latinoamericano?

El escritor se siente, se dice argentino, pero no “latinoamericano”. Para empezar, rechaza la misma palabra: “Latinoamérica es una superstición, y la literatura latinoamericana otra superstición. ¿Cómo va a existir literatura latinoamericana si Latinoamérica no existe?” (Storni, C. 1986: 131). ¿Qué diría el argentino de las naciones europeas, africanas o asiáticas, y de los respectivos continentes? ¿Los declararía también inexistentes? Los escritores de esta, que continuaremos llamando “América Latina” y que los españoles gustan más de llamar “Hispanoamérica”, contemporáneos de Borges se caracterizaron por introducir en sus obras elementos propios de “Esta América” que aún tenía mucho que revelar. Surgió así “el realismo mágico latinoamericano. Los principales representantes de esta tendencia son Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias. Refiriéndose concretamente a Haití, Carpentier decía encontrar a cada paso “lo real maravilloso”, que no era privilegio solo de Haití, sino de toda América Latina. Según J. Franco (1997: 301) lo real maravilloso es más bien una convicción de un número de escritores de que la realidad latinoamericana es muy distinta de la europea. Al urbanismo y a los movimientos obreros de allá corresponde el ruralismo y el caciquismo de los latifundistas de aquí.

Ante la explotación de los campesinos y abusos de las compañías extranjeras con la complicidad de los gobiernos nacionales, el escritor, o se refugiaba en su torre de marfil, o se adhería a las clases explotadas. O el arte por el arte o la literatura comprometida. La historia de la literatura latinoamericana incluye escritores tanto de una como de la otra tendencia. A los que se sentían inspirados para hacer de la pluma un instrumento de ataque en pro de las víctimas de las dictaduras o pseudo-democracias del Continente durante la segunda mitad del s. XX, Monterroso les advertía que debían estar preparados para una de estas tres posibilidades: “el destierro, el encierro o el entierro” (1972: 149). El escritor guatemalteco se considera afortunado por haber sufrido la primera y no una de las otras dos posibilidades. Myrna Mack, guatemalteca como él, no tuvo la misma suerte. Cuando un antropólogo estadunidense se quejaba de que en su tierra las universidades presionaban a los profesores, aplicando el si no publicas, pereces (public or perish), alguien del público le informó: “aquí ocurre lo contrario: pereces si publicas”. Myrna Mack investigó las masacres hechas por los militares en la sierra, entrevistó los sobrevivientes y publicó los resultados. Consecuencia: la mataron a puñaladas por orden del gobierno (Galeano 2012: 138).

En cambio, los que se mantienen “neutrales” u obsequiosos con las autoridades, serán compensados generosamente. Tampoco faltaron los que, después de militar en el bando de los contestadores, pasaron al de la Junta o Dictador en turno, haciéndose acreedores a los “galardones” correspondientes.

¿Cuál es la opinión de Borges con respecto a los problemas socio-económicos de su tiempo? ¿Cuál es su actitud? Como era de esperarse, sufrió severas críticas de algunos escritores jóvenes de su tiempo, escritores a quienes Rodríguez M. llama “parricidas” (Narradores de esta América, vol. I, p. 189). Rodríguez M. se concentra en los escritos de Borges, por consiguiente, tiene sólo elogios para el escritor. Dedica a los mismos un espacio considerable de su obra “Narradores de esta América”. Analiza por separado la poesía, el ensayo y la narración, terminando con “El hombre” y “Una literatura”. Naturalmente, no se puede esperar de este “inventor de Borges”, como lo llama el Prof. Walter C. Costa, una crítica de la vida extra-literaria del escritor. Critica, eso sí, a los latinoamericanos y europeos que no comprendieron a Borges. Aquí Rodríguez M. se explaya sobre la producción literaria de su biografiado. Él, junto con Alfonso Reyes, Andrés Bello, Gabriela Mistral, etc., “toma en sus manos el idioma castellano y lo convierte en un instrumento de aterradora eficacia” (o. c., pág. 190).

El panegirista de Borges prosigue, enumerando a los principales autores jóvenes de Latinoamérica y sus obras. Entre ellos están García Márquez y su “Cien años de soledad”, Carlos Fuentes y “La región más transparente”, etc. Y concluye: “Si hubiera que encontrar un común denominador lingüístico a todas estas novelas de tan distinto origen geográfico y estilístico, ese común denominador sería Borges” R. Monegal, o. c., p. 191). ¿Exageración? ¿Invención de un devoto panegirista que pasa de la exaltación a la quasi-divinización? De ningún modo. El mismo García Márquez, paradójicamente, lo confirma: “aprendí a escribir en las obras de Borges, que no me gustan nada” (Palomo 2007: 19). Algo semejante, en forma más directa, afirma Monterroso: “me gustaría pensar que todo lo que he escrito es en homenaje a Borges” (Id, Ibid.).

Premio Nobel, galardón rehusado

Teóricamente ética y estética son disciplinas independientes y como tales pueden abordarse en su estudio. Pero en la práctica son, deben formar un binomio inseparable. Durante mucho tiempo yo me abstuve de leer a Borges debido a su actitud e ideas extremamente conservadoras, avaladas por declaraciones en pro de las dictaduras, principalmente argentina y chilena.

Hay que reconocer, sin embargo, que Borges no fue uno de los que van “a donde el sol más calienta”, a quienes se suele aplicar el término “chaqueteros”. Entre éstos se puede incluir al ahora español, antes peruano Vargas Llosa. Me limito a mencionar un hecho concreto. En su pasado de contestador este escritor participaba en un encuentro promovido por la revista Vuelta, en que participaban escritores latinoamericanos, con Octavio Paz como anfitrión. Es el año 1990, con Carlos Salinas de Gortari como presidente. Cuando le tocó a Vargas Llosa hablar y el contexto lo propició, llamó al sistema político mexicano “la dictadura perfecta”; y explicó detalladamente. Resultado: fue declarado persona non grata e invitado a retirarse del evento y de México. Pues bien, el Vargas Llosa de ahora visita México, gobernado propiamente sin interrupción por la misma “dictadura perfecta” y visita al presidente Peña Nieto. Como el gobierno de México continúa como antes, o aun peor, quien cambió fue el escritor. Eso sí que es tener memoria corta.

A Borges se le pueden achacar otros defectos, pero no el de “chaquetero”. Fue conservador; se puede incluso decir que era de extrema derecha. En primer lugar, detestaba a Perón. Sin embargo, sobre la dictadura declaraba: “Una dictadura no me parece censurable. A simple vista parece que coartar la libertad está mal, pero la libertad se presta a abusos” (Stortini 1986: 63). En consecuencia, veía la democracia como “abuso de la estadística”. Explica: “a menudo otorga el poder a quien no lo merece”. Y concluye irónicamente: “las elecciones deben ser postergadas 300 o 400 años” (Ibid., p. 57).

Sus ideas políticas y sus declaraciones sin pelos en la lengua le granjearon muchas antipatías, en Argentina y en el extranjero. En la universidad de Columbia los estudiantes llegaron a ofenderlo; y él parece haber perdido los estribos (Pascual A. M. 2000: 51). En su visita a Chile en 1976 hizo que muchos de sus admiradores “pasaran del encanto al desencanto cuando lo vieron estrechar la mano de Pinochet” (Teitelboim: 2003: 216). Los homenajes al escritor tuvieron lugar del 15 al 22 de septiembre, justamente cuando se planeaba y se ejecutaba el asesinato de Orlando Letelier y su secretaria, por los agentes de Pinochet, el 21 de septiembre.

El doble asesinato, cometido en la capital de EE. UU., conmovió a Chile y provocó fuerte reacción en el extranjero, pero Borges parece no haberse enterado. De vuelta en Argentina un periodista lo cuestiona sobre su apoyo a Pinochet, siendo el escritor poco versado en política. Responde que lo apoya “porque parece que si ahora Chile está salvándose y salvándonos, le debo gratitud” (Id., Ibid. p. 221). Refiriéndose luego a Argentina, declaró:

“El presidente de la república, general Videla, nos invitó a almorzar a un grupo de escritores, y yo le dije: “He venido a agradecerle personalmente, general, lo que usted ha hecho por la patria, salvándola del oprobio, del caos, de la abyección en que estábamos, de la idiotez…” (Id., Ibid.).

Según dice este mismo periodista, esa declaración fue la última gota… Borges, que figuraba en primer lugar en la lista de los “papabili”, es decir, candidatos para recibir el Premio Nobel de literatura, fue calladamente borrado. Cita luego literalmente a un miembro del jurado del Comité, Arthur Lundkvist: “soy y seré tenaz opositor a la concesión del Premio Nobel de Literatura a Borges por su apoyo a la dictadura de Pinochet, que ha sido usado por la propaganda de la tiranía para intentar una operación cosmética” (Ibid., p. 233).

Privarse de la lectura de Borges a causa de sus ideas políticas sería un desatino. Y ¿leerlo sin tener en cuenta su actitud conservadora?… Llama la atención el hecho de que la mayoría de sus biógrafos se limita al aspecto literario. Algunos llegan al extremo de la apología, tocando la idolatría. Han de pensar que, puestos en una balanza los méritos y deméritos del escritor, el peso de los segundos es nada ante el volumen de los primeros.

Volviendo al binomio ética-estética, el cultivo equilibrado de ambas es la respuesta. En efecto, “una moral sin estética es fea y una estética sin moral resulta perversa” (Teitelboim, o. c., p. 182). El Borges que seduce al lector con textos que lo llevan a tocar, ora un, ora otro abismo, “también lo entristecen al apoyar generales para los cuales la estadística de mil o diez mil desaparecidos no resulta espeluznante” (Id., p. 182).

Termino ahora trayendo a Borges al mundo de los humanos, rescatándolo de las cumbres semi-divinas en que lo colocan sus admiradores y de los abismos en que lo ponen sus detractores. Eso se encuentra en la serie de adjetivos que le aplica otro argentino contemporáneo suyo, el escritor Ernesto Sábato:

 

“A Usted, Borges, ante todo lo veo como un gran poeta. Arbitrario, genial, tierno, relojero, débil, grande, triunfante, arriesgado, temeroso, fracasado, magnífico, infeliz, limitado, infantil, inmortal” (Id., pág. 216).

 

Bibliografía

BORGES, J. L. Obras Completas. 4 vols. EMECE, Barcelonz 1989.

FRANCO, J. Historia de la literatura hispano-americana. Ariel, Barcelona 1987.

GALEANO, E. Los hijos de los días. Siglo XXI, Buenos Aires 2012.

PALOMO, J. LITERATOS. Fondo de Cultura Económico, México 2007.

PASCUAL, A. M. Jorge Luis BORGES. OCEANO, Barcelona 2000.

RODRÍGUEZ MONEGAL, E. Narradores de esta América, 2 vols. Alfadil Ediciones, Venezuela 11992.

______, Borges por él mismo. Monte Avila Editores, Venezuela, s/f.

SCHWARZ, J. (Org.). BORGES BABILÔNICO – uma enciclopédia. Companhia das Letras, São Paulo, 2017.

STORTINI, C. R. El dicionário de Borges. Editorial Sudamericana, s/f.

TEITELBOIM, V. Los dos Borges – Vida, sueños, enigmas. Ediciones Merán España – México, 2003.

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