BORGES, “TEÓLOGO LAICO”

PRESENTCIÓN

Este texto es propiamente continuación del anterior. Me percato que aún hay mucho qué decir sobre el tema. En un futuro próximo podrá aparecer un escrito monográfico, es decir, que trate un tema específico en el ámbito de la teología, por ejemplo: “la inmortalidad en Borges”, “el tiempo y la eternidad”, etc.

                       BORGES, “TEÓLOGO LAICO”

Introducción

En uno de sus relatos (“El enigma de Fitzgerald” – Otras inquisiciones) Borges llama “teólogo” al persa Umar ben Ibrahim, que, siendo ateo, interpreta de forma ortodoxa los pasajes más arduos del Alcorán, porque “todo hombre culto es un teólogo y para serlo no es indispensable la fe”. Usando esa afirmación como premisa podemos aplicar el mismo título a Borges: siendo él una persona sumamente culta, es teólogo, tenga o no fe.

Su frecuente alusión a temas religiosos y su discusión de los mismos nos obliga a preguntar cuál habrá sido su creencia religiosa. Según su biógrafo literario Emir Rodriguez Monegal (1980:49) Borges era agnóstico. Agnosticismo, como lo indica la etimología, es la creencia que considera inaccesible a la mente humana todo lo referente a otro u otros mundos. A diferencia del ateo, el agnóstico no niega la existencia del Ser o seres sobrenaturales, pero niega la capacidad de la mente humana para conocerlos cabalmente. Rafael Narbona, crítico literario español, afirma que Borges era escéptico en materia religiosa; declaró con humor: “todo es posible, hasta Dios” (Blog Etreclásicos, consulta 5.10.17).

Según el crítico literario Harold Bloom, “el agnosticismo es, en la práctica, la religión de la literatura (Boom 2002: 22). Cita enseguida a escritores de renombre que fueron agnósticos: V. Hugo, Shelley, Rainer Maria Rilke, etc. Boom considera, además, el agnosticismo “simplificado” más acorde con la noción de genio, título de su libro aquí citado. “Se trata de un conocimiento que libera a la mente creativa de los dictámenes de la teología, del historicismo y de cualquier divinidad que se anteponga a aquello que existe de más concreto en el YO” (Id., Ibid.).

 

Fecuencia del tema religioso en Borges

Es frecuente la presencia del tema religioso en los poemas, cuentos y relatos de Borges; unas veces aparecen de forma explícita otras, implícita. Algunos de los primeros son: “Los teólogos”, “Tres versiones sobre Judas”, “El evangeliso de Marcos”, “El inmortal”, “La escritura de Dios”, etc. Otros escritos donde la teología y la religión se tratan más tangencialmente son: “Tlön, Urqbar, Orbis Tetius”, “Los dos reyes y los dos laberintos”, “El tiempo y J. L. Dunne”, “Nueva refutación del tiempo”, etc.

En el prólogo del escrito “Nueva refutación del tiempo” (Otras inquisiciones, pág. 170), Borges se reconoce como un argentino extraviado en la metafísica”. Y en el epílogo del mismo libro se siente en la necesidad de explicar el porqué de su recurso al tema religioso: valoriza “las ideas religiosas y filosóficas por lo que encierran de singular y maravilloso”; y añade: “esto es quizá indicio de un escepticismo esencial” (Id., pág. 192).

Rodríguez Monegal, biógrafo y gran admirador de Borges enumera los frecuentes recursos de Borges a los temas “metafísicos”, en los que ocupan un lugar destacado la filosofía y la teología. La especulación metafísica, evidente en la poesía, continúa en la producción ensayística del escritor. “Se presenta por lo general bajo la forma de un examen de alguna doctrina particular o tema básico de la filosofía o teología; análisis al que siempre aporta Borges su dialéctica y sus intuiciones personales” (Rodríguez Monegal, E., vol. I, pág. 207). Sin embargo, R. Monegal admite la posibilidad de que las incursiones de Borges en el campo de la metafísica (filosofía y teología) no tengan ningún valor filosófico o teológico” (Borges por él mismo, p. 50).

A continuación se analizarán algunos textos en que las ideas teo-filosóficas son más evidentes. Conviene aclarar que “metafísica” aquí, se entiende como sinónimo de trascendencia y se refiere a ideas de religiosas y teológicas; diferente, pues, de la metafísica como disciplina filosófica.

Cristo: extraordinario ser humano

Cristo en la cruz

Es uno de los poemas en que Borges trata explícitamente el tema que ahora nos interesa. Del mismo tipo es El evangelio de Marcos. El tema vuelve a aparecer en la entrevista que el escritor da a Osvaldo Ferrari, posteriormente publicada (Reencuentro – Diálogos Inéditos).

El poema Cristo en la cruz, de 36 endecasílabos, rima libre, presenta una imagen de Cristo muy diferente de la tradicional. No hay nada que haga suponer que uno de los tres crucificados, Èl, sea diferente de los otros dos; las cruces son iguales, Él ni siquiera está en medio. Además, lo dice explícitamente: El rostro no es el rostro de las láminas (v. 5º). También queda del todo claro que Cristo es un ser humano; se dice también verbalmente: Sabe que no es un Dios y que es un hombre (v. 25º ). Lo especial es lo referente a su doctrina: Nos ha dejado espléndidas metáforas / y una doctrina del perdón que puede / anular el pasado (v. 28-30). Termina con la interrogación: ¿De qué puede servirme que aquel hombre / haya sufrido, si yo sufro ahora?. Pregunta que queda sin respuesta.

El escritor elabora un poco más en la entrevista antes mencionada. Basta el entrevistador proponer el tema – “la figura de Cristo”, para que Borges dispare con un discurso que en forma escrita ocupa más de media página. Considera siempre “inverosímil que Cristo sea la encarnación humana de Dios” (pág. 97). Luego afirma: fue de alguna manera el hombre más extraordinario que recuerda la historia. Después habla de las metáforas. Cristo creo imágenes que ni los clásicos han llegado a igualar, menos aún a superar. Cita como ejemplo: “arrojar las perlas a los puercos”, “dejar que los muertos entierren a sus muertos”; y respuestas como: “el que esté sin pecado…”. Aquí dirá Leminski, poeta brasileño, “el hombre que da esas respuestas (a los poderosos, se entiende) no tendrá vida larga, ni morirá en la cama”. (JESUS a. c., pág. 34).

“La mejor parte de la doctrina de Jesús es trasmitida por las parábolas, juegos de palabras y recursos de arte que solo un poeta, como profeta de Israel puede producir” (Id., p. 67). El poeta Leminski coincide con el poeta Borges en lo tocante a ciertos rasgos de Cristo. En la entrevista Borges recuerda también un poema en que menciona el corto intercambio de mensajes entre Cristo y uno de los ladrones. Se trata del poema Otros dones. El poeta “da gracias al divino por las palabras que en un crepúsculo se dijeron / de una cruz a otra” (Nueva Antología, p. 32).

La figura de Cristo evoca la de Sócrates, otro ser humano excepcional. Al compararlos, Borges recuerda ciertos detalles que pusieron al Griego en ventaja respecto al Hebreo. “Según parece, Sócrates pudo conversar con Pitágoras, con Zenón de Elea y con Platón. En cambio, Cristo, claro, con los discípulos” (Pág. 102).

Tres versiones sobre Judas

Judas, el traidor, evoca de inmediato la figura del traicionado: Cristo. Aquí Borges le da un giro de 180 grados a la doctrina tradicional del catolicismo; no sólo absuelve a detestado apóstol, lo pone al nivel de Cristo, considerándolo como corredentor. Empieza citando a un cierto Runeberg Nils, personaje inexistente como lo indican los nombres, carentes de significado: Nil, en inglés, significa nada, cero y Runne,” idescifrable” (Borges Babilónico). Esta Enciclopedia concluye el breve texto dedicado a la entrada “Runeberg” con el siguiente resumen: “El cuento propone la redención de Judas bajo varias interpretaciones que justifican sus actos y lo trasforman en mártir. Una narrativa más de Borges que aborda el tema del traidor y del héroe, pasando por las versiones de la Sagrada Escritura”.

El tema de este texto ya fue tratado en el texto enviado al Blog anteriormente, donde está con el título “La pasión de Judas”. La discusión en torno al vilipendiado discípulo de Cristo se ha visto enriquecida también por el libro de Amós Oz: JUDAS. El punto de vista expresado en él coincide con el de Borges. Ideas afines se encuentran también en “El Evangelio según Jesucristo” de José Saramago. Dicho texto concluyó con un soneto de Don Casaldáliga en el que llama a Judas “hermano” y “compañero”.

Concluyo el tema citando una idea central del relato y que considero de grande significado teológico: “El Verbo, cuando fue hecho carne pasó de la ubicuidad al espacio, de la eternidad a la historia, de la dicha sin límites a la mutación y a la muerte. Para corresponder a tal sacrificio, era necesario que un hombre, en representación de todos los hombres, hiciera un sacrificio condigno. Judas Iscariote fue ese hombre” (Borges, Obras Completas, vol. I, pág. 15).

Amor verdadero

Tratar, aunque fuera someramente, todos los textos donde Borges toca de un modo u otro la trascendencia sería cuento de nunca acabar. Para concluir este escrito abordo un tema al que Borges dedica especial atención, tanto en textos suyos como en los compilados con la ayuda de su amigo y colaborador, Bioy Casares. El tema en cuestión es el verdadero amor.

En “La Cifra” (Borges 1981) hay dos textos cortos en forma de poema, que tratan el mismo tema. El primero de ellos es “SHINTO”. Aquí se describen las simples experiencias de la vida cotidiana, … “que nos salvan cuando nos anonada la desdicha”. Al fin del texto se explica algo más de esa religión: “ocho millones son las divinidades del Shinto que viajan por la tierra, secretas. Esos modestos númenes nos tocan, nos tocan y nos dejan”.

En el texto siguiente, “EL FORASTERO”, narrado en primera persona, se explica algo más: “El Shinto es el más leve de los cultos. El más leve y el más antiguo…”. Viene poco después lo que por ahora nos interesa: “nos dice que debemos obrar bien, pero no ha fijado una ética (…) No quiere intimidar con castigos ni sobornar con premios”.

Imposible no ver aquí una fuerte crítica al cristianismo, principalmente al ramo católico en que se ha insistido demasiado en el aspecto ético, y en su doble efecto: cielo en caso de bueno, infierno en caso de mal comportamiento.

El tema es retomado en el “Libro del cielo y libro del infierno” (“Borges – Bioy Casares, 1999). Ya en el prólogo se revela el criterio que guió a los compiladores en la selección de los textos: “hemos buscado lo esencial, sin descuidar lo vívido, lo onírico, lo paradójico”. Pues bien, el primer cuento es: “Por un amor desinteresado”. El obispo Ivo, en viaje para un cierto menester, encuentra a una mujer de aspecto “melancólico, religioso y fantástico”; lleva un cántaro de agua en una mano y una antorcha encendida en la otra. A la pregunta del obispo qué significa aquello, la mujer responde: “el agua es para apagar el Infierno; el fuego, para incendiar el Paraíso. Quiero que los hombres amen a Dios por el amor de Dios”.

El segundo texto reproducido en el libro es el conocido soneto anónimo del s. XVI: “no me mueve, mi Dios, para quererte”… El último terceto concluye: “No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera”.

Siguen inmediatamente después otros textos que trasmiten la mismo idea. Y a lo largo de las 184 páginas se presentan textos cortos de diversos autores en que el tema religioso es visto bajo el aspecto literario, aunque no siempre de acuerdo con la ortodoxia cristiano-católica.

Por ahora nos quedamos aquí. Sobre Borges y el tema ahora abordado se podría decir mucho más. Para terminar hago mía la conclusión del profesor R. Narbona, antes citado. Él empezó preguntándose si Borges era filósofo. Concluye que no. Y explica: “Borges es un clásico literario, quizá el mayor de la segunda mitad del siglo XX en lengua castellana”.

Referencias bibliográficas

BLOOM, H. GÊNIO – Os 100 autores mais criativos da história da literatura. Rio de Janeiro 2003.

BORGES, J. L. Obras Competas, EMECÉ EDITORES, Barcelona 1989.

BORGES – BIOY CASARES, Libro del cielo y libro del infierno. EMECÉ, Buenos Aires, 1999.

FERRARI, Osvaldo, Jorge Luis Borges – REENCUENTRO Diálogos inéditos. Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1999.

LEMINSKI, Paulo. JESUS a C. Editora Brasiliense, Saõ Paulo 1989.

RODRÍGUEZ MONEGAL, E. Borges por él mismo. Monte Avila Editores, Venezuela, 1980.

________, Narradores de esta América. Alfadil Ediciones, Argentina 1986.

SÁBATO, Ernesto, El escritor y sus fantasmas. Seix Barral, Barcelona 1998.

SCHWARTZ, Jorge (org.), BORGES BABILÔNICO – uma enciclopledia. Companhia das Letras, São Paulo, 2017.

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