O duelo entre a vida e a norte

PRESENTACIÓN

El tema es, una vez más, la resurrección de Cristo. Cedo la palabra al teólogo Leonardo Boff. Me limito a poner en español lo que él dice en portugués; con un breve comentario, referente a la situación actual vivida por el Pueblo brasileño.

 

O duelo entre a vida e a norte

Leonardo Boff

 

Num dos mais belos hinos da liturgia cristã da Páscoa, que nos vem do século XIII, se canta que “a vida e a morte travaram um duelo; o Senhor da vida foi morto mas eis que agora reina vivo”. É o sentido cristão da Páscoa: a inversão dos termos do embate. O que parecia derrota era, na verdade, uma estratégia para vencer o vencedor, quer dizer a morte. Por isso, a grama não cresceu sobre a sepultura de Jesus. Ressuscitado, garantiu a supremacia da vida.

A mensagem vem do campo religioso que se inscreve no humano mais profundo, mas seu significado não se restringe a ele. Ganha uma relevância universal, especialmente, nos dias atuais, em que se trava física e realmente um duelo entre a vida e a morte. Esse duelo se realiza em todas as frentes e tem como campo de batalha o planeta inteiro, envolvendo toda a comunidade de vida e toda a humanidade.

Isso ocorre porque, tardiamente, nos estamos dando conta de que o estilo de vida que escolhemos nos últimos séculos, implica uma verdadeira guerra total contra a Terra. No afã de buscar riqueza, aumentar o consumo indiscriminado (63% do PIB norte-americano é constituído pelo consumo que se transformou numa real cultura consumista) estão sendo pilhados todos os recursos e serviços possíveis da Mãe Terra.

Nos últimos tempos, cresceu a consciência coletiva de que se está travando um verdadeiro duelo entre os mecanismos naturais da vida e os mecanismos artificiais de morte deslanchados por nosso sistema de habitar, produzir, consumir e tratar os dejetos. As primeiras vítimas desta guerra total são os próprios seres humanos. Grande parte vive com insuficiência de meios de vida, favelizada e superexplorada em sua força de trabalho. O que de sofrimento, frustração e humilhação ai se esconde é inenarrável. Vivemos tempos de nova barbárie, denunciada por vários pensadores mundiais, como recentemente por Tsvetan Todorov em seu livro O medo dos bárbaros (2008). Estas realidades que realmente contam porque nos fazem humanos ou cruéis, não entram nos calculos dos lucros de nenhuma empresa e não são considerados pelo PIB dos países, à exceção do Butão que estabeleceu o Indice de Felicidade Interna de seu povo. As outras vítimas são todos os ecossistemas, a biodiversidade e o planeta Terra como um todo.

Recentemente, o prêmio Nobel em economia, Paul Krugmann, revelava que 400 famílias norte-americanas detinham sozinhas mais renda que 46% da população trabalhadora estadunidense. Esta riqueza não cai do céu. É feita através de estratégias de acumulação que incluem trapaças, superespeculação financeira e roubo puro e simples do fruto do trabalho de milhões.

Para o sistema vigente e devemos dizê-lo com todas as letras, a acumulação ilimitada de ganhos é tida como inteligência, a rapinagem de recursos públicos e naturais como destreza, a fraude como habilidade, a corrupção como sagacidade e a exploração desenfreada como sabedoria gerencial. É o triunfo da morte. Será que nesse duelo ela levará a melhor?

O que podemos dizer com toda a certeza que nessa guerra não temos nenhuma chance de ganhar da Terra. Ela existiu sem nós e pode continuar sem nós. Nós sim precisamos dela. O sistema dentro do qual vivemos é de uma espantosa irracionalidade, própria de seres realmente dementes.

Analistas da pegada ecológica global da Terra, devido à conjunção das muitas crises existentes, nos advertem que poderemos conhecer, para tempos não muito distantes, tragédias ecológico-humanitárias de extrema gravidade.

É neste contexto sombrio que cabe atualizar e escutar a mensagem da Páscoa. Possivelmente não escaparemos de uma dolorosa sexta-feira santa. Mas depois virá a ressurreição. A Terra e a Humanidade ainda viverão.

 

Duelo entre la vida y la muerte

Traducción

 

En uno de los himnos más hermosos que nos viene del siglo XIII se canta que “la vida y la muerte trabaron un duelo; el Señor de la vida fue muerto pero he aquí que, ahora vivo, reina”. Ese es el sentido de la Pascua: la inversión de los términos. Lo que parecía una derrota era en realidad una estrategia para vencer al vencedor, la muerte. Por eso la hierba no creció sobre la sepultura de Jesús. Resucitado, garantizó la supremacía de la vida.

El mensaje viene del campo religioso, que se insiere en lo humano más profundo, pero su significado va más allá. Adquiere una relevancia universal, principalmente en la actualidad en que se  da física y realmente un duelo entre la vida y la muerte. Ese encontronazo ocurre en todos los frentes y tiene como campo de batalla el planeta entero, involucrando a toda la comunidad viviente y a toda la humanidad.

Eso sucede porque nos estamos dando cuenta, demasiado tarde, de que el estilo de vida que hemos escogido en los últimos siglos implica una verdadera guerra total contra la Tierra. En el afán de buscar riqueza, de aumentar el consumo indiscriminado (63% del PIB norteamericano está constituido por el consumo que se trasformó en una cultura consumista) se están dilapidando los recursos y servicios de la Madre Tierra.

En tiempos recientes ha crecido la consciencia colectiva de que se está emprendiendo un verdadero duelo entre los mecanismos naturales de la vida y los mecanismos artificiales de la muerte, causado por nuestro sistema de habitar, producir y tratar los deshechos. Las primeras víctimas de esta guerra total son los mismos seres humanos. Gran parte vive con insuficiencia de recursos, en villas miseria y explotados como fuerza de trabajo. Cuánto sufrimiento, frustración y humillación hay atrás de todo eso, es inenarrable. Vivimos tiempos de nueva barbarie, denunciados por varios pensadores mundiales, como lo ha hecho recientemente Tsvetan Todorov en su libro El miedo de los bárbaros (2008). Estas realidades que verdaderamente cuentan porque nos hacen humanos o crueles, no entran en el cálculo de los lucros de ninguna empresa y no son tomados en cuenta por el PIB de los países, con excepción de Buthon que estableció el Índice de Felicidad Interna de su pueblo. Las otras víctimas son todos los ecosistemas, la biodiversidad y el planeta Tierra como un todo.

Recientemente el premio Nobel de economía, Paul Krugmann, reveló que 400 familias norteamericanas poseen ellas solas más renta que el 46% de la población trabajadora estadunidense. Esta riqueza no cae del cielo. Se logra mediante estrategias de acumulación que incluyen trampas, superespeculación financiera, robo puro y simple del fruto de trabajo de millones.

Para el sistema vigente, y debemos decirlo con todas las letras, la acumulación ilimitada de lucros se tiene como inteligencia, la rapiña de recursos públicos y naturales como destreza, el fraude como habilidad, la corrupción como sagacidad y la explotación desenfrenada como sabiduría gerencial. Es el triunfo de la muerte. ¿Será ella la vencedora en este duelo?

Lo que podemos decir sin riesgo a engañarnos es que en esta guerra no tenemos ninguna posibilidad de ganarle a la Tierra. Ella existió sin nosotros y puede continuar sin nosotros. Nosotros somos los que la necesitamos a ella. El sistema dentro del cual vivimos es de una espantosa irracionalidad, propia de seres realmente dementes.

Analistas del movimiento ecológico global de la Tierra, debido a simultaneidad de muchas crisis existentes, nos advierten que podremos conocer, en tiempo no muy distante, tragedias ecológico-humanitarias de extrema gravedad.

Este es el contexto sombrío que se debe tener en cuenta al escuchar el mensaje de Pascua. Posiblemente no escaparemos de un doloroso viernes santo.  Pero luego vendrá la resurrección. La Tierra y la Humanidad continuarán vivos.

El autor

Leonardo Boff, teólogo laico brasileño, tiene una biografía muy interesante. Su actividad literaria se puede dividir entre “clerical” o “eclesiástica” y “pos-clerical” o laica. Mirando su trayectoria podemos concluir que su salida del ministerio sacerdotal fue una reacción a la presión o más bien persecución, de las autoridades eclesiásticas. En su entrevista a la TV Cultura (Brasil) contaba la manera autoritaria como lo habían tratado. El “Inquisdor mayor” entonces, era el Card. Joseph Ratzinger, en tiempo del papa Wojtyla. Boff dice haberse sentido como en tiempos de la Inquisición; solo faltó que lo condujeran maniatado en presencia de los inquisidores. Como castigo por su producción literaria en pro de la teología de la liberación y critica del autoritarismo eclesiástico, se le impuso un año de mutismo, “silencio obsequioso”. Objeto de tal obsequio no era otro sino el polaco Juan Paulo II.

Su nuevo ministerio

Boff fue propiamente obligado a dejar el ministerio sacerdotal. Se creía que, quitándole el púlpito, no habría más quien lo escuchara. Se equivocaron. El otrora teólogo franciscano ha dejado de ser fraile franciscano, pero no ha dejado de ser teólogo. Según Borges, “todo hombre culto es un teólogo, y para ello nos es indispensable la fe”. Por supuesto, al dejar el hábito Boff no ha dejado la fe. Continúa hablando de Dios y de Cristo con un entusiasmo aún mayor que antes, enriqueciendo su visión teológica con el énfasis en la antropológica. De ahí su preocupación por el hombre y por la mujer de carne y hueso, manifiesto en su abordaje de temas sociales, ambientales y de género.

En el texto “Duelo entre la vida y la muerte” vemos cómo aproxima la pasión, muerte y resurrección de Cristo a la situación vivida actualmente por la Tierra, por sus habitantes. El triunfo de Cristo sobre la muerte garantiza del triunfo de la Humanidad. Pero eso no le evita un doloroso “viernes santo”, después del cual vendrá el triunfo dela Madre Tierra, con o sin los seres humanos. No olvidemos que la Tierra existió antes que los humanos, y puede continuar sin ellos.

Vale la pena mencionar aquí la última aparición de Leonardo Boff en público: la visita al ex presidente Lula, visita frustrada porque la autoridad correspondiente negó el permiso. Boff iba acompañando al pacifista y detentor del Premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel. La Juez, actuando en acuerdo con el autoritarismo en que vive actualmente el Brasil, negó la licencia para que un pacifista y un teólgo visitaran a un “preso político”. En entrevista Boff declaró: “el ex presidente Lula no es un político preso. Es un preso político”.

La metáfora del duelo muerte-vida que encabeza el texto aquí comentado, puede aplicarse a la situación actual del pueblo brasileño. Las fuerzas de la muerte han desencadenado una lucha contra el movimiento de libertad y bienestar que para el pueblo pobre representan la vida. ¿Cuál vencerá? Aparentemente las fuerzas “mortales” o mortíferas son invencibles. Quienes han tenido la sartén por el mango quieren continuar así por tiempo indefinido.

Ojalá el pueblo que habla y se manifiesta pacíficamente en defensa de quien mejor lo ha representado, encuentre el apoyo de las diferentes iglesias, principalmente de las que se declaran “cristianas”. Sobre la cristiano-católica, mayoritaria en Brasil, es de esperarse que, para hablar de justicia y derechos humanos, sus ministros no tengan que “colgar el hábito”, como tuvo que hacerlo Leonardo Boff.

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RESURRECCIÓN Y REENCARNACIÓN

PRESENTACIÓN

Celebramos en estos días la pasión, muerte y resurrección de Cristo. “Resucitó. No está aquí (en la tumba)”. Nosotros, cristianos, haremos el mismo recorrido. Pero nuestra resurrección no será “al tercer día”, sino un poco después.

RESURRECCIÓN Y REENCARNACIÓN

Introducción

Pasado el bullicio del carnaval sigue el tiempo de cuaresma, que termina con el Domingo de Ramos. Viene luego la semana santa, en que se conmemora la pasión y muerte de Cristo, culminando con la Resurrección: Domingo de Pascua. Borges, que aborda literariamente temas teológicos, dice a propósito de la encarnación: “el Hijo de Dios, al hacerse hombre pasó de la ubiquidad al espacio, de la eternidad a la historia, de la dicha sin límites a la mutación y a la muerte”. A esta cita se puede añadir el poema “Cristo en la cruz” del mismo Borges. En general lo que figura como símbolo del Cristianismo es la cruz o el Crucifijo. La Resurrección de entre los muertos, artículo fundamental de la religión católica queda en segundo plano y no siempre con la relevancia que le corresponde.

El cristiano cree, no solo en Cristo crucificado y muerto de forma horrenda, sino en la Resurrección de entre los muertos, triunfo en el que participan quienes creen en Él. “El que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales” (Rm 8, 11). Esa nueva vida prometida al cristiano no es sino la vida del mismo Cristo. “Si muere en Cristo, también resucitará con Èl”. La cuestión es el cuando.

En efecto, en cada misa dominical se profesa la muerte y resurrección de Cristo. Esa profesión de fe o Credo termina proclamando “la resurrección de la carne”, nuestra propia resurrección. ¿“Resurrección”?, ¿“Reencarnación”?, ¿“Inmortalidad”? …

Certeza de la muerte, incertidumbre del “después”

“Se necesitan nueve meses para hacer un ser humano, y basta un día para matarlo”, constata un personaje de La Condición Humana (Malraux 1972, 301). A ese pesimismo de la literatura existencialista responde la Iglesia Católica en el prefacio de la misa de difuntos: “vita mutatur, non tollitur” (la vida se transforma, no se aniquila). El Catecismo de la misma Iglesia afirma: “En la muerte es donde la condición humana alcanza su punto más alto”. Los justos “los que mueren en Cristo, participan de su muerte y también de su resurrección” (n. 1006). En otro catecismo, el polémico“ Catecismo Holandés” que apareció en tiempo del Concilio Vaticano II, leemos: “Nunca encontrará el hombre ni dará en su vida bastante amor, verdad, libertad, belleza, bondad y alegría. Vivimos continuamente tensos hacia un nuevo mañana”. Partiendo de esa insatisfacción absoluta del ser humano, dicho Catecismo concluye: “vivimos con la mira puesta en algo último y definitivo”. Esa situación de espera en vive el cristiano es la esperanza: creo (espero) en la resurrección de la carne.

El aval de la esperanza cristiana es el mismo Cristo: las resurrecciones que hizo, su palabra su propia Resurrección. Entre las primeras está la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5, 21-43). Cuando le avisan al padre de la niña que su hija ya murió, que no incomode más al Maestro, el Nazareno responde como en broma: “la niña no está muerta sino dormida”. Llama igualmente “sueño” a la muerte del amigo Lázaro: “nuestro amigo duerme” (Jn 11, 11). Recordemos ahora el pasaje narrado en Mc 4, 35-41: los Discípulos se ven en serios apuros, mientras el Maestro duerme (Mc 4, 38). Asustados, lo despiertan. Él los llama poco menos que cobardes; calma luego la tempestad. Ahora los discípulos muestran otro tipo de espanto: “ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Pues quién es éste a quien hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mc 4, 41). Aquí se puede preguntar: ¿quién es éste a quien hasta la muerte obedece? En varias ocasiones se observa el aturdimiento del ser humano por algo que lo desborda. Viene enseguida la voz que lo tranquiliza: “no temáis” (Mt 6, 22-34; Lc 5, 9-11; 12. 32; Act 2, 43).

Durante su vida pública Jesús demostró claramente que su propia muerte no le llegaría de sorpresa. La anunció en repetidas ocasiones, añadiendo siempre la resurrección al tercer día: (Mc 8, 31; 9, 31; 10, 34). En Mateo Jesús alude al “signo de Jonás”: “el hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno dela tierra”( Mt 12, 40). Es el signo del templo: “destruid este templo y yo lo reedificaré en tres días”. Los Evangelistas explican que es una metáfora: “hablaba del templo de su cuerpo” (Jn 2, 21; Mt 26, 61). Son también de suma importancia las palabras de Cristo con ocasión de la resurrección de Lázaro: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá” (Jn 11, 25).

Resurrección de Cristo, resurrección del cristiano

Los textos bíblicos, tanto de los Evangelios como de las Cartas de S. Pablo, usan el mismo concepto, Resurrección, cuando tratan de Cristo y de los cristianos. La vida cristiana es una resurrección anticipada. La resurrección de Lázaro es ya una prueba de ello: “yo soy la resurrección y la vida”. Así se afirma también en la primera carta de S. Juan (1Jn 3, 14): “nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida”. El tema pascual y la nueva vida de los bautizados son, según S. Pablo, una participación en la vida de Cristo Resucitado (Col 2, 12; Rm6, 4ss).

Si Cristo resucitó, también nosotros, cristianos, resucitaremos. Una diferencia importante: Él resucitó al tercer día, nosotros resucitaremos “en el último día”, relacionado con la segunda venida de Cristo, la parusía. En Mt 24, 31ss se describe “la venida del Hijo del Hombre en su gloria, acompañado de todos sus ángeles”. Ante él aparecerán tanto los buenos como los malos. San Pablo pinta con colores más vivos y con detalles la resurrección general: voz del ángel, trompeta para reunir a los elegidos, nubes de la parusía, procesión de los elegidos… (1Tes 4, 15ss; 1Cor 15, 52ss.). En Mt 25, 31-46 se describe el juicio final, un evento cósmico: “cundo venga el Hijo del hombre en su gloria con todos sus ángeles, se sentará sobre su trono de gloria…”.

El largo, indefinido intervalo entre la muerte individual del cristiano y la resurrección en el “último día” pone a prueba la paciencia de las primeras comunidades cristianas. También en tiempos más recientes ha dado pie a especulaciones más o menos felices. “No es poco frecuente el que para muchos quede en pie el interrogante: ¿qué es exactamente la

resurrección?… la resurrección aparece, en gran medida, para algunos, erróneamente ligada a reencarnación, por lo menos confusa” (Jorge E. Mújica). La interpretación ortodoxa de los textos bíblicos y oficiales sobre el tema identifica la resurrección de Cristo con la del cristiano. La única diferencia sería el tiempo que media entre la “primera” y la “segunda”, es decir, la definitiva, según se dijo anteriormente. No faltan Confesiones Religiosas, aún entre las que se profesan cristianas, que propugnan la reencarnación. Dejando a un lado las que predican una transmigración o metempsicosis entre diferentes tipos de vida: humana, animal o vegetal, nos detenemos en las que proponen la reencarnación dentro de la especie humana. Un detalle más: esa creencia no sólo circula entre grupos religiosos. Se encuentra también entre profesionales de la psicología y psiquiatría. Cito al menos uno de los muchos libros impresos recientemente: Muchas vidas, muchos maestros. Autor: Brian Weiss. Subtítulo del libro: “La historia real de un psiquiatra, su joven paciente y la terapia de regresión que cambió sus vidas para siempre”.

La reencarnación en su forma más burda – salto de una vida otra, de un cuerpo a otro, como el inseto vuela de flor en flor – es inadmisible. Pero concebida como tránsito entre seres humanos, aun con las múltiples diferencias que hay entre ellos, deja de parecer absurda. Téngase además en cuenta que hay instituciones muy serias, por ejemplo los “Espíritas” – no identificables con el “Espiritismo” existente en algunas naciones hispanoamericanas. Los “Espíritas” brasileños son personas que toman en serio la doctrina cristiana de amor al prójimo, además de promover otros principios cristianos y humanos. Entre quienes profesan la Antroposofía, con su fundador Rudolf Steiner al frente, se da por sentada la reencarnación. Y, en contrapartida, llaman a la muerte “desencarnación”. La reencarnación que ellos propugnan está lejos de ser una metempsicosis o peregrinar caprichoso por vidas humana, animal y vegetal.

Muerte e inmortalidad

Una característica de la teología católica, a partir de S. Tomás de Aquino, es la base filosófica en que se apoya. Suele llamarse “aristotélico-tomista”. En lo concerniente a la muerte e inmortalidad del ser humano está subyacente la filosofía griega sobre la inmortalidad del alma. Cuando el ser humano muere, el cuerpo se deteriora, mientras que el alma va al cielo, al purgatorio o al infierno, según el veredicto del juicio particular. En ese “lugar” o “estado” esperará el juicio final. Esa es la idea común entre los cristianos. Entre los católicos la creencia en el purgatorio lleva consigo una serie de prácticas, generalmente remuneradas, propuestas por la Iglesia para abreviar el periodo de sufrimiento y disfrutar cuanto antes de la visión beatífica. Queda en pie la pregunta: “¿qué es lo que comúnmente se llama alma, eso que escapó del cuerpo y que volverá a unirse al mismo en el “último día?”

Descartada la propuesta de la filosofía griega de la inmortalidad del alma y su separación definitiva del cuerpo (VTB, 685ss), se ofrecen diferentes respuestas. Cito aquí las principales, con sugerencia bibliográfica para quien desee indagar más. Está en primer lugar la “escatología de doble fase”: resurrección en conexión con la parusía, y pervivencia de un elemento consciente (cursiva mía) del hombre entre la muerte y la resurrección (Pozo, p. 168). Esta idea fue bien recibida; fue adoptada incluso por Lutero. Él explica también el estado de las almas

entre la muerte y la resurrección. “Se encuentran en un estado de `dormición`, de sueño en que son insensibles” (Pozo, 169).

La “escatología de fase doble” se asemeja a la idea de la filosofía griega sobre el alma. El “núcleo personal” que sobrevive hasta la resurrección final se asemeja a la inmortalidad del alma de la filosofía griega. Había que buscar otros caminos. Surge entonces la “escatología de fase única”, propuesta por C. Stange (Pozo, 176). “En la muerte muere el hombre todo. La resurrección es interpretada como nueva creación, re-creación total del hombre”. Nada de “vida intermedia” o “estado de dormición”. Vista la muerte como una aniquilación, la resurrección será propiamente una creación ex nihilo. ¿Probable, improbable, reprobable? … En todo caso, absurda no parece, no lo es para los seguidores que ha tenido (Pozo, o. c. p. 170ss).

Cito una tercera opinión, que puede considerarse intermedia. La propone Mújica, ya citado anteriormente. La resurrección o “vuelta a una nueva vida” indica que en realidad no se había muerto del todo. El tiempo que media entre la muerte y la resurrección es sólo una “muerte parcial”. Pasada la etapa provisoria, llegará el momento definitivo: resurrección bienaventurada para los buenos, desventurada para los réprobos. En suma, exceptuando la terminología, esta visión no dista mucho de la común entre el pueblo cristiano.

Concluyo con un caso que puede considerarse emblemático. El intelectual mexicano Antonio Caso, hombre respetable y respetado, estando en su lecho de muerte, recibió la visita de un sacerdote católico que esperaba “convertirlo”. Le hablaba de “la otra vida” en términos deslumbrantes. El enfermo no se entusiasmaba; mostraba poco o ningún interés por las bellezas que el visitante le contaba. Cosas demasiado bonitas para existir realmente, para ser verdaderas.

¿Y qué tal si lo fueran? Le dice el sacerdote.
Lo veré dentro de poco – respondió el moribundo momentos antes de expirar.
Nosotros haremos, tarde o temprano, la misma constatación. Moriremos, sí. Pero la nuestra será “una muerte en Cristo”. Veamos cómo lo dice el poeta-obispo Casaldáliga:

“Morir siempre es vencer
Desde que un día
Alguien murió por todos, como todos, Matado, como muchos”.

Bibliografía

BOROS, Ladislaus. Mysterium mortis. Walter Verlag. Olten und Freiburg im Breisgau. Siebte Auflage, 1967.
MÚJICA, E. Jorge. Resurrección y Reencarnación. Texto en línea. Acceso 12.03.18. POZO, Cándido, S. J. Teología del más allá. BAC, Madrid, 1992.

STEINER, Rudolf, Reencarnação e carma à luz das modernas concepções da Ciência Natural. ANTROPOSÓFICA, São Paulo 1996.
VTB Vocabulario de Teología Bíblica. León Dufour, X. Herder, 1966.

CRIME E CASTIGO – F. Dostoiévsky UMA RELEITURA

APRESENTAÇÃO

Tendo lido, aliás, relido nas férias Crime e Castigo, apresento aqui as minhas impressões. Estas são, obviamente, muito diferentes das suscitadas na primeira leitura, faz meio século. Possam estas páginas ser um convite à leitura ou releitura do romance.

 

CRIME E CASTIGO – F. Dostoiévsky

UMA RELEITURA

Na realidade toda releitura de um clássico “é uma leitura de descoberta como a primeira” (I. Calvino). Aqui vem à tona todo o que se diz dos Clássicos ou dos Canônicos. Clássico ou não, cabe aqui a observação de S. Sontag: “o livro que merece apenas uma leitura, não merece nenhuma”.

Comecemos com alguns dados biográficos do autor. E. Galeano afirma que Dostoievsky nasceu duas vezes (Los hijos de los días, pág. 357). A segunda seria quando, condenado à morte por suas atividades políticas, ficara esperando a execução durante meses, com a angústia fácil de imaginar. Finalmente, chegado o momento, encenou-se a execução, mas no último instante chegou o indulto do czar, que comutava a pena de morte por trabalhos forçados na Sibéria.

O autor de Crime e Castigo, Os Irmãos Karamasov, etc., junto com o de Guerra e Paz, Ana Karenina e outros, são dos mais conhecidos no Ocidente. É também graças a eles que ficamos conhecendo a Rússia do século XIX e XX. Dostoievsky concretamente, no início, foi incluído no realismo literário em voga na Europa da época. Crime e Castigo seria apenas um policial, ainda que bastante elaborado. Mas chegou o momento em que se percebeu “que Dostoievsky não expõe nunca o exterior de suas personagens, das quais conhecemos perfeitamente os mais íntimos movimentos da alma; que ele não descreve nunca a paisagem russa, mas unicamente a paisagem urbana de São Petersburgo, e que esse Petersburgo dostoievskiano é, principalmente, o fantasma de uma cidade visionária” (O. M. Carpeaux, p. 167).

A história de Crime e Castigo.

O título anuncia o que virá. O espaço dedicado ao planejamento e execução do crime é relativamente curto. O “Epílogo”, que narra o verdadeiro final do romance, é curtíssimo; o corpus do livro dedica-se à evolução do criminoso e ao mundo familiar e social em que ele se movimenta, até culminar na sua auto-entrega.

Rodion Románovitch Raskolnikov (Ródia) é um estudante do interior que mora em S. Petersburgo em situação de extrema pobreza. É misantropo e arredio; a sua conversa é quase sempre um monólogo, um continuo fluxo de consciência. “Não que fosse medroso ou apagado, antes bem ao contrário; mas fazia tempo vivia num estado irritadiço e tenso, parecido com hipocondria” (pág. 9). Ao longo da leitura percebemos que é dotado de uma inteligência especial. Quanto ao físico, “era de uma beleza admirável, belos olhos escuros, cabelos castanho-escuros, estatura acima da mediana, esbelto, bem constituído” (p. 10).

Premido pela necessidade Raskolnikov vai penhorar um relógio de bolso com uma corrente de aço. Pede quatro rublos. Aliena Ivánovna lhe oferece um e meio; descontados os juros, fica pouco mais que um rublo. A velha usuraria é inflexível. Voltando a casa Raskolnikov trava conhecimento acidentalmente com Marmieladof. Este, sob o efeito da bebida que acabava de tomar ou por simples tagarelice, conta que, viúvo e com filhos, se juntou com a viúva Katerina Ivanovna. Dentre os filhos que ele levou consigo esta Sonia (Sófia). Conta também como a moça foi empurrada pela madrasta para a prostituição, como meio de arrecadar algum dinheiro para a família. Quando Raskolnikov acompanha o novo amigo a casa conhece a mulher dele e também a filha, Sonia. Ao ver a sordidez daquela família, em que a madrasta empurra a enteada para a degradação e o pai tolera e até se aproveita, Ralkolnikov exclama: “E olhem que se aproveitam mesmo! E se habituaram. Choram, mas se habituaram. O canalha do homem se habitua a tudo!” (p. 33).

As caminhadas de Ródia ao léu e a entrada a lugares públicos frequentados pelos pobres lhe deram oportunidade de ouvir uma conversa entre dois desconhecidos que falavam sobre a ganancia da velha Aliena Ivanovna. Isso não fazia senão reforçar as conclusões a que ele próprio chegara. Pergunta-se: “o que pesa na balança comum a vida dessa velha tísica, tola e má? Não mais que a vida de um piolho, de uma barata… Ela apoquenta a vida de outros. Por estes dias mesmo mordeu o dedo de Lisavieta com raiva: por pouco não arrancou” (p. 73). Pensamentos como esse invadiam a mente de R. enquanto planeja o assassinato da velha nos mínimos detalhes. Perigo de ser descoberto e acabar como outros criminosos? Isso com ele não acontecerá: “a razão e a vontade permaneciam nele, inalienáveis, durante todo o tempo da execução do plano, pelo único motivo de que o que ele planejara não era um crime” (p. 78).

A primeira parte do romance encerra com a narração do duplo assassinato. Não faltaram imprevistos que, de uma ou outra maneira foram contornados, exceto o aparecimento imprevisto de Lisavieta, que teve o mesmo fim que a irmã. O segundo assassinato acentua a complexidade do romance. Se ele não tivesse acontecido, teria Raskolnikov experimentado o mesmo remorso ao ponto de confessar o crime? Quanto ao móvel do crime, se não foi o roubo, qual foi?

À narração do crime segue a do castigo. Começa com o via crucis vivido pelo criminoso. Maior parte dessa “via dolorosa” é percorrida no interior, é um continuado fluxo de consciência. O narrador omnisciente explica o que se passa por trás do muro de mutismo e isolamento de Raskolnikov. Ele passa horas a fio refletindo sobre o assassinato. Crime? Estudante de direito, ele acha justificativa para seu ato: há seres humanos que sequer chegam a sê-lo. Quem os elimina até faz um favor aos demais. Além disso, lembra-se de Napoleão e outros personagens da história responsáveis por centenas de milhares de mortes. Em suma, encontra muitos e fortes argumentos para justificar o crime. Mas tudo isso não lhe poupa o senso de culpa que o atormenta.

Entre os fatos relevantes deste período está a chegada a Petersburgo da mãe Pulkhéria e a irmã Abdocia. Motivo principal de visita: fazer os preparativos para o casamento da moça com Piotr Petrovich – Lujin. Ródia estava já informado desse noivado, mediante carta da mãe. A sua frontal oposição ao casamento é já conhecida. O seu encontro com Lujin foi uma oportunidade para desmascará-lo. Chegado o momento em que Lujin coloca a noiva e a sua mãe ante a alternativa: “eu, ou ele (Ródia)”, elas decidem sem hesitação. O, agora, ex-noivo tentará vingar-se, mas sem sucesso.

Outro encontro de suma importância neste longo interim é de Rodia com Sonia. O pai dela morrera e a mãe, Katerina, manda convidar Raskolnikov para as exéquias; vale lembrar que ele dera à Katerina os únicos vinte rublos que possuía, para o enterro do esposo. Ao ver que a mãe e a irmã de Rodia estão ali, Sonia, tímida, quer ir embora. Ródia a convida a entrar e faz questão de sentá-la entre a mãe e a irmã dele. Já sabemos quem é Sonia. A descrição dela se faz aqui em poucas linhas (p. 244). Mas a Sonia-personagem, ao lado de Raskolnikov ocupa mais da metade do livro. Na conversa acalorada de Ródia com Lujin, quando este falou depreciativamente de Sonia, Ródia lhe disse: “a meu ver, o senhor, com todos seus méritos, não vale o dedo mindinho daquela moça infeliz em quem o sr. atira pedras”.

Desmanchado o compromisso com Lujin, chega o momento em que Rodia se despede da mãe e da irmã. Encomenda-as a Rasumikin, que a esta altura se perfila já como futuro cunhado. Chegou o momento em que Ródia pensa na solução para seu problema: a confissão do crime. O longo caminho a percorrer até chegar lá, passa por Sonia. Ele vai ter com ela. Na demorada conversa no quarto dela, Rodia descobre um livro sobre a cômoda: o NT que Sonia ganhara de Lisvieta, sua amiga. Ele procura a Ressurreição de Lázaro. Pede para Sonia ler enquanto ele escuta com atenção. Após um prolongado silencio Ródia lhe disse ter abandonado seus familiares, e acrescenta: “agora eu tenho só a ti… Sigamos juntos… Eu vim te procurar. Nós dois juntos somos malditos, então vamos seguir juntos” (p. 335). Logo insinua algo, “quase confessa”, mas vai embora deixando-a angustiada.

A confissão virá quase cem páginas depois. É feita de maneira indireta, mas suficiente para deduzir quem fora o autor do crime. “Aquela Lisvieta ele não queria matar…”. Na reação de ambos adivinham-se os mais encontrados sentimentos. Ambos choram. Houve um momento em que ele como que se arrependera de ter confessado, mas ela lhe diz ter feito a coisa certa. Ele reitera: “te convidei para me acompanhar porque eres a única pessoa que me resta” (p. 420). Sonia, que prometeu acompanha-lo a toda parte, o segue também quando vai se entregar à Justiça. Só a presença dela lhe deu ânimo quando ele estava para desistir.

Resolvidos todos os enigmas com plena colaboração do autor do delito, seguirão os passos previstos na lei. A decisão de Ródia de se entregar e cooperar com a Justiça foi vista com agrado pelos Julgadores, que mitigaram a pena na medida do possível. Era, porém inevitável o confinamento para trabalhos forçados na Sibéria. Lá irá ele, lá seguirá também Sonia.

Os primeiros anos foram muito difíceis, também para Sonia. Ródia parecia não reconhecer o gesto dela, a sua generosidade sem limites. Ela, porém, continuou bondosa e prestativa com ele e com todo mundo; ganhou a confiança e até o afeto dos prisioneiros, que a chamavam de “mãezinha”. Discreta, ela levou o NT quando ele pediu, mas nunca fez cobrança alguma em matéria de religião.

Até que chegou o momento solene, na solidão da Sibéria, às margens do rio Irtich. Na margem oposta uns pastores cuidam seus rebanhos, evocando os tempos bíblicos. Providencialmente a sós eles dois, ele é o primeiro a desabar… Declara, com uma linguagem mais eloquente que com palavras, o amor por ela. “Eles quiseram falar, mas não conseguiram. As lágrimas estavam nos seus olhos…”. A ressurreição de Lázaro é trazida à tona mais uma vez. A ressurreição do homicida e a da prostituta é principio de uma nova vida. A felicidade inerente ao amor recíproco fará suportável qualquer penalidade e curta qualquer duração.

O gran finale no epílogo de Crime e Castigo vale por mais outro livro do mesmo tamanho e teor. Também do mesmo autor. Inexistindo este, resta-nos imaginá-lo.

 

Referências bibliográficas.

CALVINO, Italo. Por que ler os clássicos. Companhia das Letras, São Paulo, 2009.

CARPEAUX, Otto Maria. Ensaios Reunidos, 1942 – 1978, vol. I. TOP BOOKS, Rio de Janeiro, 1999.

DOVSTOIÉVSKY, Fiodor. Crime e Castigo. Tradução de Paulo Bezerra. Editora 34, São Paulo, 2016.

GALEANO, Eduardo. Los hijos de los días. Siglo XXI, Argentina, 2012.

 

MÉXICO 2018

 PRESENTACIÓN

El haber pasado en México las últimas semanas del 2017 y las primeras horas del 2018, me ha sugerido una especie de crónica que pongo a disposición de los lectores. Aprovecho para desearles un año colmado de bendiciones.

 

MÉXICO 2018

En Brasil se suele decir que Dios es brasileño, en vista de las abundantes riquezas que le otorgó, además de haberle ahorrado las calamidades naturales que afligen a otras naciones. En México se cuenta un chiste más bien auto-denigrante. Cuando Dios creo el mundo, mandó que a la región que sería México, se le dotara de todo lo bueno y sin límites. El Ángel administrador se permitió preguntar si no era demasiado. A ello el Todopoderoso respondió: “no importa: allí van a estar los mexicanos”. Y allí estamos los mexicanos con casi un siglo de gobiernos priistas; con la alternancia de dos periodos panistas (2000 – 2012) que en nada contribuyeron para una mejora de la Nación. La simbiosis que muestran cuando se votan las grandes cuestiones de la política mexicana los ha unificado con la sigla: PRIAN.

México al derecho y al revés

La contrapartida al chiste auto-denigrante antes citado es el patriotismo a ultranza que se manifiesta en frases “como México no hay dos”, “¡Que viva México!” (con frecuencia seguido de: “… hijos de la Chingada!” – O. Paz). También: “!México Lindo y Querido!”, de la conocida canción popular. Cuando se escuchan esa y otras canciones semejantes estando lejos del terruño, lo sacuden a uno por dentro. ¿Cómo no amar a México, a su gente sencilla y acogedora? ¿al México de sus canciones, de sus comidas, de su artesanía – verdadera arte? Al México de la “Suave Patria” de López Velarde:

Suave Patria: permite que te envuelva

En la más honda música de selva

Con que me modelaste por entero

Al golpe cadencioso de las hachas,

Entre gritos y risas de muchachas

Y pájaros de oficio carpintero.

(…)

El Niño Dios te escrituró un establo

Y los pozos de petróleo, el diablo.

 

Desafortunadamente, las múltiples bellezas que presenta México a sus visitantes no logran ocultar las no pocas lacras que lo aquejan. Llama en primer lugar la atención la superpoblación, sobre todo cuando se llega a la Capital. La concentración en las grandes urbes se debe a la falta de ayuda a los pequeños agricultores que, no pudiendo sobrevivir en su propiedad minúscula, cuando la tienen, emigran a la ciudad. No faltan casos en que las tierras de los pequeños propietarios, cuando tienen petróleo u otros minerales, son simplemente concedidas por el gobierno a las empresas, nacionales o extranjeras. Raras veces la lucha entre David y Goliat resulta en triunfo del primero.

Las multitudes que se amontonan en los núcleos urbanos forman una reserva muy especial, quizá única: “el voto de reserva”. La gente que vive en las villas miseria de la periferia, vende su voto por una suma insignificante o por una despensa. Ese es uno de las canteras donde el PRI suele obtener los votos necesarios para la elección de su candidato.

Democracia a la mexicana

El escritor Vargas Llosa, ahora español antes peruano, llamó al sistema político mexicano “la dictadura perfecta”. Ese acto valiente de aquel Vargas Ll. tuvo lugar en un encuentro de intelectuales promovido por la revista Vuelta, a cargo de Octavio Paz, en 1990. Enseguida el atrevido visitante explicó por qué en México se vivía una dictadura camuflada: es la permanencia ininterrumpida en el poder, no de un hombre, sino de un partido. Partido inamovible, partido que admite la crítica en la medida en que ésta le sirve para aparecer “democrático”, pero que la combate con todos los medios, sin excluir los peores, cuando ve amenazada su permanencia en el poder (Fuser 1995: 13-14). La respuesta del anfitrión al malagradecido visitante no se hizo esperar: se le declaró persona non grata. Ergo

En cuanto a la veracidad de dicha crítica, se confirma con lo que el mismo Fuser describe a continuación: la elección de Salinas de Gortari. Los dos candidatos contendientes eran él y Cuauhtémoc Cárdenas. De haber continuado la cuenta de acuerdo con las boletas, estaba seguro el triunfo de Cárdenas. Pero el proceso se interrumpió misteriosamente, alegando “caída del sistema”. Cuando el funcionamiento se retomó, empezaron a multiplicarse los votos al candidato del PRI, y el vencedor fue el nefasto Salinas de Gortari. Después de manifestaciones y protestas inútiles, Cárdenas y sus votantes tuvieron que aceptar los hechos: el sistema se cayó. O mejor dicho: se calló. Los representantes de la empresa norteamericana Burroughs Unisys que habían vendido el equipo técnico, esbozaron una protesta. Pero se callaron, también misteriosamente. Se habló de un soborno de algunos millones de dólares. Allí se aplicó uno de los principios del PRI: nada es caro, si se compra con dinero.

 

2018, año electoral

El primero de julio del año que acaba de comenzar habrá una elección especial en México: además del presidente, se elegirán los 628 legisladores que integran el Congreso de la Unión; también ocho gobernadores y el jefe de gobierno de la Ciudad de México. Además, 972 diputados para integrar los Congresos estatales en 27 unidades; mil 596 ayuntamientos en 24 estados; 16 alcaldes y 160 concejales de las 16 alcaldías de la Ciudad de México.

La atención se vuelve ante todo hacia el presidente, a la elección del candidato. Quien lo indica es el presidente en turno; y para hacerlo apeló a “la liturgia” típica del PRI: el dedazo (Fuser, 22). En el periodo previo a ese acto, periodo en que se especulaba sobre los candidatos y se esperaba con ansia el anuncio, la revista Proceso (N. 2143) en sus titulares decía: (será) Cuando, … Cómo… y Quien él quiera. A continuación, en la sección informativa empieza con la noticia largamente esperada: Peña Nieto revive el ritual del dedazo (pág. 6). Y poco más adelante: P. N. comenzó el sexto año de gobierno con el juego sucesorio del destape (pág. 7). Y por fin: El bueno, esta vez, es José Antonio Meade – Secretario de Hacienda.

El anuncio se hizo con lujo de publicidad y continuará así hasta la víspera de la elección. Las leyes que regulan los gastos en publicidad y otro tipo de propaganda obligan a los otros partidos, no al PRI. El INE (Instituto Nacional Electoral) y otros órganos cuya función es velar por el correcto desempeño de los partidos en la contienda electoral están en manos de los priistas. En la elección para el gobernador para el Estado de México, en el año que acaba de pasar, el candidato priista fue el vencedor, aunque la que tuvo más votos fue la candidata de Morena – los votantes votan pero no eligen (Galeano – p. 117).

El Presidente y las Fuerzas Armadas

En México, los golpes de estado y las dictaduras militares, frecuentes en América Latina en la segunda mitad del s. XX, fueron sólo noticia. Eso es allá. Aquí está todo en paz. Las Fuerzas Armadas en sus cuarteles, los políticos en sus tribunas, etc. Pero sólo aparentemente. En realidad, la represión violenta, las sesiones de tortura, el lanzamiento de opositores políticos al mar, en suma, la guerra sucia de las otras naciones tuvo lugar también en México, aunque con el sigilo necesario para que los mexicanos no lo supieran y para que no se supiera en el extranjero. Un botón de muestra. David Lozano, estudiante de la UNAM de 22 años, participó en la campaña pro Cárdenas. Mientras caminaba por la calle fue abordado por dos hombres armados que lo obligaron a entrar a un coche y lo encapucharon. Estuvo desaparecido unos días; fue torturado psicológicamente, golpeado y vejado de mil maneras. Luego fue dejado en la calle en la misma forma en que lo habían secuestrado. Al presentar queja y ser examinado por el médico, éste no encontró ninguna señal de golpes; nada anormal en apariencia. “Fue un trabajo bien hecho”, observó el abogado que lo acompañaba (Fuser, o. c., p. 19-19).

Los militares se han vuelto ubicuos en los últimos años a partir del presidente panista Felipe Calderón (2006 – 2012), quien los llamó de sus cuarteles con el pretexto de combatir el narcotráfico. Peña Nieto los ha mantenido alegando el mismo motivo. Resultado: frecuentes y graves violaciones de los derechos humanos, con casi 100 % de impunidad cuando los violadores son militares. De ahí la observación del TPP: “En ese reino de la impunidad que es el México de hoy,  hay homicidios sin asesinos, torturados sin torturadores, violencia sexual sin abusadores” (Tribunal Permanente de los Pueblos, reunido el 14-15 nov. 2014). El caso más escandaloso y violento, brutal, es la desaparición de 43 normalistas en Ayotzinapa, Guerrero, en septiembre de 2014. El hecho se ha divulgado ampliamente dentro y fuera de México, gracias al interés e involucramiento de los padres de los desaparecidos. En todas las investigaciones que se han hecho, incluso por peritos extranjeros aparece claramente como prioridad del gobierno: dejar incólumes a las Fuerzas Armadas. El lector medianamente informado no puede dejar de asociar Ayotzinapa 2014 con Tlatelolco 1968, al Diaz Ordaz de entonces con el Peña Nieto de ahora.

Lejos de esbozar cualquier medida para poner coto a los militares, el gobierno Peña Nieto ha hecho lo contrario: proporcional a los militares un amparo legal; proponer y aprobar la “Ley de Seguridad Interior” (LSI), dando así “más poder a los ya poderosos” (Proceso 2144, p. 20). En virtud de dicha ley los militares tienen la prerrogativa de actuar por cuenta propia para restaurar el orden interno. Son igualmente autorizados para colectar información, quedando las autoridades civiles obligadas a darla.

Las protestas sociales son excluidas del ámbito de la LSI. Se dice expresamente que la ley se ejecutará respetando los derechos humanos. Pero afirma al mismo tiempo que las Fuerzas Armadas tendrán la facultad para emprender acciones “necesarias, pertinentes y eficaces para identificar, prevenir y atender riesgos en determinadas zonas o áreas geográficas” (Proceso 244, p. 21).

A pesar de las recomendaciones de las Naciones Unidas y de la OEA, así como de órganos defensores de los derechos humanos, nacionales e internacionales, la LSI fue aprobada por los diputados y después por los senadores. Doña Yolanda, madre de Dan, desaparecido en 2008, critica: “los diputados no tomaron en cuenta lo que las familias han sufrido por parte de los militares. Su decisión nos hace sentir amenazados” (Proceso 2144, p. 24).

Quien está de plácemes con la aprobación de la LSI, además de los militares mexicanos, es la industria bélica estadunidense. El negocio que está en juego con la aprobación de la LSI es de más de 2 mil millones de dólares para la compra de armamento y equipo militar. El gobierno mexicano ha gastado más de 54 mil millones de pesos en seguridad y defensa desde 2007, cuando Calderón declaró esa guerra. El número de personas asesinadas asciende a 200 mil. Mientras tanto el narcotráfico continúa, obteniendo entre 19 y 20 mil millones de dólares al año (Jacobo Kim, Proceso 2147, p. 18).

Concluiré refiriéndome a los enjuagues de una empresa que involucra tanto a Brasil como a México, corruptor y corrupto respectivamente. Los protagonistas del toma y daca millonario son la Odebrecht brasileña y los políticos mexicanos del más alto nivel.

Brasil, México y la Odebrecht

México es una de las doce naciones latinoamericanas a donde han llegado los tentáculos de la multinacional brasileña. Allí encontró un terreno fértil; escogió, además, el tiempo adecuado para desovar sus sobornos millonarios: 2012, período de elección del presidente del PRI, Enrique Peña Nieto. El encargado de recibir y administrar el soborno fue Emilio Lozoya Austin, que fungía como coordinador de asuntos internacionales durante la campaña del candidato presidencial.

En México la investigación está a cargo de la Fiscalía especial de Delitos Electorales (FEPADE). La primera remesa a México, en concreto a Lozoya, fue de 4 millones de dólares; las sumas posteriores llegaron a 6 millones de dólares. En total: 10 millones de dólares. ¿Qué obtuvo en cambio la generosa multinacional brasileña? Un contrato por mil 364 millones de pesos ante Pemex Refinería, “para acondicionamiento y movimiento de tierra para aprovechamiento de residuales en la refinería Miguel Hidalgo” (Proceso, n. 2145, pág. 30). Queda por cuenta de los lectores imaginar y calcular quién y cómo es beneficiado o perjudicado en ese soborno millonario. Denuncias, seguidas de juicios y condenas las hubo en Brasil y en otros países, en México no. El nuevo titular de la FEPADE ya dijo que ese es un caso de corrupción y a él sólo le tocan casos directamente relacionados con la elección. Eso es, pues, competencia de la PGR. La ausencia de un fiscal independiente y competente asegura la impunidad al corrupto y por supuesto, al corruptor (corruptora). ¿Novedad? Ninguna. Lo sería si en México fuera condenado un político allegado al presidente.

 

Referencias bibliográficas

FUSER, Igor. México em trance, SCRITTA, São Paulo, 1995.

GALEANO Eduardo. El libro de los abrazos. Siglo XXI, México, 1989.

LÓPEZ VELARDE, Ramón. La suave Patria y otros poemas, FCE, México 1979.

PAZ, Octavio. El Laberinto de la Soledad, edición conmemorativa, FCE, México, 2000.

PROCESO, Revista de información y análisis. Diversos números.

 

QUIA PULVIS ES – QUE ES PÓ

APRESENTAÇÃO

Desta vez dirijo-me diretamente aos luso-parlantes e o tema do mês é a morte. Aliás, morte e vida. No duelo sem trégua entre essas inimigas mortais, parece triunfar a primeira. Mas apenas parece… Afinal poderemos desafiá-la como fez o próprio Jesus Cristo: “Morte, onde está a tua vitória, onde o teu aguilhão?! (1Cor 15, 55).

 

QUIA PULVIS ES – QUE ES PÓ

No ano passado o título do texto foi: Memento homo (lembra homem / ser humano); agora completa-se com: que es pó – frase bíblica retomada pela liturgia da quarta feira de cinzas.

A comemoração dos defuntos no segundo dia de novembro parece convidar à reflexão sobre a vida e fim/finalidade da mesma. No hemisfério norte já é outono e a Natureza se prepara para o recolhimento invernal; no hemisfério sul, pelo contrário, estamos em plena primavera, a caminho para o verão. Podemos ver nisso um convite ao otimismo cristão, como reza o prefácio da missa dos defuntos: vita mutatur, non tollitur (a vida é transformada, não aniquilada). Na missa dominical o católico professa sua fé em Jesus Cristo “… que ressuscitou ao terceiro dia”, e na sua própria ressurreição: “… na ressurreição dos mortos”. Respeitando a fé do cristão, católico ou de qualquer denominação, abordamos agora o tema do ponto de vista “laico” ou simplesmente humano.

A morte, tema incontornável.

A morte tem tantas caras quantas tem a vida, da qual é contrapartida. Elas duas, morte e vida, mais o amor, são os macro-temas da literatura. A dupla morte-vida se digladiam na discussão sobre a “morte assistida” ou eutanásia. Neste contexto surge o tema de “o direito a morrer”, ou morrer com dignidade. O saudoso Rubem Alves vai além: “seria possível planejar a própria morte como uma obra de arte?” – pergunta ele. Muitos nos contentaríamos com menos: morrer com dignidade; ou se não, morrer com elegância. Vem aqui à tona a frase lapidaria de santo Agostinho: tamquam vita, finis ita (qual a vida, assim a morte, o fim).

E, que dizer do humor? Vale a pena lembrar aqui um humorista italiano que, quando soube que a doença que padecia era grave, provavelmente terminal, nem por isso perdeu o humor. Quando chamaram o sacerdote para que lhe administrasse a unção dos enfermos, ao vê-lo entrar com a redoma em mãos, exclamou: “agora sim que estou frito, até o óleo trouxeram”! Não faltam casos semelhantes no nosso Brasil “caboclo”, escasso talvez de letras, mas não de sabedoria. “Vivendo e aprendendo”, dizia a avó Adelina cada vez que as netas, e depois as bisnetas, lhe mostravam as novidades que traziam da cidade grande. Maravilhada e interessada a vó de todos exclamava: “vivendo e aprendendo”! Chegado o dia e o momento derradeiro, os parentes e vizinhos lotaram a casinha da anciã. Quando já começava a definhar, pensaram que estava na hora de colocar uma vela na mão, como era o costume na região. Ao não encontrar o objeto ritual, pensou-se na substituição: um papel enrolado em forma de charuto. Tudo feito com muito carinho e cuidado para não queimar ninguém. A vozinha acompanhou toda a cerimonia e ao apanhar a vela improvisada, veio à tona sua frase favorita, mas “corrigida”: “vivendo e… aliás, morrendo e aprendendo”.

 

O teatro da vida

Ainda humor, ou próxima do mesmo está a ideia de Chaplin sobre a vida: “a vida é um teatro, sem chance de ensaio. Por isso, canta, ri, dança, ama e vive cada momento de tua vida, antes que a cortina caia e a peça, sem aplauso, encerre”. Algo parecido afirma o escritor O. Wilde: “a vida é importante demais para ser levada a sério”.

La vida es sueño

A referência ao sono como metáfora da morte vem de longa data. O próprio Jesus Cristo em duas das três ressurreições que fez, falou do morto como se estivesse apenas dormindo: “nosso amigo Lázaro dorme, mas vou despertá-lo” (Jo 11, 11); “… a menina não morreu; está dormindo” (Mc 5, 39). Para o Filho de Deus a morte, inclusive a dele mesmo, não tinha o selo de “para sempre” que caracteriza a morte de todos nós, mortais.

Para os escritores do Siglo de Oro español é o sonho (não o sono) que é metáfora da vida. Com efeito, é esse o título da famosa peça de Calderón de la Barca: “La vida es sueño”. Compenetrados do cristianismo os escritores dessa época focalizavam a efemeridade da existência, como reza a exortação de Paulo aos cristãos de Corinto: “a figura deste mundo passa” (1Cor 7, 31). Nessa linha de pensamento o acordar está para o sonho como o morrer está para a vida. Vale lembrar aqui que em espanhol o substantivo sueño é biléxico: significa tanto sono como sonho, em português. Na referida peça de Calderón sueño significa literalmente sonho, em português, mas no sentido de irrealidade, sombra, quimera; longe também do inglês dream; mais próximo talvez do “daydreaming”.

Em La vida es sueño todo mundo sonha, do monarca ao útimo plebeu: Sueña el rey que es rey y vive / en este mundo mandando / y el aplauso que recibe (…) en ceniza lo convierte / la muerte (¡desdicha fuerte!) / ¿Qué hay quien intente reinar, / viendo que ha de despertar / en el sueño de la muerte?

Esse discurso é parte do soliloquio do prisionero Segismundo, que encerra a cena II com o questionamento: ¿Qué es la vida? … una ficción… Y todo bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.

A saída desse sonho geral advirá na morte, que atingirá por igual o nobre e o plebeu, o rei e o próprio Sigismundo.

 

A morte … igualitária.

A ideia está numa poesia de Mario Benedetti cujo título é: Embarazoso panejírico de la muerte. O poeta uruguaio começa revelando não acreditar no além. Isto o angustia, mas a vida oferece fartos motivos, mais que a própria morte para ficar angustiado. Com efeito, os vexames ou simplesmente as arbitrariedades nos colocam em compartimentos separados. Separam-nos os ódios, as discriminações, as contas bancárias, a cor da pele, etc. A morte, no entanto, coloca-nos todos no mesmo saco: ricos e pobres, súditos e reis, crentes e agnósticos… A morte faz uma justa distribuição do nada; é igualitária e equânime… A morte é eclética, pluralista, social, insubornável. E continuará assim… Pelo menos enquanto não apareça alguém que invente de privatizá- la.

Francisco de Quevedo assinala também essa propriedade da morte, isto é, a sua imparcialidade. É assim que ele mostra no seguinte quarteto:

!Cómo de entre mis manos te resbalas!

!Oh, como te deslizas , edad mía!

¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría!

Que con callado pié todo lo igualas!

 

Conclusão

Quando se aborda o tema religião vem à tona o ditado latino antigo: “Quot capita tot sentintiae” – são tantas as opiniões quantas as cabeças. Ou, em vulgar: cada cabeça é um mundo. Quando o item em pauta é a vida no além, adentra-se num verdadeiro cipoal. Tanto os crentes como os incrédulos podem aduzir razões igualmente “convincentes”. Nem os primeiros nem os segundos são capazes de explicar a sua fé ou a falta dela. A grande maioria dos que celebramos o dia de defuntos aderimos à fé cristã. Ela não nos libera da dor quando algum dos nossos familiares ou amigos parte. Então a nossa dor é temperada pela esperança cristã; ou por um amor “mais forte que a morte”, como lemos no soneto de Quevedo, transcrito a seguir. Nele podemos ver uma resposta à sentença, título deste escrito: …es pó. “Sou, sim; mas pó enamorado”.

 

“Amor constante más allá de la muerte”,

 

Cerrar podrá mis ojos la postrera

Sombra que me llevare el blanco día,

Y podrá desatar esta alma mía

Hora a su afán ansioso lisonjera;

 

 

Mas no, de esotra parte, en la ribera

Dejará la memoria, en donde ardía:

Nadar sabe mi llama el agua fría,

Y perder el respeto a ley severa.

 

“Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

Venas que humor a tanto fuego han dado,

Medulas que han gloriosamente ardido:

 

Su cuerpo dejará no su cuidado;

Serán ceniza, mas tendrá sentido;

Polvo serán, mas polvo enamorado”.

 

(Francisco de Quevedo – 1580 – 1645).

OCTUBRE, MES AZAROSO

PRESENTACIÓN

Antes que el 10º mes del año llegue a su 31º día, los invito a echar una mirada retrospectiva a dos fechas: al 12/ y al 8/X. ¿Son realmente azarosos los hechos ocurridos entonces? Si merecen otro calificativo y cuál, ustedes lo dirán.

 

OCTUBRE, MES AZAROSO

Fue en octubre cuando los europeos, en camino hacia la India, tropezaron con nuestro Continente, en 1492. Fue entonces cuando

“los nativos descubrieron:

que vivían en América,

que estaban desnudos,

que existía el pecado,

que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la mojaba” (Galeano, 12 de octubre – El descubrimiento).

También en octubre, el dia 8º del año 1967, fue muerto el Che Guevara. Cedo de nuevo la palabra a Galeano, que lo cuenta con maestría:

En 1967, mil setecientos soldados acorralaron al Che Guevara y a sus poquitos guerrilleros en Bolivia, en la Quebrada del Yuro.                              El Che, prisionero, fue asesinado al día siguiente.

Para completar recurro a Frei Beto que invita a reflexionar sobre la fecha en que el Che cumpliría 80 años, (14/06/2008); escribe:

Su militancia entre nosotros terminó a los 39 años. Pero no consiguieron matarlo. Hoy está más vivo que en sus cuatro décadas de existencia real.

Llaman luego la atención, tanto Galeano como Frei Beto, sobre la muerte precoz de casi todos los revolucionarios:

“Muchos derramaron temprano su sangre para contribuir al proyecto de un mundo de libertad, justicia y paz: Jesús con 33, Martí con 42, Sandino con 38, Zapata con 39, Farabundo Martí con 38” – Frei Beto.

Los enemigos creían haber matado también las ideas del Che, pero éstas adquirieron más vida, afirma el mismo Frei Beto. El fantasma del Che, su hambre y sed de justicia, de comida, educación y un mínimo de bien-estar para todos, continúan asustando a los enemigos del Pueblo, a aquellos que se sienten dueños de todo y de todos.

Concluyo con el fragmento de una poesía de Dom Pedro Casaldálica cuyo título es

 

CHE GUEVARA

Descansa en paz. Y guarda, ya seguro,

con el pecho curado

del asma del cansancio;

limpio de odio el mirar agonizante;

sin más armas, amigo,

que la espada desnuda de la muerte.

(Morir siempre es vencer

desde que un día

Alguien murió por todos, como todos,

matado, como muchos…).

 

Ni los “buenos” – de un lado – ,

ni los “malos” – del otro – ,

entenderán mi canto.

dirán que soy un poeta simplemente,

pensarán que la moda me ha podido.

recordarán que soy “un cura nuevo”.

¡Me importa todo igual!

Somos amigos

y hablo contigo ahora

a través de la muerte que nos une;

alargándote un ramo de esperanza,

¡Todo un bosque florido

De Iberoamericanos jacarandás perennes,

Querido Che Guevara!

 

Teófilo Cabestrero, Los poemas malditos del Obispo Casaldáliga, Editorial Española Desclée de Brouwer – 1977, pág. 24-25.

 

che
“Si usted es capaz de indignarse cada vez que una injusticia se comete en el mundo, entonces somos compañeros” Che Guevara

BORGES, “TEÓLOGO LAICO”

PRESENTCIÓN

Este texto es propiamente continuación del anterior. Me percato que aún hay mucho qué decir sobre el tema. En un futuro próximo podrá aparecer un escrito monográfico, es decir, que trate un tema específico en el ámbito de la teología, por ejemplo: “la inmortalidad en Borges”, “el tiempo y la eternidad”, etc.

                       BORGES, “TEÓLOGO LAICO”

Introducción

En uno de sus relatos (“El enigma de Fitzgerald” – Otras inquisiciones) Borges llama “teólogo” al persa Umar ben Ibrahim, que, siendo ateo, interpreta de forma ortodoxa los pasajes más arduos del Alcorán, porque “todo hombre culto es un teólogo y para serlo no es indispensable la fe”. Usando esa afirmación como premisa podemos aplicar el mismo título a Borges: siendo él una persona sumamente culta, es teólogo, tenga o no fe.

Su frecuente alusión a temas religiosos y su discusión de los mismos nos obliga a preguntar cuál habrá sido su creencia religiosa. Según su biógrafo literario Emir Rodriguez Monegal (1980:49) Borges era agnóstico. Agnosticismo, como lo indica la etimología, es la creencia que considera inaccesible a la mente humana todo lo referente a otro u otros mundos. A diferencia del ateo, el agnóstico no niega la existencia del Ser o seres sobrenaturales, pero niega la capacidad de la mente humana para conocerlos cabalmente. Rafael Narbona, crítico literario español, afirma que Borges era escéptico en materia religiosa; declaró con humor: “todo es posible, hasta Dios” (Blog Etreclásicos, consulta 5.10.17).

Según el crítico literario Harold Bloom, “el agnosticismo es, en la práctica, la religión de la literatura (Boom 2002: 22). Cita enseguida a escritores de renombre que fueron agnósticos: V. Hugo, Shelley, Rainer Maria Rilke, etc. Boom considera, además, el agnosticismo “simplificado” más acorde con la noción de genio, título de su libro aquí citado. “Se trata de un conocimiento que libera a la mente creativa de los dictámenes de la teología, del historicismo y de cualquier divinidad que se anteponga a aquello que existe de más concreto en el YO” (Id., Ibid.).

 

Fecuencia del tema religioso en Borges

Es frecuente la presencia del tema religioso en los poemas, cuentos y relatos de Borges; unas veces aparecen de forma explícita otras, implícita. Algunos de los primeros son: “Los teólogos”, “Tres versiones sobre Judas”, “El evangeliso de Marcos”, “El inmortal”, “La escritura de Dios”, etc. Otros escritos donde la teología y la religión se tratan más tangencialmente son: “Tlön, Urqbar, Orbis Tetius”, “Los dos reyes y los dos laberintos”, “El tiempo y J. L. Dunne”, “Nueva refutación del tiempo”, etc.

En el prólogo del escrito “Nueva refutación del tiempo” (Otras inquisiciones, pág. 170), Borges se reconoce como un argentino extraviado en la metafísica”. Y en el epílogo del mismo libro se siente en la necesidad de explicar el porqué de su recurso al tema religioso: valoriza “las ideas religiosas y filosóficas por lo que encierran de singular y maravilloso”; y añade: “esto es quizá indicio de un escepticismo esencial” (Id., pág. 192).

Rodríguez Monegal, biógrafo y gran admirador de Borges enumera los frecuentes recursos de Borges a los temas “metafísicos”, en los que ocupan un lugar destacado la filosofía y la teología. La especulación metafísica, evidente en la poesía, continúa en la producción ensayística del escritor. “Se presenta por lo general bajo la forma de un examen de alguna doctrina particular o tema básico de la filosofía o teología; análisis al que siempre aporta Borges su dialéctica y sus intuiciones personales” (Rodríguez Monegal, E., vol. I, pág. 207). Sin embargo, R. Monegal admite la posibilidad de que las incursiones de Borges en el campo de la metafísica (filosofía y teología) no tengan ningún valor filosófico o teológico” (Borges por él mismo, p. 50).

A continuación se analizarán algunos textos en que las ideas teo-filosóficas son más evidentes. Conviene aclarar que “metafísica” aquí, se entiende como sinónimo de trascendencia y se refiere a ideas de religiosas y teológicas; diferente, pues, de la metafísica como disciplina filosófica.

Cristo: extraordinario ser humano

Cristo en la cruz

Es uno de los poemas en que Borges trata explícitamente el tema que ahora nos interesa. Del mismo tipo es El evangelio de Marcos. El tema vuelve a aparecer en la entrevista que el escritor da a Osvaldo Ferrari, posteriormente publicada (Reencuentro – Diálogos Inéditos).

El poema Cristo en la cruz, de 36 endecasílabos, rima libre, presenta una imagen de Cristo muy diferente de la tradicional. No hay nada que haga suponer que uno de los tres crucificados, Èl, sea diferente de los otros dos; las cruces son iguales, Él ni siquiera está en medio. Además, lo dice explícitamente: El rostro no es el rostro de las láminas (v. 5º). También queda del todo claro que Cristo es un ser humano; se dice también verbalmente: Sabe que no es un Dios y que es un hombre (v. 25º ). Lo especial es lo referente a su doctrina: Nos ha dejado espléndidas metáforas / y una doctrina del perdón que puede / anular el pasado (v. 28-30). Termina con la interrogación: ¿De qué puede servirme que aquel hombre / haya sufrido, si yo sufro ahora?. Pregunta que queda sin respuesta.

El escritor elabora un poco más en la entrevista antes mencionada. Basta el entrevistador proponer el tema – “la figura de Cristo”, para que Borges dispare con un discurso que en forma escrita ocupa más de media página. Considera siempre “inverosímil que Cristo sea la encarnación humana de Dios” (pág. 97). Luego afirma: fue de alguna manera el hombre más extraordinario que recuerda la historia. Después habla de las metáforas. Cristo creo imágenes que ni los clásicos han llegado a igualar, menos aún a superar. Cita como ejemplo: “arrojar las perlas a los puercos”, “dejar que los muertos entierren a sus muertos”; y respuestas como: “el que esté sin pecado…”. Aquí dirá Leminski, poeta brasileño, “el hombre que da esas respuestas (a los poderosos, se entiende) no tendrá vida larga, ni morirá en la cama”. (JESUS a. c., pág. 34).

“La mejor parte de la doctrina de Jesús es trasmitida por las parábolas, juegos de palabras y recursos de arte que solo un poeta, como profeta de Israel puede producir” (Id., p. 67). El poeta Leminski coincide con el poeta Borges en lo tocante a ciertos rasgos de Cristo. En la entrevista Borges recuerda también un poema en que menciona el corto intercambio de mensajes entre Cristo y uno de los ladrones. Se trata del poema Otros dones. El poeta “da gracias al divino por las palabras que en un crepúsculo se dijeron / de una cruz a otra” (Nueva Antología, p. 32).

La figura de Cristo evoca la de Sócrates, otro ser humano excepcional. Al compararlos, Borges recuerda ciertos detalles que pusieron al Griego en ventaja respecto al Hebreo. “Según parece, Sócrates pudo conversar con Pitágoras, con Zenón de Elea y con Platón. En cambio, Cristo, claro, con los discípulos” (Pág. 102).

Tres versiones sobre Judas

Judas, el traidor, evoca de inmediato la figura del traicionado: Cristo. Aquí Borges le da un giro de 180 grados a la doctrina tradicional del catolicismo; no sólo absuelve a detestado apóstol, lo pone al nivel de Cristo, considerándolo como corredentor. Empieza citando a un cierto Runeberg Nils, personaje inexistente como lo indican los nombres, carentes de significado: Nil, en inglés, significa nada, cero y Runne,” idescifrable” (Borges Babilónico). Esta Enciclopedia concluye el breve texto dedicado a la entrada “Runeberg” con el siguiente resumen: “El cuento propone la redención de Judas bajo varias interpretaciones que justifican sus actos y lo trasforman en mártir. Una narrativa más de Borges que aborda el tema del traidor y del héroe, pasando por las versiones de la Sagrada Escritura”.

El tema de este texto ya fue tratado en el texto enviado al Blog anteriormente, donde está con el título “La pasión de Judas”. La discusión en torno al vilipendiado discípulo de Cristo se ha visto enriquecida también por el libro de Amós Oz: JUDAS. El punto de vista expresado en él coincide con el de Borges. Ideas afines se encuentran también en “El Evangelio según Jesucristo” de José Saramago. Dicho texto concluyó con un soneto de Don Casaldáliga en el que llama a Judas “hermano” y “compañero”.

Concluyo el tema citando una idea central del relato y que considero de grande significado teológico: “El Verbo, cuando fue hecho carne pasó de la ubicuidad al espacio, de la eternidad a la historia, de la dicha sin límites a la mutación y a la muerte. Para corresponder a tal sacrificio, era necesario que un hombre, en representación de todos los hombres, hiciera un sacrificio condigno. Judas Iscariote fue ese hombre” (Borges, Obras Completas, vol. I, pág. 15).

Amor verdadero

Tratar, aunque fuera someramente, todos los textos donde Borges toca de un modo u otro la trascendencia sería cuento de nunca acabar. Para concluir este escrito abordo un tema al que Borges dedica especial atención, tanto en textos suyos como en los compilados con la ayuda de su amigo y colaborador, Bioy Casares. El tema en cuestión es el verdadero amor.

En “La Cifra” (Borges 1981) hay dos textos cortos en forma de poema, que tratan el mismo tema. El primero de ellos es “SHINTO”. Aquí se describen las simples experiencias de la vida cotidiana, … “que nos salvan cuando nos anonada la desdicha”. Al fin del texto se explica algo más de esa religión: “ocho millones son las divinidades del Shinto que viajan por la tierra, secretas. Esos modestos númenes nos tocan, nos tocan y nos dejan”.

En el texto siguiente, “EL FORASTERO”, narrado en primera persona, se explica algo más: “El Shinto es el más leve de los cultos. El más leve y el más antiguo…”. Viene poco después lo que por ahora nos interesa: “nos dice que debemos obrar bien, pero no ha fijado una ética (…) No quiere intimidar con castigos ni sobornar con premios”.

Imposible no ver aquí una fuerte crítica al cristianismo, principalmente al ramo católico en que se ha insistido demasiado en el aspecto ético, y en su doble efecto: cielo en caso de bueno, infierno en caso de mal comportamiento.

El tema es retomado en el “Libro del cielo y libro del infierno” (“Borges – Bioy Casares, 1999). Ya en el prólogo se revela el criterio que guió a los compiladores en la selección de los textos: “hemos buscado lo esencial, sin descuidar lo vívido, lo onírico, lo paradójico”. Pues bien, el primer cuento es: “Por un amor desinteresado”. El obispo Ivo, en viaje para un cierto menester, encuentra a una mujer de aspecto “melancólico, religioso y fantástico”; lleva un cántaro de agua en una mano y una antorcha encendida en la otra. A la pregunta del obispo qué significa aquello, la mujer responde: “el agua es para apagar el Infierno; el fuego, para incendiar el Paraíso. Quiero que los hombres amen a Dios por el amor de Dios”.

El segundo texto reproducido en el libro es el conocido soneto anónimo del s. XVI: “no me mueve, mi Dios, para quererte”… El último terceto concluye: “No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera”.

Siguen inmediatamente después otros textos que trasmiten la mismo idea. Y a lo largo de las 184 páginas se presentan textos cortos de diversos autores en que el tema religioso es visto bajo el aspecto literario, aunque no siempre de acuerdo con la ortodoxia cristiano-católica.

Por ahora nos quedamos aquí. Sobre Borges y el tema ahora abordado se podría decir mucho más. Para terminar hago mía la conclusión del profesor R. Narbona, antes citado. Él empezó preguntándose si Borges era filósofo. Concluye que no. Y explica: “Borges es un clásico literario, quizá el mayor de la segunda mitad del siglo XX en lengua castellana”.

Referencias bibliográficas

BLOOM, H. GÊNIO – Os 100 autores mais criativos da história da literatura. Rio de Janeiro 2003.

BORGES, J. L. Obras Competas, EMECÉ EDITORES, Barcelona 1989.

BORGES – BIOY CASARES, Libro del cielo y libro del infierno. EMECÉ, Buenos Aires, 1999.

FERRARI, Osvaldo, Jorge Luis Borges – REENCUENTRO Diálogos inéditos. Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1999.

LEMINSKI, Paulo. JESUS a C. Editora Brasiliense, Saõ Paulo 1989.

RODRÍGUEZ MONEGAL, E. Borges por él mismo. Monte Avila Editores, Venezuela, 1980.

________, Narradores de esta América. Alfadil Ediciones, Argentina 1986.

SÁBATO, Ernesto, El escritor y sus fantasmas. Seix Barral, Barcelona 1998.

SCHWARTZ, Jorge (org.), BORGES BABILÔNICO – uma enciclopledia. Companhia das Letras, São Paulo, 2017.

JORGE FRANCISCO ISIDORO LUIS BORGES (1899 – 1986)

PRESENTACIÓN

Hace tiempo que he querido ofrecer a los lectores del Blog un texto sobre la “teología” de Borges, tema que ha recibido poca o ninguna atención de quienes estudian su literatura. Al fin decidí presentar antes un texto sobre el escritor mismo; espero que esto sirva de introducción al tema religioso que será abordado posteriormente.

 

JORGE FRANCISCO ISIDORO LUIS

BORGES (1899 – 1986)

Han pasado más de treinta años desde su muerte y aún no se ha dicho todo sobre Borges. Justamente esa es una de las características del libro clásico, según Ítalo Calvino: “un clásico es un libro que nunca acaba de decir lo que tiene que decir” (In: Por qué leer los Clásicos – intr.). Acaba de ser publicado aquí en Brasil, Jorge Schwarz (org.), Companhia das Letras, S. Paulo, un nuevo libro sobre el escritor argentino: BORGES BABILÔNICO – uma enciclopédia”. Se puede decir que el fenómeno Borges es único en la actualidad; ciertamente único en América Latina.

Siendo así, ¿qué les podré ofrecer a los lectores del Blog sobre el escritor y su obra que no hayan ya leído, que no haya sido publicado? Hay algo, sí. El campo en que espero decir algo nuevo, o al menos de forma novedosa es el de las ideas religiosas o teológicas que aparecen con cierta frecuencia en los escritos borgianos. A veces son el tema del escrito, a veces aparecen en forma parentética, como algo de poca o ninguna importancia. Uno de los “borgiólogos” más destacados, Emir Rodríguez Monegal, menciona los problemas teológicos que su biografiado aborda en diversos textos, pero se limita a decir que “la metafísica de Borges descansa en la negativa a todo socorro sobrenatural” (Borges por él mismo, p. 49). En otro pasaje Rodríguez M. aplica a su biografiado una definición de “teólogo” que el mismo Borges elabora: “todo hombre culto es un teólogo, y para serlo no es indispensable la fe” (Ibid., p. 50). Luego, Borges no habría pasado de un teólogo lato sensu. Era de esperarse que la enciclopedia “Borges Babilônico” dedicara entre sus más de mil entradas, por lo menos una al pensamiento teológico o religioso del escritor. Los que nos interesamos por el tema, nos hemos quedado esperando.

El tema “Borges y la religión, Borges y la teología”, o “Borges teólogo laico” será abordado en un segundo escrito. Ahora me propongo hablar de Borges como persona, de su singularidad como escritor ¿latinoamericano? ¿cosmopolita?… Un detalle que interesará a sus lectores y admiradores: ¿por qué no se le otorgó el Premio Nobel de literatura? En caso de que hayan influido factores extra-literarios, ¿es eso legítimo? Quizá el recorrido biográfico que se realice conduzca a alguna crítica del escritor. En principio eso indica que se le considera como ser humano – errare humanum est – con otras palabras: canonizar, sí – nadie negaría a Borges el título de autor canónico; pero divinizar, no.

Borges, ¿escritor latinoamericano?

El escritor se siente, se dice argentino, pero no “latinoamericano”. Para empezar, rechaza la misma palabra: “Latinoamérica es una superstición, y la literatura latinoamericana otra superstición. ¿Cómo va a existir literatura latinoamericana si Latinoamérica no existe?” (Storni, C. 1986: 131). ¿Qué diría el argentino de las naciones europeas, africanas o asiáticas, y de los respectivos continentes? ¿Los declararía también inexistentes? Los escritores de esta, que continuaremos llamando “América Latina” y que los españoles gustan más de llamar “Hispanoamérica”, contemporáneos de Borges se caracterizaron por introducir en sus obras elementos propios de “Esta América” que aún tenía mucho que revelar. Surgió así “el realismo mágico latinoamericano. Los principales representantes de esta tendencia son Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias. Refiriéndose concretamente a Haití, Carpentier decía encontrar a cada paso “lo real maravilloso”, que no era privilegio solo de Haití, sino de toda América Latina. Según J. Franco (1997: 301) lo real maravilloso es más bien una convicción de un número de escritores de que la realidad latinoamericana es muy distinta de la europea. Al urbanismo y a los movimientos obreros de allá corresponde el ruralismo y el caciquismo de los latifundistas de aquí.

Ante la explotación de los campesinos y abusos de las compañías extranjeras con la complicidad de los gobiernos nacionales, el escritor, o se refugiaba en su torre de marfil, o se adhería a las clases explotadas. O el arte por el arte o la literatura comprometida. La historia de la literatura latinoamericana incluye escritores tanto de una como de la otra tendencia. A los que se sentían inspirados para hacer de la pluma un instrumento de ataque en pro de las víctimas de las dictaduras o pseudo-democracias del Continente durante la segunda mitad del s. XX, Monterroso les advertía que debían estar preparados para una de estas tres posibilidades: “el destierro, el encierro o el entierro” (1972: 149). El escritor guatemalteco se considera afortunado por haber sufrido la primera y no una de las otras dos posibilidades. Myrna Mack, guatemalteca como él, no tuvo la misma suerte. Cuando un antropólogo estadunidense se quejaba de que en su tierra las universidades presionaban a los profesores, aplicando el si no publicas, pereces (public or perish), alguien del público le informó: “aquí ocurre lo contrario: pereces si publicas”. Myrna Mack investigó las masacres hechas por los militares en la sierra, entrevistó los sobrevivientes y publicó los resultados. Consecuencia: la mataron a puñaladas por orden del gobierno (Galeano 2012: 138).

En cambio, los que se mantienen “neutrales” u obsequiosos con las autoridades, serán compensados generosamente. Tampoco faltaron los que, después de militar en el bando de los contestadores, pasaron al de la Junta o Dictador en turno, haciéndose acreedores a los “galardones” correspondientes.

¿Cuál es la opinión de Borges con respecto a los problemas socio-económicos de su tiempo? ¿Cuál es su actitud? Como era de esperarse, sufrió severas críticas de algunos escritores jóvenes de su tiempo, escritores a quienes Rodríguez M. llama “parricidas” (Narradores de esta América, vol. I, p. 189). Rodríguez M. se concentra en los escritos de Borges, por consiguiente, tiene sólo elogios para el escritor. Dedica a los mismos un espacio considerable de su obra “Narradores de esta América”. Analiza por separado la poesía, el ensayo y la narración, terminando con “El hombre” y “Una literatura”. Naturalmente, no se puede esperar de este “inventor de Borges”, como lo llama el Prof. Walter C. Costa, una crítica de la vida extra-literaria del escritor. Critica, eso sí, a los latinoamericanos y europeos que no comprendieron a Borges. Aquí Rodríguez M. se explaya sobre la producción literaria de su biografiado. Él, junto con Alfonso Reyes, Andrés Bello, Gabriela Mistral, etc., “toma en sus manos el idioma castellano y lo convierte en un instrumento de aterradora eficacia” (o. c., pág. 190).

El panegirista de Borges prosigue, enumerando a los principales autores jóvenes de Latinoamérica y sus obras. Entre ellos están García Márquez y su “Cien años de soledad”, Carlos Fuentes y “La región más transparente”, etc. Y concluye: “Si hubiera que encontrar un común denominador lingüístico a todas estas novelas de tan distinto origen geográfico y estilístico, ese común denominador sería Borges” R. Monegal, o. c., p. 191). ¿Exageración? ¿Invención de un devoto panegirista que pasa de la exaltación a la quasi-divinización? De ningún modo. El mismo García Márquez, paradójicamente, lo confirma: “aprendí a escribir en las obras de Borges, que no me gustan nada” (Palomo 2007: 19). Algo semejante, en forma más directa, afirma Monterroso: “me gustaría pensar que todo lo que he escrito es en homenaje a Borges” (Id, Ibid.).

Premio Nobel, galardón rehusado

Teóricamente ética y estética son disciplinas independientes y como tales pueden abordarse en su estudio. Pero en la práctica son, deben formar un binomio inseparable. Durante mucho tiempo yo me abstuve de leer a Borges debido a su actitud e ideas extremamente conservadoras, avaladas por declaraciones en pro de las dictaduras, principalmente argentina y chilena.

Hay que reconocer, sin embargo, que Borges no fue uno de los que van “a donde el sol más calienta”, a quienes se suele aplicar el término “chaqueteros”. Entre éstos se puede incluir al ahora español, antes peruano Vargas Llosa. Me limito a mencionar un hecho concreto. En su pasado de contestador este escritor participaba en un encuentro promovido por la revista Vuelta, en que participaban escritores latinoamericanos, con Octavio Paz como anfitrión. Es el año 1990, con Carlos Salinas de Gortari como presidente. Cuando le tocó a Vargas Llosa hablar y el contexto lo propició, llamó al sistema político mexicano “la dictadura perfecta”; y explicó detalladamente. Resultado: fue declarado persona non grata e invitado a retirarse del evento y de México. Pues bien, el Vargas Llosa de ahora visita México, gobernado propiamente sin interrupción por la misma “dictadura perfecta” y visita al presidente Peña Nieto. Como el gobierno de México continúa como antes, o aun peor, quien cambió fue el escritor. Eso sí que es tener memoria corta.

A Borges se le pueden achacar otros defectos, pero no el de “chaquetero”. Fue conservador; se puede incluso decir que era de extrema derecha. En primer lugar, detestaba a Perón. Sin embargo, sobre la dictadura declaraba: “Una dictadura no me parece censurable. A simple vista parece que coartar la libertad está mal, pero la libertad se presta a abusos” (Stortini 1986: 63). En consecuencia, veía la democracia como “abuso de la estadística”. Explica: “a menudo otorga el poder a quien no lo merece”. Y concluye irónicamente: “las elecciones deben ser postergadas 300 o 400 años” (Ibid., p. 57).

Sus ideas políticas y sus declaraciones sin pelos en la lengua le granjearon muchas antipatías, en Argentina y en el extranjero. En la universidad de Columbia los estudiantes llegaron a ofenderlo; y él parece haber perdido los estribos (Pascual A. M. 2000: 51). En su visita a Chile en 1976 hizo que muchos de sus admiradores “pasaran del encanto al desencanto cuando lo vieron estrechar la mano de Pinochet” (Teitelboim: 2003: 216). Los homenajes al escritor tuvieron lugar del 15 al 22 de septiembre, justamente cuando se planeaba y se ejecutaba el asesinato de Orlando Letelier y su secretaria, por los agentes de Pinochet, el 21 de septiembre.

El doble asesinato, cometido en la capital de EE. UU., conmovió a Chile y provocó fuerte reacción en el extranjero, pero Borges parece no haberse enterado. De vuelta en Argentina un periodista lo cuestiona sobre su apoyo a Pinochet, siendo el escritor poco versado en política. Responde que lo apoya “porque parece que si ahora Chile está salvándose y salvándonos, le debo gratitud” (Id., Ibid. p. 221). Refiriéndose luego a Argentina, declaró:

“El presidente de la república, general Videla, nos invitó a almorzar a un grupo de escritores, y yo le dije: “He venido a agradecerle personalmente, general, lo que usted ha hecho por la patria, salvándola del oprobio, del caos, de la abyección en que estábamos, de la idiotez…” (Id., Ibid.).

Según dice este mismo periodista, esa declaración fue la última gota… Borges, que figuraba en primer lugar en la lista de los “papabili”, es decir, candidatos para recibir el Premio Nobel de literatura, fue calladamente borrado. Cita luego literalmente a un miembro del jurado del Comité, Arthur Lundkvist: “soy y seré tenaz opositor a la concesión del Premio Nobel de Literatura a Borges por su apoyo a la dictadura de Pinochet, que ha sido usado por la propaganda de la tiranía para intentar una operación cosmética” (Ibid., p. 233).

Privarse de la lectura de Borges a causa de sus ideas políticas sería un desatino. Y ¿leerlo sin tener en cuenta su actitud conservadora?… Llama la atención el hecho de que la mayoría de sus biógrafos se limita al aspecto literario. Algunos llegan al extremo de la apología, tocando la idolatría. Han de pensar que, puestos en una balanza los méritos y deméritos del escritor, el peso de los segundos es nada ante el volumen de los primeros.

Volviendo al binomio ética-estética, el cultivo equilibrado de ambas es la respuesta. En efecto, “una moral sin estética es fea y una estética sin moral resulta perversa” (Teitelboim, o. c., p. 182). El Borges que seduce al lector con textos que lo llevan a tocar, ora un, ora otro abismo, “también lo entristecen al apoyar generales para los cuales la estadística de mil o diez mil desaparecidos no resulta espeluznante” (Id., p. 182).

Termino ahora trayendo a Borges al mundo de los humanos, rescatándolo de las cumbres semi-divinas en que lo colocan sus admiradores y de los abismos en que lo ponen sus detractores. Eso se encuentra en la serie de adjetivos que le aplica otro argentino contemporáneo suyo, el escritor Ernesto Sábato:

 

“A Usted, Borges, ante todo lo veo como un gran poeta. Arbitrario, genial, tierno, relojero, débil, grande, triunfante, arriesgado, temeroso, fracasado, magnífico, infeliz, limitado, infantil, inmortal” (Id., pág. 216).

 

Bibliografía

BORGES, J. L. Obras Completas. 4 vols. EMECE, Barcelonz 1989.

FRANCO, J. Historia de la literatura hispano-americana. Ariel, Barcelona 1987.

GALEANO, E. Los hijos de los días. Siglo XXI, Buenos Aires 2012.

PALOMO, J. LITERATOS. Fondo de Cultura Económico, México 2007.

PASCUAL, A. M. Jorge Luis BORGES. OCEANO, Barcelona 2000.

RODRÍGUEZ MONEGAL, E. Narradores de esta América, 2 vols. Alfadil Ediciones, Venezuela 11992.

______, Borges por él mismo. Monte Avila Editores, Venezuela, s/f.

SCHWARZ, J. (Org.). BORGES BABILÔNICO – uma enciclopédia. Companhia das Letras, São Paulo, 2017.

STORTINI, C. R. El dicionário de Borges. Editorial Sudamericana, s/f.

TEITELBOIM, V. Los dos Borges – Vida, sueños, enigmas. Ediciones Merán España – México, 2003.

MÁS UM CUENTO DE JUAN RULFO

PRESENTACIÓN

En julio el Blog presenta otro cuento de Rulfo: “La noche en que lo dejararon solo”. El relato tiene como trasfondo la revolución cristera. Éste es el más corto y es menos “anticristero” que los otros escritos donde se trata el tema. Hay versiones, tanto de la novela como de los cuentos, en diferentes lenguas. Los lusófonos pueden leer la última traducción, hecha por Eric Nepomuceno en 2005: “A noite em que deixaram ele sozinho”. 

 

MÁS UM CUENTO DE JUAN RULFO

De seguro no faltarán homenajes al escritor jalisciense conmemorando el centenario de su nacimiento. Nos unimos a ese coro con la presentación en el Blog de otro de sus cuentos. Se trata de La noche en que lo dejaron solo.

Rulfo novelista, Rulfo cuentista

Aparentemente el cuento supone menos esfuerzo, menos habilidad literaria que la novela. El novelista suele gozar de mayor prestigio que el cuentista. Se supone que todo novelista es también cuentista, pero no a la inversa. Curiosamente, los entendidos en la materia dicen lo contrario. Faulkner, por ejemplo, confiesa que después de fracasar como poeta y como cuentista, se dedicó a escribir novelas (Palomo, 2007, 78). Borges no oculta su preferencia por el cuento y su menor aprecio –no necesariamente menosprecio – de la novela. Así lo muestra, como lector y como escritor. Afirma textualmente: Desvarío laborioso  y empobrecedor el de componer bastos libros, el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos (Obras, 1989, I, pág. 429).

Otra diferencia es la relativa a su historia. En antigüedad, el cuento es anterior a la novela. La historia del primero se remonta a tiempos pre-bíblicos, mientras que la de la segunda data de pocos siglos. Además de las diferencias apuntadas, el cuento y la novela se distinguen en el alcance, la elección de los personajes  y el manejo del tiempo. La novela describe toda la vida, o un periodo significativo  de la vida de los personajes, sus éxitos, fracasos y hasta su muerte. Todo eso supone una movimentación en el tiempo, cuyo manejo, bien o mal llevado, puede determinar el éxito o el fracaso de la obra. En el cuento, los personajes no necesitan moverse ni en el espacio ni en el tiempo; ni siquiera necesitan envejecer. En lo tocante a su lectura, leer ininterrumpidamente una novela es prácticamente imposible. El cuento, en cambio, a semejanza de la poesía, debe leerse de una vez, de una sentada, so pena de perder todo o parte de su impacto.

Siendo, pues, el cuento y la novela diferentes, es comprensible que haya cuentistas y haya novelistas. No faltan quienes han cultivado ambos géneros, aunque no siempre con idéntico resultado. En América Latina tenemos cuentistas notables, como Mario Benedetti y Horacio Quiroga, que como novelistas no tuvieron el mismo éxito. ¿Qué decir de Juan Rulfo? Podemos afirmar, sin caer en la “rulfolatría” que nuestro escritor fue exitoso tanto en un género como en el otro. Esta afirmación no es a priori, sino después de haber leído y analizado ambas narrativas.

Con base en lo dicho, se puede decir que cada uno de los 17 relatos que integran El llano en llamas es una unidad per se, con sus propios enigmas y sorpresas. Se perciben, no obstante, rasgos comunes: fragmentación, alteración de la secuencia temporal, falta de protagonismo, ausencia de desenlace,  eliminación o “muerte del autor”, en fin, abandono del esquema propio del cuento tradicional. El escrito de Rulfo se reduce a lo mínimo; queda a cargo del lector inferior lo que insinúan los “puntos suspensivos”, interpretar los frecuentes silencios y efectuar la lectura entre-líneas. El crítico brasileño Davi Arrigucci Jr. (1987: 168) observa: “nele (Rulfo) o recato da fala costuma dar voz ao silencio tornando comum o discurso sem resposta”.

La noche en que lo dejaron solo.

Éste es el cuento más corto de todos y uno de los pocos que tiene un  desenlace venturoso, al menos en parte. El fondo histórico es la Cristiada. Leer o releer aquí mismo el texto anterior que trató justamente ese tema, ayudará a la comprensión del que se presenta ahora. Teniendo en cuenta el contexto histórico, puede plantearse la cuestión suscitada por los estudiosos de la literatura: ¿hasta dónde es permitido mezclar hechos históricos con los puramente ficcionales en el texto literario? El extremo opuesto sería ocuparse de temas puramente fantásticos, sin ninguna relación con el mundo. Rulfo enfrentó un problema semejante cuando lectores ingenuos, nacionales y hasta extranjeros, iban a la región en que se ambientan los cuentos y la novela. Algunos llegaban a preguntar hasta por los personajes o sus parientes. Los mismos habitantes de la región acababan diciendo que su vecino o pariente Juan era un mentiroso: hablaba de cosas y nombraba personas que no habían existido. Rulfo no los contradecía. Pasó incluso a formular un principio: “la literatura es una mentira. Pero mentira que dice la verdad”.

El escritor italiano Umberco Eco trata el tema en su libro-ensayo “Seis passeios pelos bosques da ficção” (versión portuguesa). Cuenta que ha habido personas que han ido a Inglaterra y buscan la casa de Sherlok Holmes en Baker Street. Algo semejante dice que ha ocurrido con lectores de sus novelas. Una de sus conclusiones (Eco, 1997: 91) es la de que los mundos ficcionales son “pequeños mundos que delimitan la mayor parte de nuestro mundo real y que permiten que nos concentremos en un mundo finito, cerrado y muy parecido al nuestro, pero ontológicamente más pobre”. Pues bien, en “La noche en que lo dejaron solo” Rulfo nos introduce en el microcosmo de la Revolución Cristera, en un pequeña porción del mismo. El núcleo de la narración es simple: tres cristeros, cargados de armas caminan apresuradamente; tienen que llegar a un determinado cruce antes que el ejército. Es una cuestión de vida o muerte. La atención se dirige a uno de los tres: muy joven, quizá adolecente. Es Feliciano Ruelas. Él no puede seguir a los adultos; se va quedando rezagado. Al fin, cansado de caminar día y noche, decide descansar. No se sabe cuánto tiempo, el caso es que acabó separándose de los compañeros.

Irónicamente, los adultos que hicieron todo lo que se esperaba, acabaron cayendo en manos de los soldados. El jovencillo que se dejó vencer por el sueño y después emprendió el camino, se salvó. Para eso, tuvo que dejar los fusiles y “deshacerse de las carrilleras” – detalles muy significativos. Las pocas frases que intercambian los soldados se refieren al cristero que falta; sabían que eran tres. “El que falta es un muchachito; muchachito y todo fue el que le tendió una emboscada a mi teniente Parra y le acabó su gente”. Como el tercero tarda en aparecer, uno de los soldados sugiere: “acabalamos con el primero que pase y así se cumplirán las órdenes”. Alusión a las ejecuciones arbitrarias. La muerte de los dos, ahorcados, muestra claramente que no se hacían prisioneros. En este rubro los cristeros no eran mucho mejores.

Vale la pena recordar la poca simpatía de Rulfo hacia la revolución cristera. Las alusiones que a ella se hacen en Pedro Páramo son negativas. La crítica más fuerte y no muy sutil contra la religión, incluyendo la misma cristiada, es la que se encuentra en el cuento Anacleto Morones. Sin embargo, en sus escritos literarios el escritor no es tan explícito como en las entrevistas y algunos de sus escritos ensayísticos. Como posible explicación de la ojeriza del escritor hacia el levantamiento cristero es que un tío suyo era militar, con el rango de capitán y Rulfo le debía algunos favores. ¿Que esto va en menoscabo del escritor? No necesariamente. Eso nada más prueba que él era un ser humano; eso no disminuye su estatura como escritor. Digámoslo más una vez: “rulfología”, sí.  “rulfolatría”, no. Con otras palabras: canonizar, sí; divinizar, no.

 

Conclusión.

Este cuento de Rulfo trae a las mientes un cuento oriental, “El gesto de la muerte”, que Borges y Bioy Casares reproducen en una compilación de “Cuentos breves y extraordinarios”. El gesto de la muerte consiste en avisar a uno de los servidores del príncipe que su fin se acerca. El aludido pide y obtiene ayuda del amo para escapar a toda velocidad. ¿A dónde? Justamente a donde la muerte quería encontrarlo. En el cuento “Talpa”, Tanilo Santos murió “porque ya le tocaba”, dicho frecuente en México cuando se trata el tema. Lo mismo puede decirse de los dos cristeros muertos a pesar de haber hecho lo posible por escapar. En cambio, a Feliciano Ruelas, “todavía no le tocaba”.

“En el orden de la literatura no hay acto que no sea la coronación de una serie infinita de causas y manantial de una infinita serie de efectos” (Borges 1985, 18). En filosofía se estudian los efectos y sus causas – ley de la causalidad. La literatura se ocupa más bien con la “ley” de la casualidad. ¿Por qué esto y no aquello? ¿Por qué aquí y no allá, hoy y no mañana? Por qué, por qué…? Porque sí…

 

Obras citadas

Arrigucci Jr. D. Enigma e Comentário. Companhia das Letras, São Paulo, 1987.

Borges, Obras Completas, vol. I. EMECÉ, Barcelona, 1996.

______, Otras Inquisiciones. Alianza Editorial, Madrid, 1985.

Borges y Bioy Casares, Cuentos Breves y Extraordinarios. Losada, México 1997.

Eco, Umberto. Seis passeios pelos bosques da ficção. Companhia das Letras, São Paulo, 1997.

PALOMO, LITERARIOS. Fondo de Cultura Económica, México 2007.

Rulfo, Juan. El llano em llamas. Fondo de Cultura Económica, México, 1996.

JUAN RULFO: PIEDRA Y SILENCIO

PRESENTACIÓN

Este mes se ofrece a los lectores la traducción al español de un ensayo sobre Juan Rulfo del Dr. Davi Arrigucci Jr, profesor emérito de la USP. El mismo texto es la mejor recomendación del autor. Además de buen conocedor de la literatura latinoamericana, el Prof. Arrigucci es también traductor. Ha emprendido la traducción de Borges, algunas de cuyas obras ya están en las librerías brasileñas. El Dr. Arrigucci Jr conoció personalmente a Rulfo, a quien recuerda con admiración y afecto.

 

JUAN RULFO: PIEDRA Y SILENCIO

Davi Arrigucci Jr.

Se puede hacer grande literatura con mucho o con poco. A diferencia de Guimarães Rosa, Rulfo, por ejemplo, escogió la pobreza y la brevedad. E hizo un arte lacónica. Su modo de ser puede recordar, entre nuestros escritores que él parece que admiraba bastante, a los artistas del agreste: la prosa descarnada de Graciliano, el verso de corte afilado de João Cabral. Con tal que se junten en la comparación, el efecto paradójico de una poesía de atmósfera, como la que se insinúa a veces en la ficción de Cornelio Penna. En realidad Rulfo siempre combinó la austeridad de la escritura con la densidad de la atmósfera poética, buscando en la condensación el fin opuesto: la expansión del sentido, como quien se calla enigmáticamente.

Como tendencia general, su actitud, apoyada en la experiencia de la aridez, puede recordar aún la antigua matriz barroca del conceptismo hispano: el arte de la agudeza, lograda por la elipsis, por el laconismo, por la drástica poda de la expresión y la extrema concentración mental. Otros rasgos que suelen acompañar la postura conceptista – el impulso hacia la abstracción, la preocupación ética, la melancolía y el desencanto del mundo – están también presentes en esa prosa tensa y concisa de alto poder alusivo y sesgo alegorizante. Es posible que Rulfo endosara, como ideal de su estilo reticente, esta máxima de Baltasar Gracián: “escribo breve por tu mucho entender”.

En él, el recado del habla suele dar voz al silencio, volviendo común el discurso sin respuesta. Por eso actúa como piedra en el lago: expansión imaginativa en olas mudas, sucesivas y concéntricas, alrededor de un mínimo núcleo propulsor. O a la inversa, una vasta materia ficcional, grande mar de la memoria (individual, histórica, arcaica), concentrándose en torno del reducido centro, seco y concreto, del habla. Su lenguaje entonces se resguarda según una ética del despojo y se hace dura, de piedra, a semejanza del paisaje físico y humano que parece imitar de alguna manera. Al mismo tiempo, en su recorte ascético, en su controlada violencia, se puede reconocer la amplitud y la complejidad de un mundo: presencia viva y dramática de los conflictos psicológicos y sociales, centrados sobre todo en las relaciones entre padre e hijo, bajo el peso opresivo o fantasmal del pasado; historia concreta del México con un fondo trágico y enigmático de poesía de los orígenes inmemoriales.

HABLA INTERIOR

En ese mundo, en verdad son los personajes – los campesinos de Jalisco – los que tienen voz. Son ellos quienes narran su propia historia, vista siempre desde dentro. Y narran de forma peculiar, a través de una especie de habla interior que, aunque se presenta como diálogo, tiende a formar propiamente un monólogo. Voz sofocada de seres encerrados en sí mismos, “víctimas” de la Historia, en un tiempo subjetivo, estancado, al margen de toda dinámica exterior, a no ser la terrible violencia de fuera, la inminencia de la catástrofe. El discurso ficcional muestra así un persistente tono meditativo, rumiado en el recuerdo, marcado por la angustia, indeterminado por la abolición de las fronteras entre pasado y presente. El tiempo también se petrifica en el espacio muerto de Luvina, tierra de uvas agrias, o en Comala, poblada de fantasmas. Son espacios fuera del tiempo histórico, pero marcos en ruinas de la Historia. En ellos la realidad sensible parece “irrealizarse”; atravesada por una perspectiva interna, tiene sus contornos aparentes desbaratados, arruinados. Los objetos, arropados por la visión subjetiva, adquieren un aire irreal en la atmósfera ambigua y fantasmagórica. Pero en su medio, siempre hostil, los hombres padecen seriamente en conflictos reales.

Cuando surgió para la literatura en la década de 1950, Rulfo se mostró de cuerpo entero. Había publicado algunos cuentos en la revista Pan, de Guadalajara, que había creado con sus compañeros de generación, entre quienes figuraba otro importante narrador mexicano, Juan José Arreola, famoso por sus narraciones fantásticas, llenas de ironía y espíritu satírico. Pero Rulfo escogería un camino muy diferente al de Arreola, cuya tendencia cosmopolita es nítida. Con los dos únicos libros que publicaría en vida, exactamente en esa época, el creador de Comala se revelaría atado a su tierra de Jalisco, al espacio regional, al que sin embargo daría una dimensión universal del grande arte por la profundización de sugerencias locales. Los cuentos reunidos en El llano en llamas (1953) y la novela Pedro Páramo (1955) inauguraban un mundo ficcional nuevo y altamente complejo en la literatura hispanoamericana.

Pero Rulfo traía también hondas raíces de la tradición literaria mexicana; lo que, si no alcanza a explicarlo, ayuda a comprenderlo. En cierto modo él es aún heredero de la temática y de los problemas de los narradores de la Revolución, del principio del siglo. No obstante, siempre evitó el amplio panel épico, la amplitud de los pintores muralistas, a los que corresponde en la literatura, el realismo analítico de Mariano Azuela o de Martín Luis Guzmán. En realidad abordó de manera íntima y técnicamente innovadora los enormes y viejos problemas de los hombres de su tierra, que habían visto cambiarse las caras del poder sin que se alteraran sustancialmente sus medios de vida y su miseria, volviéndose víctimas del más profundo desaliento en un mundo sin esperanza de vida: “Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta”, según afirma una personaje del cuento “!Diles que no me maten!”. Son hombres como ese los que nos hablan en las historias de ese gran escritor. Sus narraciones amplifican esa voz de los campesinos que rumian con fatalismo la dureza de su destino: en el conjunto, una voz íntima y al mismo tiempo impersonal, de un coro popular y sin nombre en la tierra devastada que es el México de Rulfo.

SILENCIO ENIGMÁTICO

Para penetrar como penetró en profundidad y de forma nueva en la misma materia del realismo tradicional mexicano, al grado de transfigurarla en poderosas imágenes de una realidad más esencial, más allá de toda apariencia, el escritor tuvo que trabajar y aprender también duramente. El silencio que lo caracterizó nos dice algo al respecto.

Antes de los dos libros decisivos, es poco lo que se sabe de él. Después, se calló. En el siglo de Wittgenstein aprendimos a comprender que “lo que no se puede decir, debe callarse”. Aparentemente Rulfo se defendía con un arte de esquivas; en verdad pudo haber topado con lo que no podía decirse. Hasta en los momentos en que se explicó, es aún el silencio lo que realmente significa. Él parece haberse detenido a escudriñar la raíz del silencio de donde brota el habla fantasmal de sus campesinos. Esa intimidad del alma prisionera dentro de sí misma, paralizada por la falta de perspectiva histórica es la que él parece sondear con la forma de monólogo interior que trabajó a fondo, hasta las regiones del enigma donde las pulsiones del deseo se enlazan al tiempo y a la palabra, contra las barreras del mundo.

En su aprendizaje técnico, la experiencia de escritores posteriores a la Revolución Mexicana pero aún anteriores a su generación, habrá sido fundamental. Sin hablar de los llamados contemporáneos (Torres Bodet, Ortiz Montellano), está el grupo de escritores al que pertenecen Agustín Yáñez y Efrén Hernández. Con éste Rulfo habría aprendido, como él mismo dice, el uso de la tijera podadora que lo dejó como árbol en otoño. Pero la figura básica para su formación habrá sido probablemente José Revueltas, que renovó la narrativa mexicana introduciendo el realismo crítico y usando el monólogo interior, aprendido en la lectura de William Faulkner, que sería igualmente decisivo para Rulfo, como lo demostró claramente James Irby algunos años antes.

Armado con la nueva técnica, que él a su vez reelabora en un sentido personal y con grande originalidad, Rulfo trasforma radicalmente la herencia realista recibida de la tradición, en el sentido de una especie de realismo de esencia, que se distancia, por la visión interna y subjetiva, de los datos objetivos de la realidad empírica, para sondear un realismo más hondo, bajo la faz de un mundo fantasmagórico y desolado, donde yerran hombres arrancados de sí mismos y de los demás. Arrastrado hacia la perspectiva íntima y solitaria de seres errantes, el mundo también se desencaja de sí mismo y adquiere ese aire espectral y arruinado donde toda aparente atisbo referencial es menos signo que alusión. Una difícil mezcla de realismo y alegoría parece constituir el fundamento de la forma narrativa de Rulfo. En su mundo en ruinas se cuenta una historia que implica sin duda acontecimientos históricos reales del pasado mexicano, pero al mismo tiempo es una historia congelada, paralizada fuera del tiempo como un paisaje natural soplado continuamente por la figura omnipresente de la muerte. Reino de la muerte en vida, ese mundo de hechos y seres ya idos, que se desmoronan contra la tierra como un montón de piedras, como Pedro Páramo, un ser de piedra hasta en el nombre, que al fin se deshace literalmente en el suelo.

Al desmantelar la estructura tradicional de la trama, con la disolución del tiempo empírico y la anulación del nexo causal entre los hechos narrados, la obra de Rulfo parece meterse a fondo en la búsqueda de la identidad, que parte de sugerencias locales y concretas del contexto regional e histórico mexicano, pero tiende a las formas más abstractas, elementales y arquetípicas de narrativa, aproximándose al mito. Es así como al centro de sus cuentos se encuentra el motivo recurrente, constituido por la relación entre padre e hijo, situación tensa, marcada por el odio, girando en torno al reconocimiento del ser, pero casi siempre desembocando en el parricidio, en una búsqueda frustrada y destructiva del origen.

Asociando la narrativa de Rulfo a los mitos griegos (Ulises, Edipo), como lo hicieron entre otros Julio Ortega y Carlos Fuentes, o al mito del Paraíso perdido, como lo hizo Octavio Paz, la crítica actual ha acentuado la importancia de la estructura arquetípica y del aspecto anti-realista del narrador mexicano. Así también Rodríguez Monegal, que insiste en la visión mítica del novelista: con su narrativa de técnica experimental y cuño simbólico-mítico, Rulfo habría dado el tiro de gracia al realismo. Y al interpretar la obsesión de la paternidad en el autor, retoma el camino de Paz, el del Laberinto de la soledad, considerándola típicamente mexicana y vinculándola a la historia de la violación de la madre indígena por el conquistador español, que siempre según Paz, estaría a la base de la fundación de México. Tal interpretación substituye el mito griego por otro más próximo, latinoamericano, empero, retira la obra del contexto histórico-social concreto al que pertenece, para inscribirla en un espacio que escapa al análisis nacional, transformándola en un pilar de la ideología de la formación nacional mexicana.

Es probable que nunca podamos llegar al fondo del significado de la fábula que se esboza ambiguamente en los textos de Rulfo en cuanto a la búsqueda del padre. Ella siempre empieza de nuevo, en cada nueva lectura, como búsqueda de un sentido que escapó del mundo, explicando el desgarramiento perene de los seres que lo pueblan, sin encontrar la verdadera faz. Ciertamente en las numerosas imágenes arquetípicas que se repiten en esos textos resuenan otras fábulas, muy antiguas o de nuestro tiempo. Pero es en el contexto preciso donde se insertan, como partes de un todo orgánico donde adquieren significación; sin duda un contexto de algún modo representado en esas mismas imágenes fantasmagóricas y tristes, en que podemos vislumbrar, aunque oscuramente, fragmentos de la historia concreta de México y de su pueblo sufrido. El arte de Juan Rulfo alude a una sustancia humana anónima y universal, como la que se revela en los mitos, pero lo hace a través de fantasmas tan irreales como las piedras de Jalisco.

Traductor: R. C.